

Ya que estamos con los camellos les cuento acá otra de las anécdotas del viaje que no recuerdo en realidad donde fue. Si llegaron hasta acá habrán visto en algunas fotos que mi amiga es joven, bonita y con una sonrisa cautivadora, aparte es super simpática y sociable, parece ser que ese combo enamora al instante a los egipcios porque de haber querido hubiera podido hacer estragos en todo Egipto. El cuento viene porque en una oportunidad me ofrecieron 10.000 camellos como trueque por ella. Por supuesto no la iba a dejar por 10.000 camellos, si hubiera ofrecido UN millón de euros quizás lo hubiera pensado un poquito JAJA
Volvimos al crucero para prepararnos para la noche del capitán, con disfraces, en el crucero había una tienda donde se podía comprar algo, pero yo tenía del viaje anterior y Mariela compró en una de las paradas, pero el vendedor de la tienda del crucero insistía en venderle algo a Mariela, supongo que sólo para tener la posibilidad de mirarla porque se notaba que se derretía cuando la veía, le compramos algunos recuerdos al pobre hombre. Fue muy cómico ver la reacción de los egipcios con ella. Yo le decía que si no funcionaba la relación que había empezado hacia poco con un morocho argentino, se fuera a vivir a Egipto que ahí tendría para elegir. Hemos llorado de la risa con ese tema por mucho tiempo.
La noche de disfraces fue un fracaso si la comparo con la del viaje anterior, no había muchos pasajeros y había mucho menos ambiente, pero nosotros nos divertimos igual, los argentinos estamos acostumbrados a tomar con filosofía cualquier cosa, hasta de los errores y horrores del gobierno de turno, como no nos vamos a divertir en un crucero por el Nilo.

Esa fue la última noche del crucero, ya estábamos llegando a El Cairo.

Una vez en ElCairo, nos alojamos nuevamente en el Hotel Mena House y desde ahí hicimos el circuito terrestre tradicional al cual nosotras le agregamos la visita a Alejandría, que yo no conocía, gracias amiga por sugerirlo.