Este viaje a Noruega lo organizamos sobre todo con el propósito de ver auroras boreales, un sueño que teníamos desde hace tiempo. Buscando información en todas partes decían que Tromso es uno de los mejores lugares del mundo para verlas, ya que está muy al norte, por encima del Círculo Polar Ártico y cuenta con buenas infraestructuras. Además, coincidía que esos días habría luna nueva, que suele ser cuando mejor se ven ya que hay menos luminosidad en el cielo. Leyendo las previsiones meteorológicas para esos días vimos que en esas fechas Tromso está en plena noche polar, es decir, que no sale sale el Sol en ningún momento durante varias semanas. Nos temíamos que al llegar a Tromoso íbamos a estar 4 días sin ver el Sol, todo oscuro e iluminados por las farolas constantemente, pero al final no fue para tanto. Es verdad que el Sol no lo vimos pero por la mañana hay unas 3 horas de claridad que te permite ver bien la ciudad y el paisaje que la rodea.
El hotel del Radison estuvo bastante bien, tienes una parte del típico buffet, incluyendo algunos quesos noruegos que ya habíamos probado y una parte de carta donde puedes pedir huevos, tostas de aguacates, wafles, etc. Después de desayunar salimos con la intención de descubrir un poco la ciudad mientras había luz. Cuando salimos el panorama era bastante desolador. Todavía estaba bastante oscuro y no había un alma por la calle, además venían rachas de aire que levantaban polvaredas de nieve que como te pillaran de frente te daban en toda la cara. Al menos no pasamos frío porque íbamos bien abrigados con ropa térmica y botas para la nive, calcetines gordos, etc. Primero nos dirigimos hacia el sur, a la Plaza Roald Amundsen. En la plaza se encuentra una estatua a este famoso explorador noruego que llegó por primera vez al Polo Sur y que también fue el primero en surcar el paso del Noroeste. En la plaza también se encuentra la Tourist Shop Tromso y el Magic Ice Bar. Además suele ser el punto de partida de muchas de las excursiones organizadas que se pueden contratar en Tromso.

Luego subimos por la Kirkegata hasta la Storgata, que es la calle principal de la ciudad, la arteria comercial. Desde aquí se puede ver la catedral protestante más al norte del todo el mundo y también es la única de Noruega fabricada únicamente con madera. Seguimos avanzando hacia el norte ahora por la Storgata, contemplando los históricos edificios de madera que se encuentran a ambos lados. En un cruce a mitad de calle se puede ver un enorme edificio de cristal que desentona con todo el entorno con su formas curvas. Es la biblioteca de Tromso, la más septentrional del mundo. Además de funcionar como biblioteca también es posible alquilar juegos de mesa e incluso tomarse un café.

Avanzamos ahora por la Gronnegata y en pocos pasos llegamos a la plaza del Ayuntamiento. Aquí destaca la Iglesia de Nuestra Señora, de confesión católica. Entramos para ver el austero interior pero estaban preparándose para un servicio religioso (era domingo) y no estuvimos mucho rato dentro. Al otro lado se puede ver el Teatro de Tromso y la estatua a al rey Hakoon y un kiosko de música. Cerca de la iglesia llama la atención un pequeño kiosko amarillo, es el Raketten Bar, quizá el bar más pequeño del mundo, otro récord para Tromso. Por desgracia lo pillamos cerrado y no pudimos probar sus famosos perritos calientes. Desde aquí nos acercamos a la plaza del mercado, Stortorget, donde se encuentra la estatua de Fangstmonument – Arctic Hunter –, en honor a los balleneros que han perdido la vida en el ártico.

De vuelta a la Storgata recorrimos su tramos final, pasando por delante del museo de fotografía Perspektivet y el edificio amarillo del cine más antiguo del norte de Europa. Proyectó su primera película en 1916 y aún sigue en activo. Después seguimos andando recorriendo esta parte de la ciudad hasta llegar al puente Tromsobrua, que une la isla de Tromso (Tromsoya) con la Noruega continental. Cruzar el puente nos costó un poco. Hacía bastante viento y además venía frío, fue el segundo momento que más frío pasé en todo el viaje. Al otro lado nos recibió la famosa Catedral del Ártico, una iglesia moderna que se ha convertido en todo un símbolo para la ciudad de Tromso, aunque no es catedral ni nada. Desde su puerta se tienen buenas vistas y allí ondean las banderas noruega y sami, dejando claro que nos encontramos en territorio de los habitantes originales de estas tierras. Su distintiva figura se inspira en la forma de un iceberg y una casa sami. Al parecer Juan Pablo II durmió aquí en su visita a Tromso en 1989. El interior es bastante sobrio y austero y volvimos a pillar una misa. Pero como cantaban bastante nos quedamos un rato escuchando y de paso reponiendo fuerzas.

Nuestra idea era coger el teleférico de Fjellheisen, donde dicen que hay unas vistas impresionantes de toda la ciudad y donde también hay un restaurante, pero nos encontramos con un grupo de españoles que nos dijeron que ellos venían de allí y que estaba cerrado por mal tiempo.

Nuestro gozo en un pozo, así que dimos media vuelta y nos volvimos hacia el centro, cruzando de nuevo el puente ventoso y frío. Como ya era más o menos "tarde" buscamos un sitio para comer, y vimos un italiano con buena pinta, La Famiglia. No abrían hasta las 2 así que nos fuimos a dar una vuelta y a las 2 estábamos allí listos para comer. La comida estuvo bien, cara, pero bien. Se supone que ese día teníamos la excursión de las auroras pero las habían cancelado por el mal tiempo. En el salón donde comimos tenían dibujadas unas auroras boreales en el techo y estuvimos bromeando con que eso sería lo más cercano que íbamos a estar de ver las famosas luces del norte.
Al cancelarse la excursión no teníamos ningún plan para la tarde y además el tiempo había empeorado, así que nos echamos una siesta, otros fueron a la sauna del hotel y también echamos algunas partidas a juegos de cartas que habíamos llevado, hasta que a la hora de cenar salimos a cenar todos juntos, esta vez a un hindú, el Elefant, en plena Storgata. Con esto Salva y Mary ponían punto y final a su viaje, ya que al día siguiente se volvían a España (aunque con cancelación de vuelo incluida, tuvieron que comprar uno nuevo). Ellos no vieron las auroras esta vez pero al menos lo consiguieron cuando estuvieron unos años antes que nosotros.