20/08/2022
La peor noche sin dudas. Tendríamos que habernos unido a la fiesta, dado que nos había invitado la dueña, pero la cuestión es que hoy a las 8 cogemos el autobús que te adentra en las entrañas de Denali National Park y queríamos estar descansados. Craso error. Entre la fiesta con música que duró hasta las 4, unos vecinos que creo que vieron el amanecer y no paraban de hablar y que estamos al lado de las vías del tren y cuando este pasaba le daba por silbar, hemos dormitado como mucho ni dormir lo llamaría.
A las 6:30 en pie, para medio desayunar y prepararnos para ir para la parada de autobús, que dicen que hay que estar unos 30 minutos antes y nos queda 40 minutos de coche y no sabemos si vamos estar parados por el arreglo de la carretera. Salimos y está lloviendo…el caso es que pasa como ayer, cuando tiramos para el norte el cielo se ve más despejado. Supongo que la cordillera de Denali frena las nubes y hacen que por un lado haya un clima y otro por el otro.
Llegamos sin atascos y con tiempo de sobra. Nos pedimos otro café en la estación y cuando estamos en la cola esperando veo que la mayoría de la gente tiene como unos tickets y nosotros solo vamos con el papel de la reserva. Exacto, tienes que mostrarla en el mostrador para que te den los tickets. Y nosotros naneando. En fin, al final no entramos de los primeros por el error y nos sentamos en la parte trasera. La mitad delantera la han cogido un gran grupo de asiáticos.
Puntual sale el autobús. No sé qué ventaja real tienen los tours guiados, porque nuestro conductor también hablaba bastante. También nos indicó que en cuanto viéramos un animal se lo dijéramos y si estaba por la izquierda o derecha.
Y empieza la aventura. El primer tramo ya lo conocíamos de ayer, las primeras 15 millas asfaltadas que son las únicas accesibles a todos los vehículos. En ellas hicimos la primera parada: la montaña de Denali se ve parcialmente.
Salimos ya a la carretera restringida de grava. Recordad que desgraciadamente este año la carretera está cerrada en la milla 43 a la altura del East Fork Toklat River, dado que ha habido un deslizamiento importante de tierra un poco más allá, en la zona de Polychrome.
El primer ¡¡Stop!! lo indica unas mujeres en el lado derecho del autobús (nosotros estamos en el izquierdo) Un grupito de caribús.
Tras verlos, seguimos, todos los de la parte de atrás atentos a nuestros lados, mirando con prismáticos en determinados momentos. Lo curioso es que los asiáticos no están mirando por las ventanas mientras el autobús avanza, ellos miran para adelante y ya está, y cuando el autobús para, bien porque el conductor o alguno de los de la parte de atrás decimos algo, es cuando miran. En fin.
A lo tonto llegamos a la milla 30, a la parada de Teklanika Rest Stop, para estirar un poquito las piernas y observar el río desde el mirador.
Mis esperanzas bicheras se centran en la zona de Sable Pass, área de grizzlys, porque la verdad es que quitando los caribús del principio y otro par que se veían más lejos, no hemos visto nada.
Llegamos a la zona de Sable Pass, mirando para todos lados y nada. Atravesado el pase comenzamos a descender y en una recta que luego giraba en ángulo de 90º a la izquierda veo en ese tramo en el borde de la carretera algo grande… dios…, ¡¡sí!! Grito: “¡¡¡Wolf!!!” El conductor para, he indico con mi cutre inglés que se ve en el borde del tramo que gira a la izquierda. Despacio y con todo el mundo atentos, nos acercamos y buah, me da igual ya todo, solo con ver a un lobo merece la pena todo el trayecto. Lo bueno es que encima no desciende campo a través, si no que se dirige hacia nosotros y pasa justo al lado nuestro. Tal vez empujado porque otro autobús del parque ha llegado en sentido contrario. Una vez ya nos ha pasado deja la carretera y se pierde. Momento bichero por excelencia. Mi animal preferido es el lobo y aunque sé que hay en Denali, no contaba con ver alguno y más con el tramo más faunístico cortado.



Tras el éxtasis, seguimos descendiendo y en poco tiempo llegamos al final del camino. Son las 10:15. Parada, algunos cogen la bicicleta que el autobús transporta para hacer un tramo. Nosotros en principio teníamos pensado andar por la carretera, pero hace un viento fresquito y, sobre todo, mi mujer se niega a andar habiendo visto el lobo un par de kilómetros antes. La verdad es que me es indiferente, yo sigo flotando.
East Fork Toklat River, donde finaliza el camino este año
Tras un cuarto de hora estirando las piernas, volvemos por donde hemos venido. No llevamos ni 10 minutos y vemos a un par de caribús de buen porte cerca.



Continuamos y de repente, justo pasado la zona de Sable Pass (que abarca desde la milla 37 a 42) el hombre justo detrás nuestra grita: “¡¡Bear!!” Nos lo señala y efectivamente, un pedazo de Grizzly está como pastando entre los arbustos en la ladera a nuestra izquierda. El autobús permanece parado, mientras lo vemos y le hacemos fotos. Y volvemos a tener suerte. El oso decide descender la ladera e ir directo a la carretera para a continuación pasar al lado del autobús y seguir por la carretera dirección Sable Pass. Otro avistamiento de diez.



El resto del trayecto no tuvo mucha historia. Vimos a un grupo de Dall Sheeps en la montaña, super lejos, pero que con los prismáticos se veían claramente por el contraste entre su pelaje blanco y el verde del entorno, volvimos a parar en el área de descanso de Teklanika y justo cuando llegamos a la zona asfaltada, había un follón en la zona de Savage River, donde ayer por la tarde estuvimos de excursión. Por lo visto había un grizzly y los rangers estaban echando a la gente, el sendero se había cerrado.
A las 12 llegamos a la estación de autobuses, más que satisfechos por la experiencia. Por supuesto hay un gran componente de suerte. Sin el lobo y el oso diría que no merecía la pena.
Cogimos el coche y fuimos a la zona de Nenana River Canyon para comprar unas cuantas provisiones y luego decidimos ir a Savage River a ver si vemos el oso del que hablan. Aparcar pudimos aparcar, pero el sendero continuaba cerrado. Miramos con los prismáticos por la zona, pero no vimos nada.
A continuación, paramos en un apartadero con vistas para comer en el coche, y luego volvimos al centro de visitantes para dejar el coche y acercarnos vía el sendero Roadside Trail a la sede de los Rangers que hacen la demostración con los perros.
El sendero ronda los 3 kms, a lo que hay que añadir unos cientos de metros para llegar el lugar de demostración, y a pesar de ir muy próximo a la carretera, esta se ve poquísimo dado el tupido bosque. Mejor de lo pensado y con poquita gente.
La demostración empezaba a las 4 de la tarde, había más gente que en la guerra, no en vano llegan autobuses gratis y puedes ir en coche. Lo que es en sí la demostración nos gustó lo justito. Mucho rollo, del cual no nos enterábamos y pocos perros. De hecho, ni vimos su demostración con ellos tirando. No sé si es que no la hizo o cuando pararon y nos desperdigamos era un descanso y no el final como nosotros asumimos. El caso es que viendo que se estaba nublando, y tras ver los perros en las perreras, nos dirigimos al centro de visitantes vía Rock Creek Trail.


Este sendero tiene unos 4,5 kms y es mucho más interesante. Y solitario. Ni un alma vimos hasta su parte final. Una vez sales de los cuarteles de los rangers coges el camino y empiezas a ascender por una ladera hasta que llegas a un tupido bosque por el que caminas un buen tramo, luego cambia ligeramente el paisaje, de los típicos abetos a chopos, e incluso tienes en determinados puntos unas pequeñas vistas. Algunos árboles tenían señales y no sé si eran de garras de osos, pero por la altura y las marcas tenían pinta.



Ya en el centro de visitantes nos despedimos del parque y volvemos para el alojamiento. Efectivamente las montañas hacen de muro porque en Cantwell nos llovía.
Ya en la habitación, todo hoy más tranquilo, nos duchamos, cenamos, vimos series y nos quedamos fritos pronto.
A las 6:30 en pie, para medio desayunar y prepararnos para ir para la parada de autobús, que dicen que hay que estar unos 30 minutos antes y nos queda 40 minutos de coche y no sabemos si vamos estar parados por el arreglo de la carretera. Salimos y está lloviendo…el caso es que pasa como ayer, cuando tiramos para el norte el cielo se ve más despejado. Supongo que la cordillera de Denali frena las nubes y hacen que por un lado haya un clima y otro por el otro.
Llegamos sin atascos y con tiempo de sobra. Nos pedimos otro café en la estación y cuando estamos en la cola esperando veo que la mayoría de la gente tiene como unos tickets y nosotros solo vamos con el papel de la reserva. Exacto, tienes que mostrarla en el mostrador para que te den los tickets. Y nosotros naneando. En fin, al final no entramos de los primeros por el error y nos sentamos en la parte trasera. La mitad delantera la han cogido un gran grupo de asiáticos.

Puntual sale el autobús. No sé qué ventaja real tienen los tours guiados, porque nuestro conductor también hablaba bastante. También nos indicó que en cuanto viéramos un animal se lo dijéramos y si estaba por la izquierda o derecha.
Y empieza la aventura. El primer tramo ya lo conocíamos de ayer, las primeras 15 millas asfaltadas que son las únicas accesibles a todos los vehículos. En ellas hicimos la primera parada: la montaña de Denali se ve parcialmente.

Salimos ya a la carretera restringida de grava. Recordad que desgraciadamente este año la carretera está cerrada en la milla 43 a la altura del East Fork Toklat River, dado que ha habido un deslizamiento importante de tierra un poco más allá, en la zona de Polychrome.
El primer ¡¡Stop!! lo indica unas mujeres en el lado derecho del autobús (nosotros estamos en el izquierdo) Un grupito de caribús.

Tras verlos, seguimos, todos los de la parte de atrás atentos a nuestros lados, mirando con prismáticos en determinados momentos. Lo curioso es que los asiáticos no están mirando por las ventanas mientras el autobús avanza, ellos miran para adelante y ya está, y cuando el autobús para, bien porque el conductor o alguno de los de la parte de atrás decimos algo, es cuando miran. En fin.
A lo tonto llegamos a la milla 30, a la parada de Teklanika Rest Stop, para estirar un poquito las piernas y observar el río desde el mirador.

Mis esperanzas bicheras se centran en la zona de Sable Pass, área de grizzlys, porque la verdad es que quitando los caribús del principio y otro par que se veían más lejos, no hemos visto nada.
Llegamos a la zona de Sable Pass, mirando para todos lados y nada. Atravesado el pase comenzamos a descender y en una recta que luego giraba en ángulo de 90º a la izquierda veo en ese tramo en el borde de la carretera algo grande… dios…, ¡¡sí!! Grito: “¡¡¡Wolf!!!” El conductor para, he indico con mi cutre inglés que se ve en el borde del tramo que gira a la izquierda. Despacio y con todo el mundo atentos, nos acercamos y buah, me da igual ya todo, solo con ver a un lobo merece la pena todo el trayecto. Lo bueno es que encima no desciende campo a través, si no que se dirige hacia nosotros y pasa justo al lado nuestro. Tal vez empujado porque otro autobús del parque ha llegado en sentido contrario. Una vez ya nos ha pasado deja la carretera y se pierde. Momento bichero por excelencia. Mi animal preferido es el lobo y aunque sé que hay en Denali, no contaba con ver alguno y más con el tramo más faunístico cortado.



Tras el éxtasis, seguimos descendiendo y en poco tiempo llegamos al final del camino. Son las 10:15. Parada, algunos cogen la bicicleta que el autobús transporta para hacer un tramo. Nosotros en principio teníamos pensado andar por la carretera, pero hace un viento fresquito y, sobre todo, mi mujer se niega a andar habiendo visto el lobo un par de kilómetros antes. La verdad es que me es indiferente, yo sigo flotando.

Tras un cuarto de hora estirando las piernas, volvemos por donde hemos venido. No llevamos ni 10 minutos y vemos a un par de caribús de buen porte cerca.



Continuamos y de repente, justo pasado la zona de Sable Pass (que abarca desde la milla 37 a 42) el hombre justo detrás nuestra grita: “¡¡Bear!!” Nos lo señala y efectivamente, un pedazo de Grizzly está como pastando entre los arbustos en la ladera a nuestra izquierda. El autobús permanece parado, mientras lo vemos y le hacemos fotos. Y volvemos a tener suerte. El oso decide descender la ladera e ir directo a la carretera para a continuación pasar al lado del autobús y seguir por la carretera dirección Sable Pass. Otro avistamiento de diez.



El resto del trayecto no tuvo mucha historia. Vimos a un grupo de Dall Sheeps en la montaña, super lejos, pero que con los prismáticos se veían claramente por el contraste entre su pelaje blanco y el verde del entorno, volvimos a parar en el área de descanso de Teklanika y justo cuando llegamos a la zona asfaltada, había un follón en la zona de Savage River, donde ayer por la tarde estuvimos de excursión. Por lo visto había un grizzly y los rangers estaban echando a la gente, el sendero se había cerrado.
A las 12 llegamos a la estación de autobuses, más que satisfechos por la experiencia. Por supuesto hay un gran componente de suerte. Sin el lobo y el oso diría que no merecía la pena.
Cogimos el coche y fuimos a la zona de Nenana River Canyon para comprar unas cuantas provisiones y luego decidimos ir a Savage River a ver si vemos el oso del que hablan. Aparcar pudimos aparcar, pero el sendero continuaba cerrado. Miramos con los prismáticos por la zona, pero no vimos nada.
A continuación, paramos en un apartadero con vistas para comer en el coche, y luego volvimos al centro de visitantes para dejar el coche y acercarnos vía el sendero Roadside Trail a la sede de los Rangers que hacen la demostración con los perros.
El sendero ronda los 3 kms, a lo que hay que añadir unos cientos de metros para llegar el lugar de demostración, y a pesar de ir muy próximo a la carretera, esta se ve poquísimo dado el tupido bosque. Mejor de lo pensado y con poquita gente.

La demostración empezaba a las 4 de la tarde, había más gente que en la guerra, no en vano llegan autobuses gratis y puedes ir en coche. Lo que es en sí la demostración nos gustó lo justito. Mucho rollo, del cual no nos enterábamos y pocos perros. De hecho, ni vimos su demostración con ellos tirando. No sé si es que no la hizo o cuando pararon y nos desperdigamos era un descanso y no el final como nosotros asumimos. El caso es que viendo que se estaba nublando, y tras ver los perros en las perreras, nos dirigimos al centro de visitantes vía Rock Creek Trail.


Este sendero tiene unos 4,5 kms y es mucho más interesante. Y solitario. Ni un alma vimos hasta su parte final. Una vez sales de los cuarteles de los rangers coges el camino y empiezas a ascender por una ladera hasta que llegas a un tupido bosque por el que caminas un buen tramo, luego cambia ligeramente el paisaje, de los típicos abetos a chopos, e incluso tienes en determinados puntos unas pequeñas vistas. Algunos árboles tenían señales y no sé si eran de garras de osos, pero por la altura y las marcas tenían pinta.



Ya en el centro de visitantes nos despedimos del parque y volvemos para el alojamiento. Efectivamente las montañas hacen de muro porque en Cantwell nos llovía.
Ya en la habitación, todo hoy más tranquilo, nos duchamos, cenamos, vimos series y nos quedamos fritos pronto.
