Durante la época inca el templo del Coricancha era el recinto religioso más importante.
En los tiempos de la colonia sobre sus cimientos se construyó la iglesia y convento de Santo Domingo. En la actualidad se puede ver todavía la mezcla de ambas estructuras.
El templo tenía varios adoratorios a los dioses incas, como al sol, revestido de oro, y a la luna, revestido de plata.
Con la victoria española paso a ser propiedad de un hermano Pizarro que lo donó a la orden de los dominicos y los mismos edificaron la iglesia y convento de Santo Domingo
La iglesia de Santo Domingo posee una estructura barroca que utilizó los fuertes muros de piedra del tempo incaico.

Iglesia a tres naves, sillería del coro de madera de cedro, muros adornados con azulejos sevillanos, retablo mayor, cúpula y una colección de pinturas de la llamada escuela cuzqueña, entre las que destacan las de Marcos Zapata dedicadas a la “Vida de San Vicente Ferrer”.


La fachada tiene características platerescas. Torres sencillas con un campanario con arcos separados por columnas salomónicas que representan el apogeo churrigueresco, denominado aquí crespo cusqueño.
La iglesia no se puede visitar. Salvo en horarios de misa. Aunque en la visita del convento se puede subir al coro y desde el mismo se puede echar un vistazo al interior de la iglesia

Convento de Santo Domingo.
La entrada se efectúa por el atrio de la propia iglesia, aunque no comunique con la misma. La entrada a la iglesia es por la puerta lateral que da a la calle Santo Domingo.
Este atrio tiene los techos con pinturas murales y una preciosa puerta mudéjar que es la única que hay en Cusco.
En el mismo se realiza la compra de boletos y se ofrecen guías.

Una señora ya entrada en años nos ofreció sus servicios y hacer grupo con otra chica. Nosotros siempre hemos rechazado los servicios de guía porque nos parece que nos retrasan mucho en las visitas. Pero en esta ocasión nos pareció oportuno porque no teníamos muchos conocimientos del lugar.
Decisión desafortunada. Nos quedamos con la impresión de que mucha idea no tenía. Y a cada instante aprovechaba la ocasión para lanzarnos su soflama a favor de los fantásticos incas y la aversión hacia los desalmados españoles que se llevaron el oro que atesoraba este templo.
Para comenzar, la puerta dijo que era árabe y la tuvimos que corregir.
La puerta comunica con el gran claustro del convento. Dos pisos con arcos de medio punto que rodean un patio en cuyo centro se encuentra una pileta ceremonial prehispánica, tallada en un solo bloque de piedra. Esto lo veríamos más tarde ya que no fue objeto de la visita de la guía.


En los laterales del claustro se exponen cuadros de la serie dedicada a la vida de Santo Domingo de Guzmán de Espinoza de los Monteros, que la guía ni siquiera mencionó.

En el primer lateral entramos a dos recintos en piedra correspondientes a dos templos menores del antiguo templo Qoricancha.
Aquí sí que se explayaba alabando las grandes maravillas que sus adorados incas habían conseguido tallar.

Ciertamente los muros de estos templos están formados por piedras perfectamente talladas y ensambladas sin mortero. Utilizaban la técnica del machihembrado, como bien se muestra en dos piezas expuestas a tal propósito. Paredes con las habituales hornacinas de los templos incas y ventanas trapezoidales que estaban alineadas entre sí.
Estos tempos, en su día, estaban techados con maderas y paja.

Y la guía que no paraba de repetir que todo aquello estaba cubierto de placas de oro que se llevaron los españoles. Y ese era todo su repertorio.
Le dimos puerta y nos dedicamos a recorrerlo por nuestra cuenta.
La conclusión que sacamos es que aquello había sido un gran templo que se componía de cuatro templos que rodeaban como una especie de plaza central, que podría ser el actual claustro. Estos templos eran el Templo del Sol, el Templo de la Luna, el Templo de Venus y las Estrellas y el Templo del Arco Iris.
El Templo del Sol era el que estaba cubierto por placas de oro y el Templo de la Luna de planchas de plata.
Templos que se incorporaron a las distintas dependencias del convento.
Como por ejemplo el Templo de las Estrellas funcionaba como sala capitular con sus paredes encaladas y pintadas con motivos geométricos. El terremoto de 1950 desprendió este encalado y quedaron a la vista los robustos muros incas. En su restauración posterior se dejaron los muros limpios del enlucido, tal cual estaban en origen, a excepción de un trozo de muro para mostrar cómo era la decoración.

En otra sala se muestra unas ilustraciones del cronista del S XVII Guaman Poma de Ayala. Unos calendarios rituales incas, uno con las principales fiestas y otro con el ciclo anual agrícola.
Por el llamado Callejón Sagrado se sale al exterior con unas vistas excelentes del que fuera el Jardín Sagrado del Sol.
Sigue siendo un jardín y sus límites llegan hasta la Avd. del Sol.

Desde este jardín se accede al museo Qoricancha. Que no pudimos ver por estar cerrado. Lo cerraron con motivo de la pandemia y aún no lo habían abierto.
No sería lo único que nos encontramos cerrado por motivos de la pandemia.
También se puede ver lo espectacular del muro exterior que llega a curvarse e inclinarse algo hacia dentro. Al que llamaban Tambor Solar. Una muestra palpable del dominio que los incas tenían de la arquitectura y tallado en piedra.
La mejor vista y foto de todo esto es desde la Avd. del Sol.
Nosotros lo vimos varias veces, pero siempre desde dentro de algún vehículo. Y en la anterior visita fuimos desde la Plaza de Armas.

La visita sigue por la Sacristía, y distintas salas de exposiciones. También al coro desde el que se puede ver algo de la iglesia.
Para ver más restos del muro del Coricancha se puede ir hasta la calle Ahuacpinta, de los mejores conservados. A nosotros se nos pasó.
Pero hay muchos otros ejemplos de restos de muros incas que son bien visibles en los cimientos de edificios actuales.