Machu Picchu se nos había mostrado con todo el esplendor que puede ofrecer en un día despejado y pletórico de sol. Quizá le faltó el misticismo que le da la bruma y la niebla. Pero no lo echamos en falta en absoluto.
Habíamos pensado en un principio bajarnos hasta el pueblo caminando. Veríamos los bonitos paisajes que rodean el sendero, nos llegaríamos al Museo de Sitio Manuel Chávez Ballón, (con objetos de Machu Picchu e información de las excavaciones en el recinto) y su jardín de orquídeas, el Puente Ruinas y, quizá, el mariposario. Todo ello en el mismo camino.
Pero estábamos ya bastante cansados y un autobús para la vuelta al pueblo estaba allí. Ni había que esperar. Y ya teníamos el boleto comprado.
Así que la elección estaba clara.
De tiempo estábamos sobrados pues volvíamos a Ollantaytambo en el último turno del tren. Yo me había encargado de reservarlo así pensando en ver todo lo que ya he mencionado.
Además de una caminata de unos 40 minutos desde el pueblo a la Cascada y jardines Mandor. Se puede ir por el mismo camino que al museo o bien caminando por las vías del tren. Estas cascadas se encuentran en el camino que se realiza desde Santa Teresa como alternativa barata para llegar a Aguas Calientes.
Esta última opción es la que más pena me dio no verla. Pero ya en el pueblo se nos habían quitado las ganas de caminar más.
El pueblo de Aguas Calientes o Machu Picchu pueblo se halla en un profundo cañón. En cierto modo es como una isla. No llega hasta el mismo ninguna carretera y se encuentra rodeado por peñascos, bosques nubosos y dos ríos torrenciales.
Así descrito podría parecer que es un pueblo idílico. Pero nada más lejos de la realidad. Es un pueblo que nació por y para el turismo.
Pero en los últimos años se ha intentado mejorar en algo esta imagen.
Al lado de la estación de trenes se han ordenado todos los puestos de artesanía, con gran variedad de artículos y recuerdos.
Delante de la estación y junto al río se encuentra la Alameda de los Artesanos en la que se han ido levantando estatuas de los distintos gobernantes incas. Con descripción del personaje que representa y un poco de su historia. Con sólo leer alguna de ellas se cae el mito de que el español malo conquistó al inca bueno.
El pueblo se encuentra cuesta arriba, siguiendo el arroyo torrencial que baja de la montaña. Este arroyo también recibe el nombre de Aguas Calientes.
Al bajar el agua en pendiente en algunos tramos forma pequeños saltos o cascadas que son vistosas.


Pero hay otra cascada situada encima de los baños termales, rodeada por bonita vegetación. O eso tenía yo anotado. A unos 20 minutos caminando.
Estos baños termales son las fuentes naturales que dan nombre al pueblo. Se encuentran en la parte de arriba del mismo y el uso de las termas se encuentra regulado y se cobra una entrada.
Nosotros no teníamos intención de ir a las termas pues es un tema que no nos atrae. Tampoco teníamos bañador y demás componenda. Aunque antes de llegar a las termas hay tiendas que venden todo lo necesario. Incluso lo alquilan.
Había una cola para comprar la entrada a las termas que iban a abrir en breve. Como nosotros no íbamos a entrar en las termas pues seguimos adelante y nos pasamos la cola.
Nos abuchearon creyendo que nos colábamos. Indicamos que vamos a visitar la cascada. Tiene un precio visitar la cascada. No hay problema, lo pagamos. Peeero, hay que guardar la cola de las termas porque no hay personal que cobre la entrada de visita solo a la cascada.
Nos pareció un contrasentido tanta burocracia para ir a ver una simple cascada y dar un paseo por la orilla del río. Nos cabreamos y nos dimos la vuelta. No era por pagar el importe, que no sería mucho, me imagino.
En esta parte del río hay algunas esculturas que forman parte de una serie del conocido como “Circuito de la Cronología en Piedra”. Son 37 esculturas labradas en piedra de granito que representan temas andinos. El verlas no cuesta dinero. Además, se encuentran en plena calle, repartidas por el pueblo, en el pequeño parque Wiñay Wayna….
Las esculturas de piedra fueron creadas por artistas cusqueños como parte de un concurso en 2017 que conmemoraba el aniversario del pueblo. Como una maqueta de Machu Picchu, la Pachamama, monumento a la madre….


En la plaza de Armas del pueblo se encuentra la pequeña iglesia del pueblo dedicada a la Virgen del Carmen y en ella se alza una estatua de Manco Capac. Al fondo las montañas que rodean al pueblo. Podría ser una estampa bonita. Pero la plaza se encuentra cubierta por casi todos lados de anuncios publicitarios políticos. Las elecciones municipales se habían celebrado el día uno de octubre y aún no los habían retirado. Y lo que tardaran en retirarlos….

Fue una generalidad de este viaje. Por casi todas las carreteras por las que circulamos, por las calles de los pueblos y ciudades, caras sonrientes pedían el voto a los ciudadanos.
Aquella noche caímos rendidos en unas confortables camas del Albergue. Como ya dije, en el mismo andén de la estación de tren de Ollanta.
Es una casona antigua. Las habitaciones tienen regusto de antaño, al igual que los muebles. Pero con toques actuales que las hacen confortables.
Al día siguiente nos dimos una vuelta por sus instalaciones. Una gran huerta en el que cultivan muchos de los productos que utilizan en sus cocinas. Una destilería propia de licores de caña de azúcar. Una tostadora de café.
Y nos tomamos el mejor desayuno de todo el viaje.

Para marcharnos de Ollanta tenía que venir desde Cusco el mismo taxista que dos días antes nos había llevado hasta aquí.
Mientras llegaba, sobre las diez de la mañana, me fui sola al pueblo de nuevo y me recorrí toda la fortaleza de Ollantaytambo. Esta vez casi para mí sola. Tan solo me crucé con un par de personas más.
