Despierto en la habitación del terror en la que, hay que reconocer, he dormido bien. La idea es ir a la zona donde salen una especie de tuktuks grandes que llaman "Vikrans", por la marca del coche. Ayer, preguntando, vi que vale poco más de 1 euro el trayecto a Rishikesh, eso sí uno va enlatado porque se meten hasta 8 personas.
Nada más salir a la calle principal un taxi me ha abordado, yo le he dicho "Vikrans" y él me ha dicho que por 8 euros me lleva. Vale que el Vikrans es un euro pero la incomodidad es grande y 8 euros no me hace más pobre así que en coche normal y corriente a Rishikesh.
He llegado a Rishikesh a las 7. De momento se ve poca gente por la calle y lo que más llama la atención es que todo está lleno de carteles y comercios de yoga, cosas adyurvédicas, astrología, Reiki, terapia de imanes, lectura de manos, yoga en todas sus versiones... Esto es como el infierno para un escéptico y yo reconozco que lo soy. Rechazo todo tipo de pseudoterapias y pseudociencias por lo que si estás leyendo esto siendo afín a ellas probablemente mi impresión sobre Rishikesh no la compartas. Espero al menos no ofender a nadie.
Rishikesh es famoso por ser la cuna del yoga y un importante centro de espiritualidad en la India. Es conocido como el "Valle del Yoga" y atrae a miles de personas de todo el mundo cada año que vienen a estudiar y practicar yoga y meditación. Rishikesh es el lugar donde se encuentra el ashram de Parmarth Niketan, uno de los ashrams más grandes y famosos de la India, donde se imparten clases y talleres de yoga, meditación y filosofía védica. Ya los Beatles vinieron aquí e hicieron un retiro en donde compusieron uno de sus discos. Hasta Marsha Linehan, de la terapia dialecto conductual, parece ser que tenía de costumbre hacer retiros aquí.
Mi impresión es que la gente que atrae Rishikesh es sobre todo occidentales, es el único sitio de la India en el que he visto un número de turistas occidentales grande. Muchos más que en el Taj Mahal o en Delhi.
Las calles están prácticamente vacías mientras subo al alojamiento. Al llegar veo que el chaval de recepción duerme en un sofá, así que mareo media hora más por el pueblo. A las 8 y media por fin el chaval está despierto. Me da ya mi habitación y me dice que en una hora pasan a recogerme para hacer el rafting. Aprovecho para desayunar algo mientras veo como, en el edificio de enfrente, hacen yoga 20 europeos.
A la hora pasan a recogerme para hacer el rafting. El rafting es muy popular aquí y cuesta 7 euros. Voy con dos parejas indias y nos llevan en todo terreno hasta el inicio, una especie de cañón en la que varias barcas empiezan a prepararse también.
La experiencia ha estado bien, recomendable. Tampoco es que haya sido de un dificultad tremenda, salvo dos zonas de rápidos que han está muy chulos, el resto ha sido ir casi en remanso dejándose llevar. Nos hemos podido tirar al agua y el entorno acompañaba. El Ganges aquí va relativamente limpio, aunque algo de olor desprende. El paisaje está bonito. Entrando a Rishikesh el río va encajonado entre templos pasando bajo dos puentes enormes brindando sin duda las mejores imágenes. Tres horas después llegamos al final y me dejan en el alojamiento. Aunque el Ganges pareciera limpio yo me he pegado mi duchita y tranquilamente me he ido a comer a un restaurante cercano con buena puntuación unos espaguetis.

El resto de la tarde la he pasado recorriendo Rishikesh y parando a tomar algo de vez en cuando. Muy resumidamente, Rishikesh no me ha gustado NADA. Es lo menos India de todo lo que he visto. Es lo más parecido a un pueblo turístico jipi europeo. Si es que parece que estemos en la cala de San pedro de Almería, super parecido.

Todos los puestos enfocados en vender incienso, piedras mágicas y cuencos tibetanos a precios desorbitados. Los gurús indios en moto por en medio de calles estrechísimas. Es curioso como los maestros de yoga en cuanto se suben a la moto se les olvida el fluir y la armonía, se ponen a tocar el pito y como no te apartes te llevan por delante.
He terminado con 20 panfletos de clases gratis de yoga, reiki, sanación con sonidos tántricos, cursos de astrología, horoscopos, imanes, lectura de manos... es que no se han dejado ni una pseudoterapia sin tocar. Al menos he visto el atardecer en el bar de los Beatles, pagando 10 veces más por todo. El atardecer ha estado bonito.

Entiendo que venir aquí sin compartir la espiritual que se vende es la cronica de una muerte anunciada. Lo que está claro es que si una persona le atrae este mundillo aqui tiene su Port Aventura. Por mi parte viniendo de Haridwar que lo vi muy India, con un choque cultural brutal, Rishikesh ha sido un bajón.
Mañana me toca conseguir llegar al pueblo desde donde se inicia el trekking que me ha motivado llegar hasta yogalandia. Veremos a ver el periplo de los autobuses indios, echo el día.