A las 10:00 estábamos en Cartagena de Indias. Lo bueno de Cartagena es que el aeropuerto está al lado de la ciudad y los taxis están increíblemente bien organizados y baratos.
Nos hemos bajado en el parque del Centenario a las 10:30 del mediodía en el barrio de Getsemaní. Un calor increíble, parece Murcia en agosto. Íbamos con las mochilas y, para hacer tiempo, nos hemos metido en una cafetería chic que nos ha clavado 20€ por dos croasanes con agua panela, la primera en la frente. Hemos ido al alojamiento a dejar las mochilas y cambiarnos, porque hasta las 15:00 no nos dan la habitación.
El alojamiento lo tenemos en el mismo barrio de Getsemaní. Es un barrio lleno de casas bajas, paredes de colores, grafitis, decoración instagrameable... La tónica de los pueblos bonitos de Colombia. Muy parecido el estilo a Guatapé o Salento, pero mucho más grande y muchísima más gente. Hemos ido a echar una cerveza en un bar frente al típico grafiti de Instagram y hemos pasado un rato viendo cómo la gente hace cola para la foto, poniendo una de las 100 poses estándar de Instagram. "Turismo del Yo".
Paseando por Getsemaní se ve muy bonito, pero con un turismo voraz. Grupos de cruceros, free tours, turistas independientes como nosotros, despedidas de soltero... Junto con los locales intentando hacer negocio con todo lo que pueden y bajo un acoso importante. Cada 10 metros te ofrecen algo; al menos no insisten mucho ante el primer no, pero son tantos que se hace agobiante. Mujeres vestidas de palenqueras pidiéndote una foto, algún mendigo, taxis pitándote, los bares, las tiendas, vendedores ambulantes, todos te ofrecen algo con un "a la orden, pasen". Hay un grupo de buscavidas que son "los raperos", que son los más pesados. Son chavales que van con un altavoz y enganchan a alguien y empiezan a rapearle; como interactúes, te piden hasta el pasaporte. Hay que reconocer que se lo curran, pero son pesadísimos persiguiendo a la gente.
Después de pasear por Getsemaní, hemos ido directamente al parque del Centenario. Yo apenas había leído nada de Cartagena de Indias y lo del parque del Centenario me ha costado procesarlo. En el mapa que llevo de Open Street marcaba un waypoint como "micos", al llegar al parque hemos ido a una zona con gente y, efectivamente, hay monos por todos lados. Lo increíble es que hay titís carablanca y titís manos blancas; los primeros son una especie que está considerada en peligro crítico de extinción. Se pueden ver jugando, molestando a las palomas, a los buitres... Buscando en Internet explicación a lo que estoy viendo, leo que también hay perezosos. En el parque se ven una especie de cuidadores, así que le pregunto a uno de ellos y el hombre me dice que claro que hay perezosos. Hay 70 titís, unas 30 iguanas y 15 perezosos. En un momento se pone de "guía" y nos lleva a ver 4 perezosos, uno de ellos con cría. Nos dice que los 15 perezosos vienen de una pareja que se introdujo allá por el 2008. El hombre me dice que están libres y que se alimentan de los árboles del parque; a los monos se les da fruta, pero el perezoso solo come de los árboles. Dice que cuando rescatan algún mono del tráfico de animales en Cartagena los introducen en ese parque. El hombre dice que están sanos y que el único problema es que los monos a veces matan alguna iguana... La cuestión es que en Internet apenas hay información sobre por qué tienen aquí tanto animal, dos de ellos catalogados en peligro de extinción. Yo creo que esto provoca más problemas aparte de lo de las iguanas; el parque es grande, pero tampoco es enorme. Mientras veíamos los perezosos, un grupo de bailarines se ha puesto a ensayar en un templete que hay en el parque y hemos cambiado el registro. Con la tontería hemos echado un par de horas en el parque.
Del parque nos hemos ido a comer a un restaurante que nos ha recomendado la mujer del hotel. "Vive", un restaurante megalocal en donde las condiciones higiénicas se ven seriamente comprometidas. No deja de ser el estándar de lo que llevo viendo en el viaje en sitios muy locales. Belén, recién llegada, se ha puesto blanca cuando el camarero se ha puesto a romper el hielo picado en el suelo lleno de mierda y acto seguido a hacer cócteles con el hielo. Aun así, el arroz con pollo difícilmente puede sentar mal si la ensalada ni la tocas. Por 10€ hemos comido los dos con inmersión cultural incluida. Después de la comida y con el calor que hacía, hemos ido ya a la habitación a descansar un rato con el aire acondicionado.
A la tarde, nos hemos acercado en Uber a la oficina del transfer a Santa Marta para preguntar por los horarios y, desde allí, nos hemos vuelto andando por la playa de Marbella. Playa mega local sin turistas, formada por minibahías artificiales. Por la playa hemos llegado hasta las murallas que rodean el casco antiguo.
El casco antiguo de Cartagena de Indias contrasta muchísimo con Getsemaní. Es un casco lleno de calles muy bien cuidadas, con arquitectura colonial, tiendas de moda, cafeterías chic, iglesias, teatro, la catedral... Es muy bonito. Llega incluso a recordar a Sevilla cuando te encuentras un carro de caballos por una de las estrechas calles con la torre de la catedral al fondo. Nos hemos encontrado en una de las plazas una feria del dulce. Después de probar un par de dulces, hemos pasado por otro parque donde estaban haciendo bailes tradicionales.
De noche hemos vuelto al alojamiento para dejar las cosas y buscar un sitio decente para cenar. Hemos ido a una especie de restaurante de pokes colombianos que estaba bastante bien, a precio de España. Después de cenar, hemos andado un poco más por las calles y a descansar, que nos hemos pegado una paliza a andar que ni en el monte. Cartagena de Indias muy bonito, probablemente de las más bonitas de sudamérica.