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Hoy, el despertador nos sacó de la cama un poco antes, a las 6h30. Y es que a las 15h00 teníamos que coger el ferry a la isla de Jeju, en la ciudad de Wando, y antes queríamos hacer una visita.
En cuanto nos aseamos y recogimos la habitación, bajamos al coche y nos pusimos en marcha. Ni siquiera desayunamos en la habitación, lo hicimos en ruta (al final eran unos cafés con algo de bollería y un yogur líquido). Comer sentado durante las vacaciones, está sobrevalorado, jejeje
El termómetro del coche marcaba 7 °C y el cielo estaba totalmente despejado, aunque esa especie de calima que nos acompañaba desde el primer día, no acababa de desaparecer.
En cuanto nos aseamos y recogimos la habitación, bajamos al coche y nos pusimos en marcha. Ni siquiera desayunamos en la habitación, lo hicimos en ruta (al final eran unos cafés con algo de bollería y un yogur líquido). Comer sentado durante las vacaciones, está sobrevalorado, jejeje
El termómetro del coche marcaba 7 °C y el cielo estaba totalmente despejado, aunque esa especie de calima que nos acompañaba desde el primer día, no acababa de desaparecer.

A la altura de Bitgaram-dong, dejamos la autopista 1 y nos desviamos para coger otras carreteras más secundarias para llegar a nuestro primer destino del día. Una cosa que nos resultó curioso (porque no lo habíamos visto nunca en mitad de una ciudad) fue ver a pie de carretera un campo de entrenamiento de golf de Naju Buyeong.

Sobre las 8h15 hicimos una parada técnica y aprovechamos para echar gasolina. Nos atendió una señora muy maja que, además de ayudarnos a repostar, nos regaló una caja de tisús. El precio del repostaje: 26,051 lt x 1.689 krw (1,10 €) / litro = 44.000 krw (28,75 €).
Aunque ya habíamos visto alguno en los bordes de la autopista, no fue hasta llegar a Naju donde pudimos ver tumbas de cerca. Ya sabemos que tumbas hay en todos los países (o casi todos, no lo sabemos), pero si es verdad que cada país las tiene en un lugar diferente. Por ejemplo en España (por lo menos donde nosotros vivimos, los cementerios están apartados, con muros altos como para esconder lo que hay dentro. Sin embago, en Irlanda o Escocia, los cementerios están a pie de calle y sin ningún tipo de pared. Como dice una frase que escuché hace tiempo y me hace mucha gracia: “Los muros de los cementerios no tienen sentido. Los que están fuera, no quieren entrar y los que están dentro, no pueden salir”.
Tras investigar un poco por internet, encontramos que lo de las tumbas a la vista en Corea del Sur tiene mucho que ver con la tradición confuciana y la relación tan especial que los coreanos tienen con sus ancestros. Especialmente en zonas rurales o montañosas, es común encontrar tumbas familiares en laderas o cerca de caminos. Estas tumbas suelen ser túmulos cubiertos de hierba, con una piedra conmemorativa al frente. La razón principal es que, según la tradición, el lugar donde se entierra a un antepasado influye en la suerte y prosperidad de sus descendientes.
Aunque ya habíamos visto alguno en los bordes de la autopista, no fue hasta llegar a Naju donde pudimos ver tumbas de cerca. Ya sabemos que tumbas hay en todos los países (o casi todos, no lo sabemos), pero si es verdad que cada país las tiene en un lugar diferente. Por ejemplo en España (por lo menos donde nosotros vivimos, los cementerios están apartados, con muros altos como para esconder lo que hay dentro. Sin embago, en Irlanda o Escocia, los cementerios están a pie de calle y sin ningún tipo de pared. Como dice una frase que escuché hace tiempo y me hace mucha gracia: “Los muros de los cementerios no tienen sentido. Los que están fuera, no quieren entrar y los que están dentro, no pueden salir”.
Tras investigar un poco por internet, encontramos que lo de las tumbas a la vista en Corea del Sur tiene mucho que ver con la tradición confuciana y la relación tan especial que los coreanos tienen con sus ancestros. Especialmente en zonas rurales o montañosas, es común encontrar tumbas familiares en laderas o cerca de caminos. Estas tumbas suelen ser túmulos cubiertos de hierba, con una piedra conmemorativa al frente. La razón principal es que, según la tradición, el lugar donde se entierra a un antepasado influye en la suerte y prosperidad de sus descendientes.

A las 9h00 en punto, como un reloj, llegamos al templo de Unjusa, la montaña que guarda mil Budas
El templo de Unjusa está escondido en un valle, entre montañas bajas, a unos 100 mt sobre el nivel del mar. Lo más impresionante es que por todo el recinto hay repartidas más de 100 estatuas de Buda y 21 pagodas de piedra. Y es por eso que se le conoce como el "templo de los mil Budas y las mil pagodas", y no es solo una expresión poética: antiguos escritos coreanos ya hablaban de un sitio con incontables esculturas de piedra, incluso mencionan una sala donde dos Budas están sentados espalda contra espalda.
Aunque el origen exacto del templo es un enigma, los expertos del Museo de la Universidad Nacional de Chonnam, que excavaron el lugar entre 1984 y 1989, creen que fue construido entre finales del siglo X y principios del XI, en los primeros años de la dinastía Goryeo. Su época dorada fue en el siglo XII, pero fue arrasado por un incendio durante la invasión japonesa en 1597 y desapareció durante siglos. En el siglo XX comenzó a renacer poco a poco, hasta recuperar la silueta que tiene hoy.
El templo de Unjusa está escondido en un valle, entre montañas bajas, a unos 100 mt sobre el nivel del mar. Lo más impresionante es que por todo el recinto hay repartidas más de 100 estatuas de Buda y 21 pagodas de piedra. Y es por eso que se le conoce como el "templo de los mil Budas y las mil pagodas", y no es solo una expresión poética: antiguos escritos coreanos ya hablaban de un sitio con incontables esculturas de piedra, incluso mencionan una sala donde dos Budas están sentados espalda contra espalda.
Aunque el origen exacto del templo es un enigma, los expertos del Museo de la Universidad Nacional de Chonnam, que excavaron el lugar entre 1984 y 1989, creen que fue construido entre finales del siglo X y principios del XI, en los primeros años de la dinastía Goryeo. Su época dorada fue en el siglo XII, pero fue arrasado por un incendio durante la invasión japonesa en 1597 y desapareció durante siglos. En el siglo XX comenzó a renacer poco a poco, hasta recuperar la silueta que tiene hoy.



Como llegamos casi los primeros, sólo había un grupo de estudiantes, pudimos disfrutar de todo el recorrido con total tranquilidad. La verdad es que así da gusto, jejeje
Para que os hagáis una idea de lo que se puede ver, os ponemos un resumen de las “decenas” de fotos que sacamos durante nuestra visita.
Para que os hagáis una idea de lo que se puede ver, os ponemos un resumen de las “decenas” de fotos que sacamos durante nuestra visita.






Y mientras recorríamos los diferentes del complejo, tuvimos la suerte de encontrar un monje budista en mitad de su ritual de rezos. Aunque sacamos fotos, lo hicimos con el debido respeto.

En otro de los rincones del templo, pudimos ver la “oficina de recaudación”, jejeje
Según hemos podido saber, el hecho de dejar dinero encima de estatuas de tortugas de piedra, que representan longevidad, sabiduría y estabilidad, los visitantes expresan deseos de una vida larga, salud o buena fortuna.
Según hemos podido saber, el hecho de dejar dinero encima de estatuas de tortugas de piedra, que representan longevidad, sabiduría y estabilidad, los visitantes expresan deseos de una vida larga, salud o buena fortuna.

Aunque íbamos bien de tiempo, no quisimos entretenernos más y fuimos a ver lo que, para muchos, es la auténtica joya del templo. Las esculturas de dos Budas de roca tumbados.
Una de ellas mide 12,7 metros de largo y está representada con las piernas cruzadas, lo que sugiere una postura de descanso o meditación profunda. La otra, aunque más corta (unos 10,26 metros), no tiene piernas visibles, y algunos expertos creen que en realidad representa a un Buda de pie, pero que por alguna razón fue esculpido en posición horizontal.
Lo que hace que sean más curiosos no es su tamaño, sino porque los Budas reclinados no son tan comunes en el arte budista coreano como en otras regiones de Asia, como Tailandia o Myanmar.
Además, estas esculturas están rodeadas de misterio. Algunos creen que podrían haber sido parte de un proyecto monumental que nunca se terminó, o que formaban parte de una narrativa simbólica más amplia relacionada con la iluminación o el tránsito hacia el nirvana.
Para llegar a las esculturas, hay que subir a la parte más elevada del complejo a través de unas escaleras de piedra, pero tranquilos que se lleva bien y de verdad que merece la pena el esfuerzo.
Una de ellas mide 12,7 metros de largo y está representada con las piernas cruzadas, lo que sugiere una postura de descanso o meditación profunda. La otra, aunque más corta (unos 10,26 metros), no tiene piernas visibles, y algunos expertos creen que en realidad representa a un Buda de pie, pero que por alguna razón fue esculpido en posición horizontal.
Lo que hace que sean más curiosos no es su tamaño, sino porque los Budas reclinados no son tan comunes en el arte budista coreano como en otras regiones de Asia, como Tailandia o Myanmar.
Además, estas esculturas están rodeadas de misterio. Algunos creen que podrían haber sido parte de un proyecto monumental que nunca se terminó, o que formaban parte de una narrativa simbólica más amplia relacionada con la iluminación o el tránsito hacia el nirvana.
Para llegar a las esculturas, hay que subir a la parte más elevada del complejo a través de unas escaleras de piedra, pero tranquilos que se lleva bien y de verdad que merece la pena el esfuerzo.


Después de pasar por la tienda del templo (actividad irrenuncialble, jejeje) dimos por finalizada la visita y nos fuimos hacia el coche, aunque antes pudimos ver una fila de estatuas que se supone son monjes budistas en posición de oración o meditación. El hecho de estar en fila puede evocar una procesión ritual o el camino hacia la iluminación… cosas de las religiones.
Lo más interesante es que este tipo de figuras no se encuentra en otros templos coreanos con la misma abundancia.
Lo más interesante es que este tipo de figuras no se encuentra en otros templos coreanos con la misma abundancia.

En el aparcamiento había un pequeño puesto de comida y aprovechamos para almorzar. Lo regentaba un matrimonio mayor supermajo. Aunque no sabían inglés, con gestos mantuvimos una especie de conversación. Comimos 2 salchicas rebozadas y unos refrescos. Todo po 10.000 krw (6.55 €). Por cierto, cuando nos íbamos a despedir, nos invitaron a una tercera salchica. 감사합니다 (gam-sa-ham-ni-da).

Aunque el ferry zarpaba a las 15h, al reservar nos dijeron que, por favor, estuviésemos 1h antes por lo menos para que el embarque de los coche fuera ágil. Como no nos gusta que nadie espere por nosotros, hicimos el viaje de un tirón y llegamos a la terminal poco después de las 13h. Durante el camino pudimos comprobar que en todos los paises hay gente que tiene más prisa que los demás y que no se lo piensan dos veces a la hora de adelantar a otro coche, aunque sea en línea continua. Por cierto, aprovechamos para contaros que, en todos los puentes y túneles por los que pasamos, había línea continua y una señal de prohibido adelantar. La foto de la derecha corresponde al puente Jangbogo, que une Sangjeong-ri y Songgok-ri.

Mientras esperamos para embarcar, vamos a aprovechar para contaros cómo fue la historia para reservar los billetes del ferry. Lo hicimos a través de la página oficial de la naviera que hace el trayecto hasta Jeju, Hanil Express. El problema era que para completar la reserva, si o si había que la marca, modelo y matrícula del coche. Después de darle muchas vueltas y cuando ya nos íbamos a dar por vencido, se nos ocurrió mandar un correo electrónico a una dirección que aparecía en la página, aunque no teníamos muchas esperanzas porque era la típica dirección webmaster@xxxxxx.com que suele ser el contacto de quien mantiene la web.
Les explicamos que al ser un coche de alquiler, no podíamos saber el modelo exacto del coche y mucho menos la matrícula. Sorprendentemente, al día siguiente nos contestaron y nos dijeron que no había problema. Sólo les teníamos que decir el modelo aproximado que habíamos alquilado. Eso era fácil. Un Hyundai Sonata o similar. Con eso les sirvió.
Les dijimos qué tipo de billete queríamos (ahora os explicamos porqué) y los días en los que haríamos el viaje y nos confirmaron que la reserva estaba realizada. Un 10 para el servicio de atención al cliente!!
Si no hubieramos conseguido solucionar el tema del ferry habríamos tenido que cambiar completamente el itinerario ya que habríamos tenido que ir a Jeju en avión o no haber ido.
Los billetes de ida y vuelta para 2 personas + el coche nos salió por 453.840 krw (296,81 €)
Les explicamos que al ser un coche de alquiler, no podíamos saber el modelo exacto del coche y mucho menos la matrícula. Sorprendentemente, al día siguiente nos contestaron y nos dijeron que no había problema. Sólo les teníamos que decir el modelo aproximado que habíamos alquilado. Eso era fácil. Un Hyundai Sonata o similar. Con eso les sirvió.
Les dijimos qué tipo de billete queríamos (ahora os explicamos porqué) y los días en los que haríamos el viaje y nos confirmaron que la reserva estaba realizada. Un 10 para el servicio de atención al cliente!!
Si no hubieramos conseguido solucionar el tema del ferry habríamos tenido que cambiar completamente el itinerario ya que habríamos tenido que ir a Jeju en avión o no haber ido.
Los billetes de ida y vuelta para 2 personas + el coche nos salió por 453.840 krw (296,81 €)

Tuvimos que esperar unos minutos hasta las 13h30 que abrieron el mostrador de la compañía. Las chica que nos atendió sabía inglés así que todo fue más fácil. Le mostramos el número de reserva que nos habían dado y nos preparó los ticket, tanto para nosotros como para el coche.
Nos avisaron que a la bodega del barco sólo podía acceder el conductor, así que para allí fui yo esperando que nadir me preguntara nada porque como os imaginaréis, de coreano nada y como dice un youtuber mexicano: “ustedes saben que mi inglés es muy ratata…”
Afortunadamente el embarque del coche lo pude hacer sin mayor problema. Al dejar el coche, los operarios nos recordaron a todos que los coches tenían que quedar con el freno de mano puesto. Además, por si acaso, ataron las cuatro ruedas a anclajes que había en la cubierta del ferry.
La anécdota graciosa pasó cuando tuve que pasar por el control, antes de entrar en el barco. Los chicos (bastante jóvenes) que me pidieron la documentación, al verme occidental, me preguntaron de dónde era y al decirle que español, pues imaginaros… de los tres chicos, uno era del Madrid, el otro del Barça y ¿a que no sabéis de que equipo era el tercero? Como no podía ser de otra manera, del Athletic. Conocía a Unai Simón y a los hermanos Nico e Iñaki Williams.
Nos avisaron que a la bodega del barco sólo podía acceder el conductor, así que para allí fui yo esperando que nadir me preguntara nada porque como os imaginaréis, de coreano nada y como dice un youtuber mexicano: “ustedes saben que mi inglés es muy ratata…”
Afortunadamente el embarque del coche lo pude hacer sin mayor problema. Al dejar el coche, los operarios nos recordaron a todos que los coches tenían que quedar con el freno de mano puesto. Además, por si acaso, ataron las cuatro ruedas a anclajes que había en la cubierta del ferry.
La anécdota graciosa pasó cuando tuve que pasar por el control, antes de entrar en el barco. Los chicos (bastante jóvenes) que me pidieron la documentación, al verme occidental, me preguntaron de dónde era y al decirle que español, pues imaginaros… de los tres chicos, uno era del Madrid, el otro del Barça y ¿a que no sabéis de que equipo era el tercero? Como no podía ser de otra manera, del Athletic. Conocía a Unai Simón y a los hermanos Nico e Iñaki Williams.

Una vez el coche quedó listo para la travesía, los conductores tuvimos que volver andando a la terminal para pasar el control de viajeros.
Como la travesía duraba aproximadamente 3h, pensamos que igual era buen idea comer algo, así que aprovechamos que había una especie de tienda de conveniencia en la terminal, para comer unos fideos instantáneos y unos cafés fríos para el camino, todo por 9.200 krw (6 €). También aproveché para tomarme la biodramina, aunque a decir verdad, el viaje fue super tranquilo y el barco apenas de movió, pero más vale prevenir…
Una vez dentro del barco, pudimos ver las diferentes “clases” que había. En la foto de la derecha, vamos a decir que eran los camarotes para los de primera clase, con literas y todo. En la foto de la izquierda, segunda clase (donde fuimos nosotros), la típica sala con butacas.
Como la travesía duraba aproximadamente 3h, pensamos que igual era buen idea comer algo, así que aprovechamos que había una especie de tienda de conveniencia en la terminal, para comer unos fideos instantáneos y unos cafés fríos para el camino, todo por 9.200 krw (6 €). También aproveché para tomarme la biodramina, aunque a decir verdad, el viaje fue super tranquilo y el barco apenas de movió, pero más vale prevenir…
Una vez dentro del barco, pudimos ver las diferentes “clases” que había. En la foto de la derecha, vamos a decir que eran los camarotes para los de primera clase, con literas y todo. En la foto de la izquierda, segunda clase (donde fuimos nosotros), la típica sala con butacas.

Y para los de tercera clase… no sabemos cómo llamarlo. Sólo sabemos que las personas iban sentadas y/o tumbadas en el suelo. Por supuesto, era la opción más barata. Como se entere el señor Ryanair, seguro que lo intenta poner en práctica. También vimos una sala con butacas de masajes, pero éstas siempre están ocupadas por “halmoni” (señoras de avanzada edad) que corren como alma que lleva el diablo para conseguir esos sitios. Por supuesto, no las sueltan en todo el viaje.

Con absoluta puntualidad, a las 15h00, nos pusimos en marcha. Sacamos unas fotos del puerto y demás, pero en cuanto el barco salió a mar abierta, y cogió un poco de velocidad, yo me fui a sentarme a mi sitio. Anna se quedó en cubierta sacando alguna foto más. Cuando vino al sitio, me pilló medio dormido, jejeje (efecto de la biodramina).

Gracias a las mini-siestas que me fui echando, el viaje se pasó super rápido y a las 17h45 llegamos a Jeju. Anna salió a cubierta para sacar unas fotos mientras llegábamos a puerto y yo me quedé en el sitio para no tentar a la suerte.

Cuando el ferry estaba amarrado, llamaron a los pasajeros por megafonía para que fuéramos bajando hacia los coches. Al contrario que al embarcar, los acompañantes tenían que ir también porque al salir del barco, te vas directo ya a la carretera.
Anna tardó en venir y yo tuve que bajar a la bodega. Y aquí es cuando me puse un poco nervioso, porque no podíamos avisarnos por teléfono porque uno de los dos no tenía conexión al no estar cerca del pocket wifi. La cuestión es que los operarios empezaron a soltar las cuerdas de los coches y yo seguía solo. Incluso le llegué a decir a uno de los chicos de la tripulación que había “perdido a mi mujer”. El chico se rió y me tranquilizó diciendo que aunque no tuvieran coche, todos los pasajeros tenían que salir por allí.
Efectivamente, al de un rato Anna apareció como si nada y yo todo precocupado. Ten mujer para esto
Al salir a tierra firme, todos los coches recibieron una ducha, de lo que suponemos que sería algún tipo de desinfectante, por si traíamos alguna bacteria del continente.
Anna tardó en venir y yo tuve que bajar a la bodega. Y aquí es cuando me puse un poco nervioso, porque no podíamos avisarnos por teléfono porque uno de los dos no tenía conexión al no estar cerca del pocket wifi. La cuestión es que los operarios empezaron a soltar las cuerdas de los coches y yo seguía solo. Incluso le llegué a decir a uno de los chicos de la tripulación que había “perdido a mi mujer”. El chico se rió y me tranquilizó diciendo que aunque no tuvieran coche, todos los pasajeros tenían que salir por allí.
Efectivamente, al de un rato Anna apareció como si nada y yo todo precocupado. Ten mujer para esto

Al preparar el viaje nos pareció que lo más conveniente era coger el alojamiento en el sur de la isla porque era donde más actividades íbamos a realizar, así que nos pusimos en marcha. Al de poco de poneros en cambio, paramos para comprar algo para merendar (cafés y algo de vicio en forma de bollería). Nos salió por 11.400 krw (7,45 €). Como el trayecto era de apenas 50 km, no llegó a una hora lo que tardamos en llegar al hotel en Seogwipo.
Primero fuimos a aparcar el coche en el garaje del hotel. Tenían un sistema de aparcamiento automático. Uno de esos donde un elevador se lleva tu coche, quien sabe donde, jejeje. Lo curioso es que, como la entrada al elevador era bastante estrecha, y en el garaje tampoco había mucho sitio para hacer maniobras, una plataforma giratoria lo alineaba perfectamenta para que el coche entrara recto. La persona que estaba atendiendo el aparcamiento nos explicó como recuperar el coche si llegábamos a una hora que no estuviera él. Simplemente meter la matrícula en una pantalla y listo.
Primero fuimos a aparcar el coche en el garaje del hotel. Tenían un sistema de aparcamiento automático. Uno de esos donde un elevador se lleva tu coche, quien sabe donde, jejeje. Lo curioso es que, como la entrada al elevador era bastante estrecha, y en el garaje tampoco había mucho sitio para hacer maniobras, una plataforma giratoria lo alineaba perfectamenta para que el coche entrara recto. La persona que estaba atendiendo el aparcamiento nos explicó como recuperar el coche si llegábamos a una hora que no estuviera él. Simplemente meter la matrícula en una pantalla y listo.

Cuando fuimos a la recepción para hacer el check-in, no había nadie. Sólo unas máquinas para hacer el check-in automático. El proceso fue muy sencillo y rápido. Cuando subíamos en el ascensor, nos hizo gracia que había un cartel que recomendaba bajar las mosquiteras en las ventanas porque en Jeju, había mosquitos todo el año.




Una vez instalados, y como habíamos visto un mercado cerca del hotel, pensamos que era buena idea bajar a dar una vuelta y de paso, cenar algo.
El mercado Seogwipo Maeil Olle Market es el mercado más grande y antiguo de Seogwipo, abierto desde 1960, actualmente es un centro económico y turístico. Se venden desde mandarinas hallabong hasta mariscos frescos con etiquetas que indican si fueron pescados ese mismo día. Tiene incluso un riachuelo artificial en el centro del mercado, con peces y plantas, y un escenario para actuaciones culturales. Incluso en febrero de 2024, hicieron un ritual chamánico tradicional (ya nos habría gustado verlo).
Si venís a Jeju, vais a ver que el color predominante es el naranja, el naranja de las mandarinas. Aquí os dejamos un poco de historia sobre las famosas mandarinas de Jeju. Aunque se les llama mandarinas, en realidad son un híbrido entre una naranja kiyomi y una mandarina ponkan, creado originalmente en Japón en los años 70 bajo el nombre de dekopon. En Corea del sur adoptaron el nombre hallabong en honor al monte Hallasan, el volcán icónico de Jeju.
Lo que las hace únicas es su forma ligeramente abultada en la parte superior (como un pequeño “moño”), su piel gruesa pero fácil de pelar, y su sabor: dulce, jugoso y sin semillas. Son como la versión premium de una mandarina, y en Corea se consideran un regalo elegante, especialmente en invierno.
Por cierto, en Netflix hay una serie ambientada en Jeju que se titula “Si la vida te da mandarinas...”. Os aviso que la serie está muy bien, pero también es muy triste.
Después de este inciso sólo nos queda contaros que dimos una vuelta completa al mercado para ver lo que había y decidir qué nos apetecía. Al final, fueron unas brochetas de pastel de pescado y una tortilla de vegetales (apuesta segura ambas cosas). La cena nos costó 13.000 krw (8,50 €). Ahhh tened en cuenta que el mercado cierra a las 21h00.
El mercado Seogwipo Maeil Olle Market es el mercado más grande y antiguo de Seogwipo, abierto desde 1960, actualmente es un centro económico y turístico. Se venden desde mandarinas hallabong hasta mariscos frescos con etiquetas que indican si fueron pescados ese mismo día. Tiene incluso un riachuelo artificial en el centro del mercado, con peces y plantas, y un escenario para actuaciones culturales. Incluso en febrero de 2024, hicieron un ritual chamánico tradicional (ya nos habría gustado verlo).
Si venís a Jeju, vais a ver que el color predominante es el naranja, el naranja de las mandarinas. Aquí os dejamos un poco de historia sobre las famosas mandarinas de Jeju. Aunque se les llama mandarinas, en realidad son un híbrido entre una naranja kiyomi y una mandarina ponkan, creado originalmente en Japón en los años 70 bajo el nombre de dekopon. En Corea del sur adoptaron el nombre hallabong en honor al monte Hallasan, el volcán icónico de Jeju.
Lo que las hace únicas es su forma ligeramente abultada en la parte superior (como un pequeño “moño”), su piel gruesa pero fácil de pelar, y su sabor: dulce, jugoso y sin semillas. Son como la versión premium de una mandarina, y en Corea se consideran un regalo elegante, especialmente en invierno.
Por cierto, en Netflix hay una serie ambientada en Jeju que se titula “Si la vida te da mandarinas...”. Os aviso que la serie está muy bien, pero también es muy triste.
Después de este inciso sólo nos queda contaros que dimos una vuelta completa al mercado para ver lo que había y decidir qué nos apetecía. Al final, fueron unas brochetas de pastel de pescado y una tortilla de vegetales (apuesta segura ambas cosas). La cena nos costó 13.000 krw (8,50 €). Ahhh tened en cuenta que el mercado cierra a las 21h00.


Sobre las 21h30 dimos por finalizado el día y regresamos al hotel. Entre el madrugón, la visita al templo de Unjusa y el viaje en ferry, estábamos un poco cansados. Tampoco pasaba nada por ir pronto al hotel un día. El termómetro marcaba 14 °C y el cielo estaba nublado.
*** Final del día 3 ***
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