Nuestro vuelo sale por la tarde, así que disponemos de toda la mañana para seguir "vagueando". Se está tan bien en la piscina y jugando a billar, cervecita en mano, que decidimos no ir a ver ni el pueblo, ni el punto en el que se "cruzan" los tres países limítrofes NI NA DE NA DE NAAAAAAAAAA! VAGOS PERO VAGOS, VAGOS!
Empaquetamos nuestros trastos, los dejamos en la habitación habilitada para ello y a seguir con el plan del día "VAGUEAR, VAGUEAR". A la hora señalada, recogemos nuestras mochilas, nos despedimos del simpático y marchoso personal y a seguir!.
Hemos quedado con nuestro amigo el taxista (el que nos llevó a Brasil) para que nos haga los honores hasta el aeropuerto. Otro argentino que no habla
! Un encanto, bueno, un encanto si te gustan los argentinos, jajajajja. Para nosotros lo es. Si nos llega a llevar a otro lado ya podemos hacer un máster sobre su vida y milagros. Y ese acento, oh! Cómo echamos de menos ese acento!!!Vuelo con Aerolineas Argentinas, puntual y sin problemas. Tanto que sufrí antes del viaje por los malos comentarios y todo lo que estaba sucediendo y la verdad es que hemos sido muy afortunados. Dentro del horario previsto aterrizamos en Buenos Aires. Ya casi reconozco los barrios más conocidos desde el aire; pero es tan grande!
Y de nuevo a nuestro hogar! LOLA HOUSE! Allí nos esperan todos y allí entramos los dos como Pedro por su casa. Realmente es agradable llegar a un sitio y sentirse parte de él, acogido, reconocido; aunque estamos un poco nerviosos por ver cómo salvamos el examen de "la mami" de quilos ganados tras un mes comiendo bife, vacío, choripan, tira etc por la Argentina,
Las dos hermanas son diplomáticas y dicen que no hemos engordado mucho, JAJAJAJAJJA. Se agradece, se agradece
pero los pantalones aprietan que es una barbaridad Y por la noche, como siempre que hemos estado en Buenos Aires, a nuestro rincón de tangos preferido (bueno, el único que hemos visitado pero dudo que haya otro mejor y más auténtico). En "La Esquina de Osvaldo Pugliese" siguen también los mismos. Y allí también se acuerdan de los dos españoles que ya llevan acompañándoles unas cuantas noches. Qué dulce sería poder seguir con esta rutina durante unas cuantas semanas más: viajar a algún punto lejano de este inmenso país, para regresar, al cabo del tiempo, al amistoso entorno que hemos descubierto en este pedacito del Barrio de Boedo.





