A la llegada a Phnom Penh un servicio de taxi con precio cerrado(9 USD) nos trasladó a nuestro hotel The Blue Lime, un pequeño hotel precioso, cercano al palacio real, que resultaba un oasis en la jungla de asfalto, suciedad, polvo y ruido de la capital camboyana.
La primera sorpresa fue ver que nadie utilizaba la moneda local, el KHR o Khmer Riel, de ínfimo valor ya que 1€ equivale a 5000 KHR, así que todos los precios(al menos en las zonas turísticas) están en Dólares Estadounidenses. Sin embargo es una moneda muy "grande" ya que no tienen monedas y por tanto sistema centesimal, así que todo cuesta 1 dolar mínimo. Nosotros cambiamos a Riels, porque sino con el redondeo acabas perdiendo céntimos, y considerando que la gente de la calle, hace el cambio facil 1 $=4000 KMR, y en la oficina de cambio a día de hoy te ofrecen más de dichos 4000, salíamos ganando con el cambio. Además y lo más importante, mediante este cambio, con apenas 300€ conseguimos ser millonarios por un día.
Salimos a dar un paseo y nuestra primera sorpresa, es que en el palacio real(25000 KHR/pax) no admiten a gente con hombros o rodillas descubiertas(esto es común en templos o mezquitas en todo el mundo), pero tampoco el remedio del chal sobre los hombros, que habitualmente practican las mujeres al entrar en lugares sacros. Así que tuvimos que dejar la visita para el día siguiente.
Phnom Penh es caótica, las motos y motocarros(tuk tuk) circulan a toda velocidad e inexplicablemente sin colisionar (otro de esos misterios de la física por resolver, ya que en Malta sin pasar del límite de 60kmh ves mas accidentes que autobuses). Las aceras repletas de carros con baratijas, fruta, comida, y peluqueros que te cortan el pelo allí mismo(me quedé con ganas de jugarme la oreja a la ruleta rusa y cortarme el pelo en plena calle).
Cerca del palacio se alternan las calles anteriormente descritas con bastante basura por todas partes; con limpias calles repletas de bares y restaurantes con carteles y nombres occidentales, y en casos regentados por algún maduro y bohemio europeo que ha emigrado en busca de una vida más tranquila, y ahora ha montado su negocio, atendido por personal local y de económica mano de obra... Sin embargo yo no veo la paz en esta ciudad donde todo el mundo grita, suplica llevarte en tuk tuk, o rebusca en la basura en pos de algo que llevarse al buche.
Pásamos por el hotel para gozar de la preciosa piscina ajardinada y volvimos a salir para cenar en uno de estos restaurantes. Muy bueno todo, por cierto. Por el camino convenimos con un tuk tuk que nos hiciese de guía al día siguiente por 23$. El conductor nos explico la ruta que el haría y que horas son mejores para cada sitio. Vuelta al hotel y a dormir que al día siguiente nos esperaba un durísimo día, no tanto en lo físico como en lo mental.

A la mañana siguiente decidimos madrugar para ver el Palacio Real a primera hora, y así ya quitárnoslo de encima, ya que está sujeto a horarios, bonito, sin más, pero no me entusiasmo en demasía, y a las 9:30 según lo convenido ya estaba esperando el tuk tuk a la puerta del hotel. Así que pusimos rumbo al museo del genocidio.
Hay que informar brevemente que Camboya fue colonia francesa hasta 1950, luego se reinstauro la monarquía, pero en 1970 se proclamo la república(creo que mediante un golpe de estado) ,que al parecer no fue más que un desastre, y en todo este caos, en 1975, emergieron los Khmer Rouge o Jemeres Rojos, de ideología de ultraizquierdas y socialista, su lider, Pol Pot, empezó por imponer un sistema socialista y encarcelar y matar a los enemigos del estado(todos sus posibles enemigos). Pero en su locura, empezó a ver fantasmas por todas partes, y a encarcelar y matar a gente sin juicios, así en apenas 4 años de gobierno, muerieron 3.000.000 de camboyanos, de todas las edades y clases sociales.
El museo del genocidio es una de estas cárceles, adornada con una amplia exhibición de cuadros, fotos, celdas e instrumentos de tortura, y un documental de 60 min. que proyectan a las 10 de la mañana, con terrible calidad acústica y de imagen (tele de 28 pulgadas con pantalla de tubo)pero sin embargo interesante aunque no imprescindible. La visita en general es bastante fantasmagórica, sin embargo un necesario preámbulo para lo que vendría después.
Tras 2 horas en la cárcel, volvemos al tuk tuk y sorpresa, nuestro conductor ha cambiado, nos cuenta el nuevo conductor que el otro no podía, y que ahora él, sería nuestro guía durante todo el día(no hablaba mucho inglés que digamos pero eso es lo que entendimos). Ponemos rumbo a los campos de exterminio, y a mitad de camino nuestro nuevo piloto se detiene y nos da unas mascaras anti polvo, de esas que llevan los chinos desde la gripe aviar, y menos mal, 20 minutos de trayecto por un polvoriento y empedrado camino se hubieran hecho eternos sin esas máscaras.
Llegamos a los campos, (Entrada 25000/pax) y entre las historias de la audioguía junto los restos óseos y de ropa que se encuentran medio enterrados a los lados del camino, se le pone a uno la carne de gallina. Este era el lugar donde trasladaban a los presos para ejecutarlos, eso si, para ahorrar munición empleaban palos o cuchillos. Para concluir la visita una pagoda conmemorativa, donde por rigor científico se han separado los cientos de cráneos encontrados, en relación a la edad con la que murieron... Espeluznante, pero imprescindible para darnos cuenta de la barbarie, hace apenas 35 años!
Salimos con el alma por los suelos, y nuestro conductor puso rumbo al mercado ruso, por el polvoriento camino recuperamos el hambre y al llegar al russian market comimos algo rápido y a olvidar penas con una terapia infalible: comprar! El mercado ruso lleva ese nombre porque antiguamente comerciaban los rusos ahí, sin embargo no esperéis encontrar nada diferente de un chino o un camboyano vendiendo ahí. Para comprar hay de todo tipo de productos: ropa, comida, artesanías, dvd's(mi perdición, tienen hasta series en castellano) e incluso recambios de automoción... Todo a muy buen precio y encima regateable.
Después no queríamos perdernos el Central Market, cuyo edificio es ya representativo de la ciudad, no encontramos nada especial, ya que para hacer compras resulta mejor el ruso, pero dimos una vuelta y aprovechamos para hacernos un par de fotos. Después le pedimos a nuestro "chofer" que nos acercara a la terminal de barcos que suben río arriba hasta Siem Reap, para comprar los billetes, esperando que fueran más económicos que en las agencias que hay por la calle, sin embargo, el precio es el mismo: 35U$D.
Tras un relajante baño en el hotel, salimos a explorar el mercado nocturno situado frente a la terminal de barcos, más compras, ya que todo era muy barato(además era noche de reyes, y celebrábamos el ecuador de nuestro viaje, así que preparamos una pequeña sorpresita en el hotel), y a las 22 cuando cerraron cenamos algo, abrimos los regalos en el hotel, y a dormir, que a la mañana siguiente partíamos a las 7 rumbo a una de las nuevas maravillas del mundo: El Angkor Wat.