Unos poquitos años después de haber visitado una pequeña parte de la costa este de EEUU tocaba ir a la costa oeste (dejando aparcadas por el momento otras opciones vacacionales como Thailandia y Camboya o Canadá). El viaje lo realizamos en parte por libre y en parte organizado. Después de haber hojeado algunos catálogos y de haber ido varias veces a una agencia al final decidimos comprar por libre los billetes de avión y contratar el circuito directamente con una empresa americana. Nos habíamos enterado que todas las mayoristas que ofrecen en España viajes a EEUU acaban contratando a una empresa de allí llamada Alliedtpro. Resulta que existe la posibilidad no de contactar directamente con ellos pero sí con otra empresa americana llamada Take Tours, que te da los mismos circuitos que vemos en los catálogos en España pero a un precio muy inferior. El coste final del viaje se encareció un poco por el vuelo que escogimos. Al parecer si haces escala en un punto americano (vuelos de precio mucho más bajo) tienes que recoger las maletas y volver a facturarlas por no hablar de pasar el control. Sin embargo, haciéndolo por punto europeo evitas esa circunstancia un tanto engorrosa.
Todo, no obstante, es cuestión de gustos. Una decisión personal al fin y al cabo. El vuelo que nosotros escogimos (con seguros incluidos) superaba en mucho ofertas más económicas como la de Norwegian pero nos daba la seguridad de ir en American Airlines (AA) en dos vuelos operados por Iberia a la ida (vía Londres), por la misma AA de Los Ángeles a Londres a la vuelta y por British airways de Londres a Barcelona, todas ellas de reconocido prestigio. Nunca que he volado con Iberia en este tipo de trayectos largos he tenido problemas. Tampoco los he tenido con British y cuando fuimos a Nueva York con AA todo fue perfecto. En este caso sólo se pueden destacar pequeños detalles de organización. Cuando llegamos al aeropuerto el día de la salida les constaban los billetes hasta Madrid pero “alguien” no los había colgado en el vuelo correspondiente por lo que no se podía hacer la reserva de asientos hasta que no se arreglara. Después de unos minutos todo quedó solucionado y en un pequeño sustillo y pudimos salir a algo antes de las 9 de la mañana, apenas unos minutos después de la hora prevista.
Es importante no entretenerse mucho en vuelos con destino a América y llegar pronto a las puertas de embarque (como te recuerdan por megafonía) porque realizan controles aleatorios a los viajeros. Prácticamente de cada dos o tres personas parecía que revisaban a una. Se trata de controles rutinarios aunque algo engorrosos de tu persona y tu equipaje de mano. Por lo menos esta vez podían reunirse luego con sus acompañantes. En mi viaje a Nueva York me obligaron a embarcar sin avisar a nadie.

El avión tiene el tamaño de todos los que hacen vuelos transoceánicos y dispone de pantallita de TV personalizada, cosa que se agradece porque distribuyes tu entretenimiento del modo que más te gusta. Salió de Madrid con un retraso considerable y tardó en aterrizar en Los Ángeles 11 horas 50 minutos, tiempo más que suficiente para escuchar música, cerrar algo los ojos (raramente puedo dormir en un avión) y ver cuatro películas (la horripilante Pompeya, El halcón maltés, Ocho apellidos vascos-al fin- y Justin y la espada del valor). Tampoco dejaron de lado nuestra alimentación; nos dieron comida tres veces, ya fuera desayuno, cena o un sándwich. No es cosa de quejarse.
Una vez que llegas a Los Ángeles conviene saber de qué modo puedes llegar a tu hotel. Como tuvimos ocasión de ver a lo largo de nuestro viaje, la ciudad tiene un tamaño descomunal y los taxis son de todo menos baratos. Algunos hoteles disponen de servicio de shuttle, en el caso de Hilton LAX que nosotros escogimos gratuito. Los shuttle se cogen a las salidas de las terminales, en el lugar indicado con letreritos rojos. Es importante fijarse bien en los letreros que llevan porque pasan muchos con destinos distintos.
El hotel Hilton del aeropuerto es un establecimiento de 4 estrellas que cumple con todas las necesidades del viajero. El único inconveniente (que también es una ventaja) es estar cerca del aeropuerto por lo que personas con oído muy delicado podrán sentirse molestas por el ruido de los aviones. En mi caso no me molestó en absoluto. Efectivamente desde la ventana de mi habitación de veía cómo iban aterrizando pero tenía tanto sueño que caí como un fardo sin que nada me impidiera dormir como un angelito toda la noche (ni siquiera el temido jet lag).
