Día 22 de marzo. Seguimos turisteando, ¡Roma ya sabéis que es inabarcable!
Hoy muy temprano como todos los días y tras un reparador desayuno, hemos comenzado por San Pietro In Vincoli que se encuentra muy cerquita de nuestro apartamento, allí nos esperaba el Moisés de Miguel Ángel que casi me ha impresionada más que la anterior vez que lo vi y las cadenas de San Pedro. Aún estaban limpiando la iglesia y estábamos solos para disfrutarla bien.

La mañana estaba preciosa, soleada y cálida, continuamos por la Iglesia basilical de Santa Práxedes, ¡¡ altamente recomendable¡¡, impresionante la variedad y belleza de sus mosaicos y pavimentos Cosmati, aunque algunos son reconstruidos, no os podéis imaginar lo que estamos aprendiendo de estos señores y de los magníficos pavimentos que realizaban a partir de restos de mármoles antiguos; Su decoración de mosaicos es bellísima tanto en el ábside como en la capilla de San Zenón. También dicen que allí esta un segmento del pilar de la flagelación que se trajo Santa Elena, pero que sea cierto ya es discutible.

La siguiente fue Sta. Pudenziana, hermana de la anterior, con una iglesia menor pero con un mosaico en el ábside muy interesante. También nos pareció muy curiosa S. Martino ai Monti, basilical con un fresco en la entrada que es el único que representa la antigua Basílica del Vaticano.
La Basílica de Sta.María Mayor, ya es otra dimensión, es una de las cuatro basílicas mayores, en la que encontramos aglomeración de visitantes. Está construida sobre un tiemplo anterior dedicado a Cibeles y junto a la basílica de Santa Sabina que vimos ayer, son las únicas que mantienen en la planta la estructura basilical y la estructura paleocristiana. El alzado ya sí se puede observar que está modificado y se observan diversos estilos. No hay que dejar de visitarla y empaparse de su historia antes de ir. Como curiosidad aquí está enterrado, además de grandes personajes como San Jerónimo, el genial Bernini.

Después de un cappuccino y cornetti en un segundo desayuno, el arte consume mucho!, nos esperaba el exuberante barroco de Bernini en San Andrea del Quirinal, la impresionante Santa Teresa en Éxtasis de Bernini, en la Iglesia de la Victoria y Borromini en San Carlos a la 4 Fontana. Dejamos para el final el magnífico proyecto de Miguel Ángel para integrar los restos (¡impresionantes!) de las termas de Diocleciano en la Basílica de Santa María de los Ángeles, único templo renacentista.

Hacía falta un tiempo de descanso en el Parque Borghese para digerir tanta belleza y camino de él tuvimos tiempo de hacer nuestro homenaje a Fellini en la calle que le han dedicado y en la Vía Veneto. El tiempo lo tuvimos con música clásica de fondo que tocaba un grupo mientras nos tomábamos nuestros paninis hechos en casa con una buenísima cerveza peroni . A las 2 teníamos hora en el Museo Borguese, donde habíamos quedado con Canova, Bernini y Caravaggio: ¡éxtasis total!. Hace falta reservar por Internet y es una delicia recorrerlo, no es muy grande que es como me gustan los museos y tiene maravillas como el rapto de Proserpina donde el marmol se hace ductil y cálido, o Apolo y Dafne, ambos de Bernini, el David con la cabeza de Goliat y el Baco enfermo de Caravaggio o la Paulina de Canova por poner algunos ejemplos.
A la salida aún conmovidos por lo visto, nos dedicamos a pasear por el parque Borghese, y al atardecer admirar las vistas desde el Pincio, necesitábamos naturaleza.

En la Plaza del Pópolo no pudimos resistirnos a entrar en la imprescindible Iglesia de Sta. María del Pópolo, de la que no nos queríamos perder los dos impresionantes Caravaggio que hay en la capilla Cerasi: la rendición y la crucifixión de San Pedro. Se nota que es uno de mis pintores preferidos.
Parada reparadora en la terraza del Café Canovas de la plaza, con chocolate caldo, café y unas ricas tartas. Para bajar el exceso de calorías nos fuimos andando tranquilamente por las encantadoras vía del Babuino y Margutta, hasta la Plaza de España, otra parada inevitable, y de allí hasta Termini, donde el metro nos dejó junto a casa para cenar tranquilamente en el apartamento.

Mañana nos esperan los Museos Vaticanos y el Trastevere. Felices, cansados y plenos, dice Esteban y yo comparto, dejamos la crónica de hoy.