El recorrido por el Valle Norte de Cusco es el que incluyen en el City Tour que ofrecen todas las agencias.
Pero nosotros preferíamos ir a nuestro ritmo e ir aclimatándonos a la altitud. Aunque nos perdiéramos el conocer más detalles de estos centros arqueológicos. O, quizá, también por evitarlos.
Nuestra primera idea era trasladarnos al centro más lejano y volver caminando hasta Cusco.
Para ello el hotel nos había ofrecido los servicios de un taxista de su confianza por el precio de 50 soles. No sin indicarnos con insistencia que no se podía hacer lo que nosotros pretendíamos.
El taxista nos iba trasladando hasta el lugar de Tambomachay, que es el centro arqueológico más alejado de la ciudad.
Por esta carretera volveríamos a circular en otras ocasiones ya que es la carretera que lleva hasta Pisac.
Nos insistía también que no podíamos hacer caminando el recorrido entre los distintos recintos.
Era temprano cuando llegamos a Tambomachay. Solo estaba el empleado en la caseta solicitando el boleto turístico. O cobrando la entrada.
Era el primer agujero que picábamos en nuestro boleto. Al final de nuestra estancia por Cusco nos quedaron muy pocos sin machacar.
Todos estos recintos arqueológicos en el Valle Norte de Cusco forman parte del Parque Arqueológico de Sacsayhuaman, declarado Patrimonio Cultural de la Nación. Pero el boleto turístico es requerido en cada uno de ellos.
TAMBOMACHAY
En la visita a este centro arqueológico ya estábamos a 3700 metros.
Los vendedores de artesanías que se ponen a la entrada aún no habían llegado. Solo estaban sus faldones con la mercancía oculta.
Pasada la entrada se camina por un amplio sendero entre árboles molle y un muro inca.
Luego una fuente recogía agua de un canal que parecía venir de la montaña. Este sitio arqueológico se ubica bajo una cadena de montañas y sobre ríos y manantiales subterráneos que aún hoy alimentan a tres fuentes que caen en cascada.
Fuentes que se hayan entre una andenería con mampostería optima en la que los bloques de piedra tallada ensamblan perfectamente. También presentan seis hornacinas.
Andenerías veríamos varias en todo el viaje. Pero estas fueron las primeras con fuentes de agua y por ello nos gustaron. La primera muestra de la maestría de los Incas en la manipulación del agua.

Frente a este edificio se encuentra otro en peor estado y al que se llega cruzando el arroyo. Tal pareciera ser como una torre en ruinas. Pero ofrece unas preciosas vistas de todo el entorno.

Los guías y taxistas llaman a este complejo arqueológico como “Los baños del Inca”
Recinto de Puca Pucara
Unos pocos metros separan este centro de Tambomachay. Cruzando la carretera.
También la conocen como Fortaleza Roja porque según los reflejos de la luz la roca parece rosada

Se cree que sirvió como lugar de descanso y alojamiento de la comitiva que acompañaba al Inca en sus visitas a Tambomachay. O puede que tuviera fines de vigilancia y defensa.
Se alza sobre una plataforma elevada y por ello desde la misma se presentan unas hermosas vistas de las montañas y valles que la rodean.
El lugar cuenta con terrazas, muros, acueductos, habitaciones, escalinatas, plazoletas.. Divididas en tres niveles conectados por las escalinatas.


No vimos camino alguno que pudiera conectar este complejo con el siguiente, Qenqo. Aparte de la carretera.
Como el taxista nos seguía esperando, llegamos a un acuerdo para que nos trasladara a Qenqo y después a Sacsayhuaman. Por treinta soles más.
En el trayecto, al igual que en la ida, nos volvió a insistir de parar en Wayllarcocha. Que es una laguna en la que paran a veces algunas aves de paso. Y un poblado en el que hay varios centros de venta y fabricación de todo tipo de tejidos al estilo peruano.
Quería que fuéramos a uno de estos centros textiles para comprar. Tuvimos que declinar la oferta.
El centro arqueológico de Qenco dicen que es uno de los más interesantes. Pero nosotros no le vimos el interés. Está todo tan extendido y hay que echarle algo de imaginación.
Qenco viene a significar algo así como laberinto. Y creo que es cierto.

La parte que se suele visitar es el llamado Qenco Grande, que consta de varias partes.
Un anfiteatro con un enorme bloque de piedra que se alza sobre un pedestal. Se supone que aquello era un puma. Oímos a un guía que estaba diciendo que había que echarle imaginación. Y tanto…

El Intihuatana y observatorio se encuentran encima del roquedal de al lado del anfiteatro. Dicen que esta parte superior tiene altares tallados.
Como no se puede subir, pues hay que seguir echando imaginación.
Si hay una pequeña senda que se adentra en el interior de todo el complejo rocoso. Son la cámara subterránea que está tallada en la roca y un un altar o mesa ceremonial sobre la que se celebrarían sacrificios de animales o embalsamamientos.


Seguimos caminando entre rocas por la ladera de este cerro que denominan el Cerro Socorro. Entre restos de muros, formaciones rocosas con figuras inexactas… Lo que denominan Qenco Chico.

Y salimos a la carretera por este otro camino. Es otra entrada al complejo y allí nos estaba aguardando el taxista.
Para llevarnos a nuestro último destino. Nos dejaría allí y nosotros volveríamos a Cusco caminando.
SACSAYHUAMAN
Está calificada como una de las edificaciones más asombrosas. Fue la mayor obra arquitectónica que construyeron los Incas en su período de apogeo. Con Pachacuteq y Huayna Capac.
Se cree que en la actualidad solo se conserva un 40% de lo edificado en principio. Enormes piezas de granito que tuvieron que ser extraídas y trasladadas por miles de obreros durante 20 kilómetros.
Nosotros entramos al recinto arqueológico por la que llaman puerta Rumi Punku. Hay otra, la entrada Llaullipata, que es la más lógica si se llega desde la ciudad.
Desembocamos en una gran planicie que se encuentra cubierta de hierba amarillenta. Es la recta final de la temporada seca. Pronto comenzarán las lluvias y se volverá de color verde.
Es conocida como Chukipampa.
En esta planicie es donde se suele celebrar el Inti Raymi o fiesta del Sol

Nuestras primeras miradas se dirigen a las murallas y sus enormes bloques de piedra.
Pero nos propusimos visitar el complejo con un cierto orden. A nuestra derecha se ven unas escalinatas que llevan a recintos visitables normalmente. Pero estaban acotados y con la indicación de no pasar pues se hallaban en mantenimiento.
Por allí se accede al Trono del Inca, el Rodadero, el sector de las Chincanas. Que se quedaron en el tintero.
Unas cuantas llamas pastando parecía que vigilaban para que nadie se adentrara por la zona.


Desde esta posición se puede tener una visión general del recinto en su conjunto. Desde arriba de los sectores mencionados me imagino que mucho mejor.
Y apreciar cómo se elevan sus tres niveles en los que se divide el complejo principal. Destacando, como ya mencioné, sus maravillosas murallas.


Desde la entrada en Llaullipata fuimos siguiendo las indicaciones del recinto. Unas preciosas andenerías van ascendiendo y unos senderos parecen llevarnos a la zona de los Torreones.
El primero y más conocido es el Muyucmarca o “la Torre Cahuide”. Por lo visto era un gran edificio del que solo queda su base. Las otras torres, Paucamarca y Sallaqmarca, siguieron la misma suerte y solo quedan sus cimientos.

Las vistas de Cusco son estupendas. Y no lo son menos las vistas de la propia Kuchipampa, y la colina de las Qocha Chincanas.
Hay una zona, volcada hacia Cusco, que lleva a un mirador, el Cruz Moqo, que también estaba cerrada. Por lo que en el itinerario hay que retroceder al nivel intermedio o bajar a la planicie central.

En el nivel intermedio se puede uno topar con el grupo de Recintos con habitaciones y murallas que se van comunicando por puertas de forma trapezoidal. Hasta tienen nombre estas puertas, bastante complicado por cierto. Wiracochapunku sería una de ellas. Tampoco es para tanto. Y la Intipunku, que sí que nos va sonando.


La zona de las Murallas o Baluartes son plataformas de forma dentada, en zigzag, con murallas de piedras enormes que encajan perfectamente entre ellas. Ni un alfiler parece caber. Algunas de estas piedras dicen que pueden llegar a pesar las 120 toneladas. Impresionante.


Durante todo el anterior recorrido hemos visto la figura que se alza en el cerro Pukamoqo que se eleva al margen del torrente que cruza el complejo arqueológico y que luego seguiríamos. Es el gran Cristo Blanco que se ve desde Cusco.

Bajamos desde Sacsayhuamán, cruzamos el torrente y por un pequeño sendero, que es visible en la ladera de este cerro, llegamos a su cumbre.
Es un gran Cristo de ocho metros con los brazos abiertos que parece que quiere proteger a la ciudad de Cusco. Fue donado por la comunidad palestina en 1945
El lugar es también un mirador excepcional de la ciudad. Mirando con detalle se pueden ver todas sus atracciones.
A este mirador se puede llegar también caminando desde Cusco y en coche.


Regresamos por el mismo camino y ya en el riachuelo comenzamos a bajar a Cusco por un camino que va paralelo a este río.
Este es el río Saphy que esta entubado desde que finaliza el Parque Arqueológico Sacsayhuamán en la calle Don Bosco y se dirige hacia la Plaza de Armas bajo la calle Saphy.
Debido a que estamos en la época seca el riachuelo lleva poca agua. Pero tiene un gran cauce, reforzado en tramos, e indicios de algunas cascadas. En época de lluvias tiene que estar espectacular.
Desembocamos en la Plaza y mirador de San Cristóbal.