Con el taxista que nos había llevado al Valle Norte habíamos quedado en que lo llamaríamos si terminábamos a buena hora de recorrer Sacsayhuamán.
Eran las 12 de la mañana y pensamos que podríamos dedicar la tarde a visitar el llamado Valle Sur de Cusco.
Vino con otro compañero taxista aduciendo que él no podía llevarnos porque tenía que recoger a su hija en el colegio. Lo que no entendía es porque nos había insistido tanto en llevarnos.
El chico nuevo que nos llevó a este recorrido era parco en palabras. Permanecía todo el rato callado y contestaba con pocas palabras, casi monosílabos.
Para ir al Valle Sur hay que adentrarse por la Avd. del Sol y enfilar la misma carretera que va al aeropuerto y cuyo tráfico infernal recordábamos del primer día.
La recorreríamos en otras ocasiones pues muchas de las excursiones que salen de Cusco enfilan esta carretera.
Fuimos primero a visitar el lugar más lejano. El pueblo andino de Andahuaylillas.
Se encuentra como a 40 km. Desde Cusco.
La carretera atraviesa varios pueblos antes de llegar a destino. El poblado de Saylla está lleno de restaurantes que ofrecen pollos asados y el cuy asado como plato reclamo. El taxista dijo que allí iban mucho los cusqueños los fines de semana a comer con la familia.
En el poblado de Choquepata es donde hay que desviarse para el Parque Arqueológico de Tipón´.
El poblado de Oropesa es el pueblo del pan. Casi todos sus pobladores se dedican a fabricar pan y verderlo a las orillas de la carretera. En días futuros lo comprobaríamos. Los tour operadores paran aquí para comprar el pan para los desayunos que ofrecen a sus clientes.
Antes de llegar a la desviación para Pikillacta se observa una gran laguna que recibe el nombre de Huacarpay y que forma parte del Humedal de Lucre-Huacarpay. Es lugar de alojamiento de aves según la época.
El taxista nos dijo que a la vuelta pararíamos y luego no lo hicimos. Desde la carretera se ve algo de la misma.
Y ya llegamos a
Andahualillas
Es un pueblo con sus casitas construidas casi todas en adobe. Pero tiene una importante visita, la iglesia de San Pedro. La cual han dado en llamar la Capilla Sixtina de América.
Esta visita también está incluida en la ruta religiosa Cusco + Huaro + Urcos + Andahuaylillas que nos mostraron el día que visitamos la Iglesia de la Compañía en Cusco. Es la Compañía de Jesús la que promueve esta ruta para dar a conocer mejor el arte colonial barroco en el Valle Sur de Cusco.
Al igual que en la iglesia en Cusco, esta visita se puede seguir descargándose un QR y no se permite hacer fotos.
La vista por fuera de la iglesia de San Pedro no muestra lo que atesora en su interior.
Se encuentra en un lateral de la Plaza de Armas que esta rodeada de unos bonitos y grandes árboles. Son los conocidos como árboles de coral o Pisonay.


Fue construida por los Jesuitas a finales del siglo XVI y principios del XVII. Su arquitectura es la típica de las iglesias de los pueblos. Con muros anchos a base de ladrillos de adobe. Su portada tiene pinturas murales.

Como buena iglesia barroca, el interior se encuentra profusamente decorado con pinturas murales. No queda casi ningún hueco que cubrir. Los frescos dicen que son de Luis de Riaño así como algunos cuadros.
El techo tiene un riquísimo artesonado revestido en pan de oro y una decoración de tipo mudéjar de motivos naturales de frutas y flores.
Contiene altares barrocos de madera tallada y cubiertos de pan de oro. También cuenta con lienzos de la escuela cuzqueña de pintura que representan episodios de la vida de San Pedro. Con marcos también dorados.
Comenzamos a volver a Cusco para terminar de completar este recorrido por el Valle Sur.
PARQUE ARQUEOLOGICO DE PIQUILLACTA
Es uno de los complejos preíncas que mejor se conservan. Fue levantado y ocupado por la cultura Wari, una cultura andina que se desarrolló antes de la cultura inca. En el año 500, cuando en las islas británicas se enfrentaban los romanos y los celtas, en Perú la cultura Wari estaba construyendo la ciudad de Piquillacta. Y es esta ciudad una muestra perfecta del urbanismo Wari.
La palabra quechua Piquillacta vendría a significar algo parecido a pueblo pequeño. Pero no fue precisamente un pueblo de pequeño tamaño.
En el horario que nosotros lo visitamos, a mediodía, no había absolutamente nadie. Tan solo algunos operarios en la lejanía que parece que iban a alguna labor de mantenimiento
No hay un itinerario predeterminado para la visita. Al menos no lo vimos.
Se ven en gran cantidad restos de edificios ordenados en conjuntos separados por largas calles. Algunos muros.
Restos que se componen de piedras pequeñas sin tallar unidas por barro con argamasa. Y dentro del primer caos que te encuentras de piedras y restos de viviendas, rodeados de malas hierbas altas y secas por el sol, cuando se avanza por las calles se va notando que aquello tuvo que tener una cierta planificación urbanística. Y tras la primera impresión de un montón de piedras amontonadas vas apreciando que aquello tiene mucha antigüedad y es notable que “aquellas piedras aún resistan en pie”.

Algunas viviendas conservan paredes interiores con la cubierta de revoque blanco que debieron tener. Todas con formas básicas rectangulares y cuadradas.

El complejo arqueológico parece muy grande. Para abarcarlo habría que estar caminando un par de horas como mínimo. Algunas calles parecen infinitas. Pero el aspecto es similar en una calle o en otra.


Hacía bastante calor a aquella hora del mediodía y no había ni una sombra.
El paisaje del entorno tiene que ser bastante bonito en otra época. Pero caminando entre las distintas ruinas, por entre la gran maleza seca y amarillenta que parece dorarlas, pues no te haces mucho a la idea de cómo será cuando llegue la estación de las lluvias.
El complejo se encuentra en las laderas del cerro Wayllonqa. Desde las partes de más altura hasta se alcanza a ver el humedal de Huacarpay.

El complejo arqueológico tiene otras estructuras distribuidas en otros asentamientos. Muy cerca del mayor que se visita con el boleto turístico, hay otro cercano al que se entra sin el ticket de ingreso y que se llama Rumicolca.
El taxista no nos paró y nosotros no se lo reclamamos por desconocerlo. Al parecer no paran por allí los tours que visitan el Valle Sur.
PARQUE ARQUEOLOGICO DE TIPON
En el pueblo de Choquepata hay que cruzar un río y seguir subiendo pues el reciento arqueológico se encuentra más arriba del mismo. Como a unos cinco kilómetros del pueblo. A una altitud que va de los 3300 m. a los 3850 en su zona más alta.
Fue un santuario donde el agua era la principal protagonista. Y parece que aún lo sigue siendo. Una ciudadela y recinto dedicado al culto del agua
Se encuentra situado en la ladera de una montaña y para recorrerlo hay que subir. Y así comenzamos el recorrido. Subiendo hacia lo que llaman Sinkuna Kancha que eran unas murallas y edificaciones que serían ocupados por los guardias del lugar. Las vistas del pueblo y del entorno recompensan la subida inicial.

Siguiendo el recorrido se va llaneando. Hay una bifurcación y un camino en escalones de piedra sigue subiendo la montaña. Debe de subir hasta el Intihuatana o al mirador de Cruzmoqo. Parece que aquello requiere de un tiempo del que no disponemos. Una lástima porque las vistas desde arriba tienen que ser espectaculares.
Proseguimos las indicaciones que llevan a las fuentes ceremoniales. El recorrido es muy gratificante porque se van contemplando las andenerías y terrazas de cultivo con sus correspondientes muros de piedra perfectamente tallada. Se van apreciando los canales de riego horizontales y verticales que muestran el excepcional sistema de irrigación desarrollado por los Incas, aún en funcionamiento.

El conjunto de fuentes ceremoniales es extraordinario. De este tipo de fuentes ya habíamos visto en Tambomachay y en otro día las veríamos en Ollantaytambo. Pero estas las superan en número y majestuosidad.


Hay estudios que indican que se hicieron cálculos para distribuir las caídas de agua de forma homogénea, teniendo en cuenta también evitar la erosión de la piedra.
Junto a las fuentes hay un sector de recintos habitacionales y ventanas trapezoidales en algunos de ellos. Al parecer era este Pukara Alto un antiguo centro ceremonial.

El agua de las distintas fuentes ceremoniales se va canalizando por canaletas que llevan el agua hasta una caída única cercana a la entrada/salida del complejo y se sigue aprovechando para llevar el agua a algunas poblaciones.



Recorrimos todo el complejo en completa soledad. A esas horas de la tarde no acuden los tours. Nos encantó todo lo que vimos y nos sorprendió que el sistema hidráulico siguiera funcionando.