Desde la ciudad de San Miguel de Tucumán teníamos que trasladarnos hasta la localidad de Tafí del Valle en la que hacíamos noche.
Enfilamos por la RP38 que comienza en esta ciudad y la conecta con las provincias de Catamarca, la Rioja y finaliza en Córdoba.
Pero aunque nuestro destino final es la provincia de Catamarca, en esta ocasión, nos vamos a desviar a la RP307 en el pueblo de Acheral. A la vuelta de nuestro recorrido por Catamarca volveríamos a transitar por la RP38
La RP307 comienza en Acheral y finaliza en Amaicha del Valle después de 120 km., pasando por Tafí del Valle
A esta carretera le teníamos un poco de respeto pues habíamos leído que podía ser algo complicada.
Pasando Acheral y Santa Lucía la carretera comienza a ser sinuosa y ascendente cambiando el paisaje de cultivos al de la selva tucumana.
En nuestro recorrido tuvimos de todo, lluvia suave, nubes, claros, niebla… Y en ocasiones vistas espectaculares.
Creo que por aquí se encuentra la Reserva Provincial Los Sosa. La Quebrada de los Sosa es el área que ha ido formando el serpenteante río Los Sosa o la Angostura, que por ambos nombres se conoce. Parece que hay espacios para aparcar, algunos merenderos. En unos 30 kilómetros esta carretera se convierte en una sinuosa carretera de cornisa con el río al fondo que parece que llevaba bastante agua. Dicen que en este tramo hay 1294 curvas. Que no contamos, así que no sabemos si es cierto. Pero muchas sí que hay
Hicimos una primera parada en el que parecer ser un punto panorámico con vistas al río. Hay muchas nubes y con tanta vegetación tampoco es que se viera mucho. Pero en el lugar había multitud de mariposas que se pegaban al coche.



La vegetación verde envuelve la carretera, con tramos de lo que llaman selva de laurel, selva de mirtáceas y bosque.
Esta Quebrada de los Sosa tiene como tres paradas emblemáticas. La Estatua del Indio, una cascada que llaman La Heladera y el Fin del Mundo.
La estatua del Indio es obra de un artista tucumano, se encuentra a 1.100 m. y es un estupendo mirador para ver la quebrada, pero la vimos al paso pues en ese momento llovía y no quisimos detenernos ya que no había mucha visibilidad.
La cascada la Heladera no la localizamos y en cuanto al punto del “Fin del Mundo” no teníamos ni idea.
Hasta que llegamos al mismo.
Es una curva larga en la que hay peligro de desprendimiento de piedras. Lo van anunciando. Este tramo lo pasamos con cierto temor pues seguía lloviendo y grandes regueros de agua chorreaban por las paredes de la quebrada. Y de postre un enorme autobús de frente, en una de estas sinuosas curvas.
Nos detuvimos otro poco antes de llegar a nuestro destino, en el Dique la Angostura, un lago artificial. Muy cerca de un pueblo que llaman El Mollar y que no visitamos.
Cerca hay una reserva arqueológica llamada los Menhires, que tampoco visitamos.
En esta parada hay unas esculturas y parece ser una zona de descanso por las mesas instaladas. También un mirador del dique. Si bien, luego nos dijeron, algo más adelante, dirección el pueblo del Mollar, hay otro mejor mirador.
La zona estaba tranquila, sin mucha gente. Pero parece que es una zona muy visitada en época vacacional. En el dique se hacen deportes acuáticos y se pescan pejerrey. El desagüe de este lago origina el río de los Sosa, el que ha formado la quebrada por la que hemos venido.

Ya nos quedaban pocos kilómetros para llegar a Tafí del Valle. Como su nombre indica, está situada en el valle del mismo nombre, El río Tafí lo cruza en su camino hacia el dique La Angostura.
Nosotros escogimos esta ciudad para pernoctar pues es la que mayores servicios ofrece en la zona. Hay buena oferta hotelera y antes de visitarla no comprendía el porqué.
Tafí del Valle es una villa de veraneo, con oferta variada de servicios, bastantes urbanizaciones de casas tipo chalet y ofertas de recreo y actividades relacionadas con el senderismo, cabalgatas, deportes acuáticos (en el cercano dique del Mollar).
El valle es zona de prados, bosquetes, rodeado de altas montañas con senderos. Estas montañas suelen tener sus cumbres coronadas por nubes. En verano tiene un clima templado que lo hace atractivo como centro vacacional.
Anteriormente fue durante muchos años un lugar habitado por jesuitas que se dedicaban a labrar los campos y al pastoreo.
El pueblo está bastante cuidado y aún mantiene su característica de “pueblo” pese a tanto veraneante.
En una de sus calles hay varios puestos instalados ofreciendo muy distintas mercancías. Recuerdos, telas, cestos, cerámicas… Y varios puestos de alimentos de la zona y granjas cercanas. Como el de la Finca los Sueños que vendían quesos y chacinas artesanos, en donde hicimos provisión para los días futuros en la Puna Catamarqueña. Bastante buenos.
Nuestro alojamiento, por una sola noche, era La Estancia Los Cuartos, muy bien situado. Frente a la central de autobuses. Una antigua hacienda que ha conservado su esencia y ahora dedican al turismo de estancias con cinco habitaciones que parecen totalmente de otra época, pero que son cómodas y con buen ambiente. Nosotros nos alojamos en la Habitación de Mama Lola. Enfrente había otra habitación y para entrar en ambas había como un vestíbulo con su propia puerta y llave. Podrían ser muy bien para familias.


Pese a estar en el centro del pueblo parece un lugar apartado del mundo debido a que conserva bastante terreno con césped verde en el que pastan algunas llamas y en los árboles, en la mañana, se posaban bastantes pájaros. Junto a este terreno vuelca unas habitaciones con galerías porticadas que forman parte de un “Museo Experiencia” que se puede visitar, previo pago, aunque no se esté alojado en la estancia. Esta visita se acompaña con una audioguía que complementa la visita contando la historia de la casona, sus hábitos de vida, su cotidianidad….No pudimos verlo porque comenzaba más tarde de nuestra hora de partida.

Este alojamiento fue una de las mejores experiencias del viaje. La lástima es que tuvimos muy poco tiempo para disfrutarla. Llegamos por la tarde bastante avanzada y a la mañana siguiente nos fuimos muy temprano, en cuanto finalizó el desayuno.
En la mañana brillaba un sol matutino y hacía resaltar los tonos verdes de la vegetación y los colores de las edificaciones. Nada que ver con el día nublado y lluvioso del día anterior. Precioso.
Dejamos Tafí del Valle continuando por la RP307 que nos llevará en ascenso hasta el lugar llamado Abra del Infiernillo, situado a 3042 m. de altitud y a 22 km.de Tafí. Es un paso montañoso situado aún en la provincia de Tucumán que une el Valle de Tafí con los Valles Calchaquíes
Es un estupendo mirador para contemplar todo el valle de Tafí, las sierras del Aconquija, cumbres Calchaquíes… Las vistas alcanzan hasta la presa del Mollar y más allá.


El paraje cuenta con un gran marco de madera para las fotos. Y las banderas de Argentina y Tucumán que no dejan de ondear con el viento. Dicen que cada poco tiempo tienen que renovarlas. También un panel panorámico con el nombre de los puntos del valle y las montañas.

Este paisaje verde y, en muchas ocasiones nuboso, contrastará con el paisaje que nos encontraremos en adelante. El Paisaje de los valles Calchaquíes es mayoritariamente marrón o amarillento con manchones verdes y esos cielos nubosos darán paso a los cielos diáfanos y azules que tendremos hasta nuestro destino en la localidad de Belén, en la provincia de Catamarca.
Los paisajes desérticos después se vieron adornados, durante bastante trecho, por Los Cardones que se alzan en las laderas de las montañas, las quebradas.. Que nos trajeron bonitos recuerdos del Parque Nacional los Cardones en la provincia de Salta.
Los cardones son de crecimiento lento pero son bastante longevos. Un ejemplo de esa longevidad la muestra el que llaman Cardón el Abuelo. Esta señalado con cartelería y hay al lado un puesto en el que se venden productos artesanales. También ofrecen un baño, bastante precario, pero limpio, necesario en estos devastados parajes.


La RP307 continúa en la provincia de Tucumán hasta pasado el pueblo de Amaicha del Valle. Este pueblo que dicen que presume de tener el mejor clima, con 365 días de sol al año. En sus cercanías había un desvío para visitar las ruinas de Quilmes. Ambas las dejamos pasar pues nos quedaba mucho camino por delante.
Pasado el pueblo vimos un desvío hacia una carretera que continuando en ella hubiéramos llegado a Cafayate, ya en la provincia de Salta.
En la provincia de Catamarca la carretera enlaza con la RN40, la cual no abandonaremos en todo lo que nos queda de camino hasta Belén.
La mítica RN40 con la que nos volvemos a reencontrar. En esta carretera y ya cercano nuestro destino nos encontramos con la Quebrada de Belén, tramo de unos 11 kilómetros de carretera revirada que va acompañando al río Belén, el cual presenta un cauce ancho y hay unos cuantos miradores en los que se han instalado réplicas de animales de la zona, la liebre, vicuña, una pareja de suris, un quirquincho. En el 2020 fue declarada reserva natural.


La Ruta Nacional 40 es una carretera que recorre Argentina de norte a sur por más de 5.000 kilómetros. Y en todo ese recorrido son muchos los paisajes interesantes que atraviesa. Paisajes de una gran diversidad , atravesando desiertos, montañas, valles, lagos, glaciares. En nuestros dos viajes a Argentina hemos tenido ocasión de recorrer algunos kilómetros de su trazado.
La ciudad de Belén se alza en plena RN40.
Así queda muy bien indicado en el cartel anunciador de nuestro alojamiento en esta ciudad, “Las Cardas Posada”.






