En primer término hay que decir que en el barco abundan los cuerpos “Danone” de ambos sexos, de los que ves que ir al gimnasio es una rutina diaria. Por ello, cuando accedo a la parte de fuerza me choco con la cruda realidad: hay tanta gente como el otro día en el bus de Livorno. Por haber hay hasta turnos para usar las máquinas y lo de tener acceso a las pesas nos olvidamos porque, sinceramente, las dimensiones del recinto son mínimas para todo el público objetivo que podría potencialmente tener intención de usar las instalaciones. También influye que es mañana de navegación y que todos tenemos un hueco libre para dar rienda suelta a nuestros instintos primitivos de culto al cuerpo.

Como prueba palpable en estos momentos de cuerpo no normativo, que lo llaman ahora, y del que también hay muchos representantes en el barco, me busco la vida por allí entre tanto despliegue muscular y tengo acceso a alguna máquina rara que nunca había visto ni manejado. Complacido, me doy cuenta de que marcan los pesos en kilos y libras por lo que este año no tengo que andar haciendo conversiones para ver cuánto peso pongo. Ya asentado en la rueda de turnos tengo margen para observar el paisanaje y, claro, no podía faltar.
A ver cómo lo digo para no resultar ni faltón ni hiriente de manera gratuita: tenemos a una moza perfil Yola Berrocal pero más operada aún. La interfecta calza unas mallas unas tallas menos de lo conveniente y toda ella se mueve muy apretada por la sala. Como acompañante lleva un trípode que sujeta el móvil y al que habla y pone morritos al inicio y final de cada ejercicio. La liturgia postural empieza a hinchar las narices de los que allí nos congregamos porque está ralentizando el ritmo de los turnos pero la cosa se interrumpe cuando una chica se planta delante de ella y le suelta cuatro verdades (que no llego a escuchar porque estoy en la otra punta de la sala). La aludida se hace la ofendida, recoge los bártulos y se marcha, faltando un pelo para que nos pongamos a aplaudir y a hacerle la ola. Las cosas de los gimnasios…..
Como esto no cunde, la sala de bicicletas anda casi igual de petada y ya hemos hecho algo de gasto calórico, me voy al camarote por si acaso a mi acompañante le haya dado otra subida de tensión y estuviera allí reposando. Cuando entro me encuentro una sorpresa.

Pues sí, han cumplido y nos han traído lo prometido: champán para remojar las penas o brindar por las alegrías. Ya veremos qué hacemos con ello y en qué circunstancias porque ya decía Napoleón que “en la victoria, uno se merece champán. En la derrota, uno lo necesita”. Por lo demás está el camarote vacío por lo que entiendo que dentro de lo que hay el tema estado físico de mi acompañante no ha experimentado retroceso alguno.
Prosigo mi deambular por el barco y se me ocurre asomarme a la piscina/bañera, alias, Aquotic Club, y al que voy a acabar llamando el “Caotic Club”. Allí no cabe un alma y el espacio es claramente insuficiente para los que quieran disfrutar de un chapuzón así como para los quieran estar por las inmediaciones. Cosas del diseño de sus barcos que tiene Virgin….

Me encamino a On The Rocks donde hay programada una sesión de magia de cerca por parte de The Charmer, el mago a bordo. De camino al concurso esta mañana le hemos visto en el Sip Lounge, donde tenía otra sesión fijada, más solo que la una y haciéndole juegos a un pasajero. Tengo la secreta esperanza de que ahora sea igual y se trate de una sesión muy recogida con pocos participantes alrededor y que se disfrute el doble.

Mi gozo en un pozo porque aquello está bastante lleno y sólo consigo un asiento al fondo. Comienza el espectáculo y el mismo se basa en hablar mucho y en adivinar cartas, no en juegos de manos o similar. Como no es lo que esperaba y además llega la hora de la comida me marcho a The Galley a reunirme con mi acompañante y dar buena cuenta de lo que tengan a bien ofrecernos para hoy.
Cojo unos asientos algo retirados para estar más tranquilos y ya viene mi acompañante. Me comenta que se encuentra mejor, que ha hablado con su familia de nuevo y que no hay novedades porque la urbanización sigue evacuada y sin posibilidad de acceder a la misma.
Hoy hay ganas de hincarle el diente a las hamburguesas del lugar para ver si aportan algo distinto a lo de otros lares. Nos cogemos la especial del día: “El chimi republicano” (literal) con pan rústico, carne marinada, tomate a la parrilla y salsa chimi. El porqué del apelativo a “republicano” nunca lo sabremos aunque puede que sea un chiste aludiendo al Burguer “King”.

Pues puede ser que tengamos el paladar malacostumbrado de lo que llevamos de semana pero la hamburguesa es bastante simple y tampoco aporta nada quitando la salsa chimichurri. Para acompañarla he encontrado sopa de cebolla en “The Daily Mix” (y, siento decirlo, la de Royal Caribbean de las cenas es de otra galaxia comparada con ésta aunque buena está, no hay que negarlo) y mi acompañante le sigue dando fuerte al sushi. De postre pues volvemos a arrasar en “The sweet side” pero dejamos un hueco porque queremos ir a darle un nuevo tiento a la heladería “Lick me till Ice Cream”.
Esta heladería, ubicado junto a la pizzería, está en la cubierta 7 y presenta un numeroso catálogo de sabores que se pueden degustar con tarrina o con barquillo. Se pueden pedir varias bolas si quieres y ya el “gochismo” máximo es cogerte una tarrina con una bola, acercarte al Grounds Club, que está al lado, a por unas cookies de chocolate con smores, o normales con chips de chocolate, o con avellanas o de chocolate blanco o de chocolate negro, porque van variando, y hacerte un sándwich con el helado. Pecado de Dioses….

Tengo que confesar que en este aspecto me llevé algo de chasco la primera vez que probé los helados a inicios de semana. Porque visualmente tienen muy buena pinta y los sabores son sugestivos, lo que invita a pensar que son de aquellos que son pura crema en la boca y que se deshacen en la misma, pero cuando se prueban la textura no me acabó de recordar al helado artesano que me esperaba encontrar. Que están muy ricos es indudable pero quizás traía las expectativas demasiado elevadas. Y, puestos a comparar y para compensar con lo de la sopa de cebolla, son bastante mejores que los helados del Sprinkles de Royal Caribbean que te sirven en la piscina, siendo estos una delicia.
Ventilados los helados ya va llegando la hora de nuestra reserva del karaoke por lo que para allá que vamos.
Lo que sucedió en el rato inmediatamente posterior será puesto a disposición en la siguiente y animada etapa.