Tras reposar un poco de la comida llegamos a la conclusión de que cuando acabe el viaje vamos a tener que sufrir las consecuencias del Ojo de Sauron. En el argot y dicho finamente es lo que le pasa a uno cuando no para de hacer entradas y salidas de alimentos, sobre todo si llevan un componente especiado, y la fisonomía de una parte del cuerpo humano adquiere otro tipo de aspecto y sensaciones que identificamos el otro día a la vista del postre de jackfruit en el Ariya. Son las consecuencias de la dieta desordenada de nuestra parte y lo asumimos pero creemos que ya es tiempo de ir bajando el pistón para volver a la rutina alimentaria poco a poco.

Tras estas disquisiciones tan edificantes y propias de mentes cultivadas llegamos al karaoke un poco antes de la hora y por allí se oye barritar el “Sweet Caroline” a todo trapo. Salen cuatro angloparlantes cargadas de copas, nos dicen que vayamos calentando motores y amígdalas y se marchan con su música a otra parte.
Hoy hacemos un variado pasando varias carpetas y tocando distintos estilos, así como idiomas (no me resisto a cantar el “Ti sento” de Matia Bazar que está en el catálogo. Tenía que hacerlo.). Lo malo de venirte arriba desde la primera canción es que llegas desfondado al final de la sesión y te flojea a la vez el habla y hasta el cuerpo.
Se nos acaba la hora con “La Puerta de Alcalá” de Ana Belén y Víctor Manuel y como nadie llama a la puerta dejamos puesto el “Boys, Boys” de Sabrina para que tengan una calurosa bienvenida los que a continuación vayan a usar la sala. Lo hemos pasado de nuevo muy bien y hemos echado un rato divertido.

Tras el titánico esfuerzo en el que incluso el micrófono parece una mancuerna de cinco kilos toca remojar cuerpo y gaznate en el Caotic Club y su bañera. Menos mal que está pinchando nuestra musa Dj Ella y aunque el volumen de la música roza la estridencia la calidad lo compensa con creces. Se nota que ya la gente se está preparando para bajar a Ibiza en cuanto atraquemos porque ya ha menguado en los alrededores de la zona la afluencia de pasajeros. Mientras tanto, por los ventanales se adivina ya la costa de la isla Pitiusa.

Conseguimos un par de tumbonas a la sombra y nos acercamos al bar a pedirnos algo fresquito y así recobrarnos del esfuerzo a que hemos sometido nuestras cuerdas vocales. Hoy, por la medicación contra la tensión, cambian las tornas en cuanto a quién se pide sin alcohol y quién con alcohol por lo que cae un Un-Punch con piña, naranja, frambuesa, lima e hibisco y un Club Mojito de arándano con ron blanco. En la hamaca reviso en la aplicación de Virgin cómo vamos de Bar Tab y lo que nos falta por consumir y algo no cuadra. Como se puede ver el desglose de los gastos, saco el mismo y comprobamos que han cobrado el cocktail sin alcohol como sí lo llevara (y, por tanto, con un coste superior). ¡Mira que cuando pedimos no sólo lo digo verbalmente sino que también cojo la carta y lo señalo con el dedo para que no haya dudas….! Me vuelvo a la barra, explico lo que sucede, lo hablan entre los camareros y proceden a rectificar el cargo. Me pasan el lector por la pulsera y ya se queda registrado.
Procedemos a libar de las copas y mi acompañante se echa a reir porque, a él no le engañan, el cocktail sin alcohol sí lleva alcohol y se nota. Es decir, nos lo habían cobrado bien pero lo que no estaba bien es la comanda. Bueno, me dice, me sacrifico por la causa porque está muy bueno y poco alcohol llevará como para interferir en la medicación.

Nos abandonamos a la música y al alcohol mientras empiezan a rugir aviones sobre el cielo de la cubierta y es que parece que hoy también vamos a llegar a puerto antes de tiempo. A estas horas ya la bañera está prácticamente desierta y, por fin, podemos hacer unos largos un poco cortos sin molestar a nadie y sin que nos molesten. La pega de meterse a estas horas es que el agua está algo turbia y tiene una fina capa de grasa en la superficie provenientes en ambos casos de la humanidad que se ha sumergido a lo largo del día y de los aceites bronceadores que se han ido quedando en el camino. Nada que una buena ducha no elimine dentro de un rato….
Un tema que aún no he tratado es la terminología propia usada en la naviera y en los barcos, en particular, y que habrás podido darte cuenta, estimado lector, durante este diario. Alguna es de designación y otra son juegos de palabras.
Algunos ejemplos de designaciones.
. A los pasajeros se les llama Sailors y la bienvenida no es ¡Hello! sino ¡Ahoy!
. Los baños no son Toilets sino que se les llama Heads.
. El diario de a bordo se llama Line Up.
. El equipo de animación son los Happenings.
. Los pasajeros con nivel de fidelización son los Rockstars.
. Los pasajeros que viajan por primera vez en la naviera son los Virgin Virgins.
Algunos ejemplos de juegos de palabras.
. El lugar donde te puedes hacer tatuajes a bordo se llama Squid Ink (tinta de calamar).
. El restaurante italiano se llama Extra Virgin (aceite virgen extra y la marca Virgin).
. La heladería se llama Lick me till….Ice cream (lámeme hasta….. el helado).
. A algunas suites a bordo se les llama Seriously (de verdad, de verdad, son suites).
. La zona mejicana de The Galley se llama Let´s taco about it (juega con la expresión Let´s talk about it: hablemos de ello).
. Hay un cóctel con miel que le llaman el Bees Please (abejas, por favor).
Esta forma de usar los dobles sentidos verdaderamente me fascina y le da un toque diferente a la naviera. Y aunque sea en inglés.
Esta tarde es un poco rara en la vida a bordo porque hay una ausencia generalizada de actividades. Como se presupone que el noventaitantos por ciento del pasaje va a bajar esta tarde-noche a Ibiza y el barco se va a quedar prácticamente desierto pues ni hay teatro, ni hay entretenimiento, ni nada que implique atender las necesidades de un alto número de personas, quedándose la cosa en lo que puedan ofrecer, por ejemplo, los músicos que tocan en directo.
Nosotros lo que vamos a hacer esta noche es cenar pronto y luego bajar a Ibiza en plan tranquilo, pasear por el puerto, tomarnos algo y ya lo que surja pero la idea no es ir de macrofiestas o eventos hasta la madrugada. Por tanto, regresamos al camarote donde ya vemos por el balcón que el Valiant Lady ha atracado y al otro lado del muelle se encuentra el crucero MSC Música.

Es curioso el valor que da la perspectiva de la comparativa. El Valiant Lady da la impresión de ser una mole imponente así visto en solitario pero es que al lado tenemos otro barco de crucero que es todavía algo más imponente que el nuestro, el MSC Música de la clase de su mismo nombre que tampoco es que sea de los más grandes que navegan por el Mediterráneo. Aun así nos saca una cubierta de alto y parece que somos poquita cosa a su lado.
Hoy tenemos reserva para cenar en el restaurante asador The Wake y para allá que vamos. La tripulante que nos recibe en la recepción nos da las buenas noches y yo le replico que más bien son buenas tardes porque son las 20:00 y nos está pegando un solazo por los ventanales que dan ganas de volverse de nuevo a la piscina. La tripulante se ríe, está de acuerdo con la apreciación y nos desea que disfrutemos de la velada.
The Wake está decorado como un restaurante del Estados Unidos de antes de la Depresión. Muy chic, con puntos art-decó, con mucha luz y mucho dorado. El camarero nos trae la carta y también nos trae recuerdos de anteriores cruceros: coge con delicadeza las servilletas de la mesa y nos las pone en el regazo. Ésta será la única vez que veremos este gesto en el Valiant Lady porque en el resto de restaurantes ha habido más “informalidad” en el trato de los camareros con los comensales. No había uno reparado en este gesto, tan común en otras navieras, pero es verdad que, siendo innecesario, parece que le da mayor empaque al momento simplemente por la puesta en escena. Luego al hombre se le olvidó traer los cubiertos por lo que tuvimos que estar detrás de él, con los platos en la mesa, para que los trajera. Una cosa por la otra.
La carta cuenta con entrantes, principales de pescado y carne, guarniciones, salsas y postres. A saber:
ENTRANTES
- Crema de almejas con patatas, bacon y cebollino.
- Flan de maíz con ensalada de judías pintas, tomatillo, pimiento y cilantro.
- Ensalada mixta con bacon ahumado, huevo duro y queso azul.
- Hamachi crudo: tartar de pez limón marinado con cítricos y acompañado de ruibarbo, hibisco y albahaca.
- Tuétano asado con cebolla roja encurtida y hierbas frescas.
PRINCIPALES
- Polenta crujiente con pimiento morrón asado, espinacas y crema fresca.
- Calamares con sémola, bacon ahumado, salsa de tomate con alcaparras y pimienta.
- Salmón del Atlántico asado con remolacha, puerros a la parrilla, caviar y salsa de yogur al limón.
- Dorada a la sal al horno con salsa de mantequilla al limón y alcaparras.
DE LA PARRILLA
- Pollo asado a las hierbas.
- Filete de entraña.
- Filet mignon (solomillo de ternera).
- Filete de lomo estilo Nueva York.
- Chuletas de cordero de Nueva Zelanda.
GUARNICIONES
- Champiñones asados a la mantequilla.
- Espárragos verdes con salsa de guindilla.
- Espinacas a la crema.
- Patatas fritas.
- Patata doblemente horneada con cebolla caramelizada.

Como hemos hecho propósito de enmienda para lo que queda de crucero nos portamos bien comparándolo con otros días. Caen la crema de almejas y el tuétano, así como los calamares, la dorada y el cordero, acompañados de champiñones y patata al horno. La crema está suavecita y con mucho sabor a marisco y el cordero está realmente tierno. El tuétano, que se ha puesto de moda últimamente, me parece que está sobrevalorado para lo que ofrece y la dorada viene con su servicio correspondiente en mesa con la retirada de la costra de sal y desespinado. También está deliciosa.
La cena transcurre sin novedad y a nuestro lado han puesto una pareja de ya entrada edad que van echándole el ojillo a nuestros platos para decidir sobre su comanda. Visualmente, como todo en toda la semana, todo es impecable: menaje, copas, cubiertos, decoración. Cada restaurante tiene su toque y no se repiten platos o cubertería en ninguno de ellos.
De lo que sucedió el resto de noche se contará en la próxima y calurosa etapa.