El faro de la popa va encendido,
se apaga el eco de la noche ardiente,
el barco de diseño y de agua ardiente
regresa a puerto con el sol rendido.
Atrás queda el brindis compartido,
el mar que nos rodeaba tan clemente,
la música vibrando en la corriente,
el tiempo que en la espuma se ha perdido.
La estela del coloso de escarlata
se borra en el mare nostrum que evoca
aquella libertad limpia y sensata.
Se quita la pulsera que convoca
el mágico recuerdo que nos ata,
y un beso de salida que nos toca.
se apaga el eco de la noche ardiente,
el barco de diseño y de agua ardiente
regresa a puerto con el sol rendido.
Atrás queda el brindis compartido,
el mar que nos rodeaba tan clemente,
la música vibrando en la corriente,
el tiempo que en la espuma se ha perdido.
La estela del coloso de escarlata
se borra en el mare nostrum que evoca
aquella libertad limpia y sensata.
Se quita la pulsera que convoca
el mágico recuerdo que nos ata,
y un beso de salida que nos toca.
La salida está en la cubierta 7 a la altura del atrio, donde embarcamos, y por tanto lo tenemos sencillo porque sólo es una cubierta de descenso. Hay que decir que durante toda la semana los ascensores han sido muy ágiles y apenas hemos tenido que esperar para coger alguno que nos interesara. También hemos usado las escaleras, que conste.
Con prontitud cogemos el ascensor que nos llevará fuera del barco.
Con prontitud cogemos el ascensor que nos llevará fuera del barco.

Y ya es seguir la procesión de maletas que recorre el pasillo del Social Club y el Grounds Club para alcanzar la rampa de salida. ¡Qué buenos momentos hemos vivido paseando por estos rincones….!
La verdad es que no vemos aglomeraciones y hay mucha tripulación para ir ordenando el flujo de personas por lo que el proceso se desarrolla bastante rápido.

Nos despiden a la puerta y bajamos por la pasarela hasta la terminal B del Moll Adossat de Barcelona porque, no lo he comentado, no hemos vuelto al WTC desde donde salimos la semana pasada sino que hemos atracado en las terminales nuevas del puerto de cruceros propiamente dicho. La pega de esto es que estamos más lejos de la estación de Sants y lo de coger taxi va a estar más complicado.
Efectivamente, al pisar tierra nos damos cuenta de que menos mal que hemos salido con tiempo de sobra porque hay mucha cola en la espera a los taxis dado que ya hemos visto esta mañana por la cámara de proa que también está al lado del Valiant Lady el Costa Toscana y el EPIC de NCL y ello supone que haya más demanda de pasajeros que desembarcan prácticamente a la misma hora.

Pero el tema es que también, a popa del Valiant Lady, está un viejo conocido: el Harmony of the Seas. Se me pone un nudo en el estómago porque viajé hace cinco años en este barco justo después de la pandemia la última vez que estuvo en Europa y me trae recuerdos de toda índole porque desgraciadamente la vida ha cambiado mucho desde entonces y ésta fue una bonita experiencia con quien se compartió entonces.
Dándole aún vueltas a este tema que me hace no parar de mirar la silueta del barco de Royal Caribbean y empapándome de todo lo que hay a la vista y haciendo memoria de cuando estuvimos, nos ponemos en la fila de los taxis y toca esperar. Van viniendo en oleadas pero tienen que dar servicio a las cuatro terminales y el pasaje a plena capacidad de estos colosos marinos puede rondar perfectamente las quince mil personas, si sumamos todas las embarcaciones, y con que sólo un mínimo porcentaje vaya a necesitar los servicios de taxi pues se va a ralentizar la salida del puerto.
Tras una espera de unos quince minutos, nos toca el turno y tiramos para la estación de Sants para coger el tren de las 10:45 (son como las 09:40). Nos comemos todos los semáforos de Barcelona pero al final llegamos a la estación y localizamos el andén de nuestro tren.

Tras esperar en la cola accedemos al vagón, dejamos el equipaje y ahora a esperar que tengamos un viaje tranquilo y coincidamos con pasajeros que no den la murga. Los buenos deseos se quedan en eso porque en los asientos aledaños se sienta una familia al completo de rasgos orientales y el infante de la familia justo detrás por lo que se barrunta tormenta.

Como quien evita la ocasión evita el peligro, conviene dejar sentadas las bases desde el principio. Para ello hago contacto visual con el zagal, un gremlin en potencia, pongo la cara más seria que puedo representar, le sostengo la mirada y hago un gesto de silencio para ver si capta que se tiene que estar calladito y tranquilito todo el trayecto, utilizando la técnica “Robert de Niro” del “te estoy vigilando”.
Sale el tren con unos cinco minutos de retraso y la tranquilidad dura prácticamente lo mismo. El mozalbete empieza a agitarse, chillar, llorar y toda su parafernalia y la madre, para variar, tira de tablet con dibujitos para que se calme. Afortunadamente, parece que surte efecto y el resto del viaje más o menos se portó.
Continúa el recorrido con sus tracatrases y sus paradas, alcanzando velocidades destacables para lo que es la línea en la actualidad pero al final las tres horas y media no nos las quita nadie.

Durante el trayecto actualizamos la evolución de los incendios. En el grupo de wasap de la urbanización se cuenta que los vecinos que estuvieron por la mañana de ayer se tuvieron que marchar más tarde debido a la inestabilidad de la zona y que la UME estuvo por allí durante toda la noche para intentar estabilizar el foco. Por lo demás, en este día en el que nos encontramos, domingo 26 de julio, el avance de las lenguas de fuego procedentes del incendio de Ávila provocó un recrudecimiento de la situación en la zona del Valle del Tiétar y también en un enclave estratégico de la sierra oeste madrileña como es el embalse de San Juan, donde la devastación había sido total. En los siguientes días la situación se estabilizó y por fin se extinguieron los fuegos pero el panorama que ha quedado tanto en Madrid como en Avila, en las zonas afectadas no se curará en lustros. Conociendo como conocemos la zona se te abren las carnes con las imágenes de cómo ha quedado todo y sus consecuencias a corto, medio y largo plazo. Esperemos que el tiempo lo sane todo.
Llegamos a Madrid-Atocha en el horario previsto por nosotros, no por IRYO, y nos despedimos efusivamente. Ya habrá tiempo de hacer balance pero volvemos satisfechos de la experiencia de la semana, con sus claros y sus sombras. Hasta la próxima.
Conclusiones que nos deja el día:
. Es conveniente no apurar el desembarque en previsión de incidencias, tráfico, retrasos y demás, así como contar con imponderables como un cambio sorpresa de puerto de atraque, que fue nuestro caso.
. Para ahorrarse la marabunta del desayuno del día de desembarque, a toro pasado, me habría levantado algo antes y me hubiera ido a The Wake o Ariya a desayunar en restaurante de manera más tranquila. Al final, como quien no quiere la cosa, me he quedado sin probar el pastel de crepes de The Wake o repetir el bacon ahumado de Ariya.
. Conviene aligerar a la hora de acceder al vagón cuando se lleva equipaje grande porque los sitios disponibles son limitados y como te retrases ya todo el mundo ha llenado los sitios y luego es más complicado ubicar las maletas.
. Y hasta aquí llega, estimado lector, el relato de este viaje, aunque aún resta exponer el resumen del mismo y la valoración de los diferentes aspectos que se incluyen en la experiencia. Una vez más, muchas gracias por haber seguido día a día las peripecias vividas y espero que, de alguna forma, te haya hecho copartícipe de las mismas y te haya resultado tan útil como entretenido.
Postdata: también cabría la posibilidad de que la sensación que pudieras tener a la finalización de todas estas etapas es la que se relata de la conversación, probablemente apócrifa, de nuestro Napoleón con unos cortesanos y que ahí dejo, expresándote mis disculpas por ello si fuera el caso:
Napoleón: "¿Qué dirá la gente cuando muera?"
Primer cortesano: "Sire, dirán: 'El mundo ha perdido al más grande de los hombres.'"
Segundo cortesano: "Sire, dirán: 'El pueblo ha perdido a su padre.'"
Tercer cortesano: "Sire, dirán: 'El eje de la tierra se ha desplazado.'"
Napoleón: "Se equivocan por completo, señores. La gente dirá: "¡Uffff!"'