Finalizada la narración del viaje toca hacer una recapitulación del mismo. Para ello voy a tratar en una serie de puntos un resumen acerca de todo lo experimentado. Lo voy a enfocar como si fuera la encuesta post-crucero que las navieras suelen mandar para recibir información del viaje realizado y que, en esta ocasión, Virgin Voyages no se ha dignado en remitir. He de decir también en honor a la verdad que, durante el viaje, en la aplicación iban saltando mini encuestas sobre la actividad realizada o sobre el restaurante al que se acababa de acudir pero, claro, no te vas a parar a rellenarla en medio de la discoteca o comiéndote el postre, por lo que las fui desechando a la espera de la encuesta general tras el viaje que no ha llegado y no llegará.
Por decirlo todo, ante la no recepción de la encuesta, escribí a atención al cliente de Virgin Voyages porque no se me olvidaba la cuestión. Ya lo decía el Gran Bonaparte: "Una cabeza sin memoria es como una fortaleza sin guarnición”. Y decir que me han contestado con un correo en el que me indican que deje mis impresiones del viaje, respondiendo al mismo, y que ellos se lo harán llegar a quien corresponda. A saber…. No obstante, les contestaré con todo lo que a continuación voy exponer, previa traducción al inglés con el fin de que no se emboliquen.
Allá vamos con el tocho:

. Viaje en su conjunto: Ha sido un viaje bastante interesante porque ha colmado las expectativas habidas en el sentido de probar algo distinto a las navieras generalistas y tocando puntos que pudieran ser de nuestro interés como la ausencia de niños, la buena comida y entretenimiento diferente. Por ello, le puntuaría como un 8.
Me voy ahora a fijar en aspectos más concretos.
. Transporte hasta y desde el punto de embarque y a lo largo del viaje: No hemos tenido incidencias más allá de los retrasos puntuales en los trenes. Tanto la ida como la vuelta en los trenes de alta velocidad han sido correctos teniendo en cuenta las limitaciones de velocidad existentes y lo primordial es que no nos hemos quedado tirados por el camino. Luego los transportes en las ciudades de escala se han dado relativamente bien partiendo de que en Italia el tema ferroviario es un poco lotería por lo que también se le puede dar por aprobado. Y lo del tema de Livorno, que era lo que tenía yo más miedo, al final fue mejor de lo esperado.

. Embarque: Fluido y mejor de lo esperado teniendo en cuenta lo estricta que es esta naviera en cuanto a los tiempos de reserva y acceso al barco. Mucho personal para recoger las maletas, para atenderte en el checkin y para informarte de lo que se precisase a pie de terminal. Lo puntuaría como un 9.
. Vida a bordo y organización: Teniendo en cuenta que el barco iba completo, la verdad es que muy bien pero también hay que tener en cuenta que el pasaje a bordo no es tampoco una barbaridad y eso se nota. Apenas hemos tenido que esperar para encontrar mesa en The Galley o esperar en la reserva de los restaurantes aun yendo antes del tiempo estipulado. Sí ha habido algo más de espera para coger hamacas en las piscinas y zonas adyacentes o sitio libre en los jacuzzis que, también hay que decirlo, muchos no funcionaban como tal. No ha habido colas de ningún tipo para bajar a tierra o al regreso de la excursión de turno y, básicamente, hemos hecho lo que teníamos pensado o nos ha apetecido sobre la marcha. Por el contrario, como nota negativa, temas puntuales como las reservas o el asunto de la entrada al camarote. Lo puntuaría como un 8.
. Música: un punto fuerte del crucero. No sólo por los temas que se han puesto a bordo sino por quiénes lo hacían posible en forma de Dj, salvo excepciones. Temas de primera línea y no de los de rascar el barril menos conocidos tanto en las fiestas como en el hilo musical en las zonas comunes y en los pasillos. Es que ibas paseando por las cubiertas y sonaban canciones representativas de todas las décadas y no mero sonido ambiente.
Mi puntuación es un sobresaliente bajo, pero sobresaliente. Un 9.
. Tripulación: cumplidora a la vez que desapercibida. Están ahí, cumplen su cometido pero nada más (y nada menos). Si desglosamos la cuestión:
A – Cabinista: Salvo los momentos iniciales ha hecho lo que tenía que hacer y ni ha destacado ni dejado de destacar. Hola y adiós por los pasillos y poca cosa más. Eso sí, que no sé si será de su cometido, el balcón estaba algo dejado en cuanto a limpieza. La puntuación sería un 8.
B- Camareros: pues dependiendo de su ubicación, mejor o peor. En The Galley no se escaqueaban y estaban pendientes de tomarte la comanda en cuanto veían la banderita de la mesa subida y se preocupaban de que todo fuera llegando a la mesa. Les doy un 9. En los bares y otros sitios de restauración rápida he apreciado un poco de piloto automático y de ir a lo suyo por lo que les daría un 7. En los restaurantes, salvo en el Ariya donde fueron excepcionales, también cumplidores sin más con un trato ni demasiado afectado ni demasiado informal aunque se les notaba algo de pasotismo porque, al fin y al cabo, no es como otras navieras que todas las noches tienes atendiéndote al mismo personal y ya entablas una cierta relación de confianza. Les daría un 8.
C – Atención al cliente: quizá lo más flojo no sólo por las veces que hubo que pasarse por allí y que al final es tiempo perdido en las vacaciones sino la actitud de darles un poco igual cómo se solucionara la cuestión. ¡Como está la aplicación….! Un 5 raspado les doy y eso que tuvieron el detalle del champán.
D – Monitores y happenings: aquí sí que yo me esperaba otra cosa porque había leído que había mucha interacción con el pasaje. En nuestro caso, la relación ha sido nula pero es que tampoco les hemos visto demasiado a lo largo de la semana salvo en los eventos grandes. También hay que decir que hay actividades autoasistidas sin nadie con los que coincidir y que tampoco hemos participado en concursos u otros eventos. Les doy un 6.

En general, hablando de la tripulación en su conjunto, habría que darles una nota alta porque salvo hechos puntuales han estado ahí pero si echo la mirada atrás no es algo que destacaría especialmente. Tampoco es necesario que te hagan la ola, que te saluden al pasar o que te abran la puerta pero si comparo con Royal Caribbean, por ejemplo, aquí he notado algo menos de entusiasmo por así decirlo. Que lo otro, ojo, también puede ser un entusiasmo falso y forzado.
Por cerrar el tema de la tripulación me ha parecido curioso lo informal de los uniformes, porque realmente no sabías con quien te estabas cruzando, y la permisividad en cuanto a la estética: rastas, piercings, tatuajes a simple vista o barbas de hipster. En este último caso, llevaban unas redecillas que impedían caídas de elementos pilosos inoportunos. También la perpetua consulta, cuando te servían cualquier cosa, de si tenías alguna alergia. Que está bien para evitar historias pero ya llegaba a ser muy pesado. Una señora a mi lado esperando cola le comentaba a una amiga que se iba a hacer un letrero de “no tengo alergias” o algo parecido y que se lo iba a poner en la solapa para evitar el momento.
. Camarote: Funcional en el día a día pero los he probado mejores tanto en espacio como en prestaciones, siendo de la misma categoría. Lo de la posición de las camas sigue pareciéndome extraño dentro de la comprensión del diseño o la escasez de elementos de almacenamiento en algún espacio pero luego ha tenido otros puntos fuertes como la fuerza del frigorífico o la amplitud de la ducha, comparado con otros barcos. La domótica la hemos pasado por alto, prácticamente, por lo que no ha representado tampoco un plus. Las camas cómodas y el elemento diferenciador de la hamaca también son positivos. Le daría entre un 7 y un 8.

. Domótica, nuevas tecnologías y comunicaciones: me centraré en la aplicación y en el camarote.
La,aplicación de la naviera ha funcionado unas veces mejor y otras peor porque el wifi se conectaba y desconectaba a voluntad y la información facilitada, por tanto, no era accesible. Tampoco es que haya sido una cosa que nos haya entorpecido.
En las cabinas sí hay que destacar que hay cargadores y enchufes para aburrir, sobre todo puertos USB, por lo que se agradece cuando llevas muchos dispositivos.
Le daremos un 8.

Las comunicaciones a través de la megafonía han sido testimoniales y eso que hemos ganado en tranquilidad. Se ha circunscrito a temas de embarques y desembarques y poca cosa más. Eso sí, sólo en inglés.
. Pasajeros: hemos coincidido con una mayoría anglosajona, predominando los estadounidenses y británicos. También con más españoles de lo previsto y algún latinoamericano pero el porcentaje ha sido ése. Por lo demás, aparte de las interfectas en la charca-jacuzzi del primer día, corrección y educación a nivel general. Por supuesto, lo de saludar al entrar y salir en el ascensor ya nos olvidamos en los tiempos que corren.
También hay que decir que nos hemos perdido, por razones diferentes, las dos fiestas más emblemáticas de Virgin Voyages, la Pj Party y la Scarlet Night, y es donde más se desfasa por lo que puede que esta apreciación anterior no se aplique dependiendo de lo que suceda en ellas.
Otro punto al respecto de este tema es la “fama” de esta naviera en cuanto a quién suele viajar en sus barcos: adictos a las bacanales, usuarios de los intercambios de pareja o exclusivamente miembros del colectivo LGTBI. He de decir que por lo que he podido vivir a bordo no ha habido nada fuera de madre, ni muestras de afecto más subidas de tono que otras que te puedas encontrar en cualquier otro lugar ni nada que te pudiera provocar el girar la cabeza en un momento dado. Ambiente adulto pero responsable, por lo menos en las zonas comunes y con la interacción con otros pasajeros.
Y relacionado con el asunto y con el tema del idioma, que trataré luego, la pena de no haber podido interactuar más con otros pasajeros. Un ejemplo, un día llevaba yo una camiseta con el logo del mítico ordenador personal de los 80, el Sinclair ZX Spectrum. Pues subimos a un ascensor y uno de los que estaba ya allí con pinta de inglés se quedó mirando y nos comentó que era uno de los míos y que tenía uno en casa. Bueno, luego dijo que más de uno y que realmente eran ocho y su mujer, que estaba al al lado, se echó a reir. Alguna consideración más cruzamos pero el idioma da lo que da y el tiempo en el ascensor también pero en otras circunstancias sería con una persona con la que podrías tener una amigable conversación aunque fuera sólo sobre este tema y eso no se produjo.
Por último, por si sirve orientación, la media de edad a bordo yo la pondría en una horquilla entre los treinta y pocos y los cincuenta y muchos. Muy poca gente menor de treinta años y algo más de los sesenta para arriba.
. Estado del barco: teniendo en cuenta que hace mes y medio el crucero ha pasado por dique seco y que el barco tiene muy pocos años las zonas están impecables. Todo limpio en apariencia porque no ando pasando el dedo por donde paso, salvo lo ya comentado del balcón, y bien conservado. No ha habido nada roto, raído, con manchas o con mal aspecto. Por decir algo, en los butacones del atrio, al final del viaje, se sentía cierto olor a choto pero, claro, son lugares concurridos y que tienen mucho trote. Y, por lo demás, un barco muy asequible para recorrerlo andando ya que no hay grandes distancias entre los extremos más alejados.
Le daría una puntuación de 9.

Dato curioso: He echado de menos los carteles en el suelo de los ascensores con el día de la semana para saber en qué día vive uno. Eso se paliaba con la proyección en la pared del ascensor pero es un detalle clásico que tiene su aquél.
Y como esta disertación está quedando muy larga porque, para variar, se me va la prosa pues continúo con el resumen y las conclusiones en la próxima y recapituladora etapa.