Nos despertamos pronto porque hoy toca excursión. El día anterior nos pasaron un tríptico con las diferentes opciones que podíamos elegir. Optamos por ir a Naldhera para estar así un poco más cerca de los Himalayas.
Encargamos por teléfono, mientras nos arreglamos, el desayuno y media hora después aparecemos sonrientes por el comedor. Momentos antes en las noticias había visto imágenes de un accidente de tren, pero como no entendía el idioma... tampoco presté mucha atención. Sin embargo, al llegar a recepción, vemos como de un expositor cuelgan varios periódicos en inglés. La foto en portada: el tren descarrilado de Shimla. Qué fuerte! Era verdad! Si no se puede ser tan desconfiado... pero es que te la clavan tanto por todas partes que al final no te fías ni de tu sombra.
La noticia explica que el tren se descontroló ya que fallaron los frenos y fue cogiendo velocidad hasta que finalmente volcó quedando atrapado entre un hueco de la montaña. Suerte que no cayó al vacío. Aún así hubo un muerto y unos cuantos heridos leves. Menudo susto! Ahora se investigan las posibles causas pues no hacía mucho que había sido revisado el sistema. Nos quedamos un periódico de recuerdo y pedimos perdón mentalmente a la chica de la estación por todas las teorías malévolas que nos inventamos.
Tras el desayuno nos espera el taxi para hacer la excursión. La carretera tiene unos agujeros que parecen plazas de toros, pero el conductor los sortea sin problema alguno. Atravesamos pequeñas aldeas de montaña y finalmente llegamos a nuestro destino. Si quieres (y pagas, claro!) te suben en burro hasta la cima de la montaña; pero "pa burros" ya estamos nosotros. Así que echamos a andar montaña arriba. De nuevo agradecemos el sosiego, la paz y sobre todo el aire puro. Pasamos por el que es uno de los campos de golf más antiguos del mundo, siguiendo la huella marcada por los que han pisado el sendero antes que nosotros. También hay excrementos de burro y... eso no falla! Vamos por el buen camino! En la cima hay una especie de merendero. Llegamos hasta el fin del camino y nos sentamos a observar la cordillera más grande y elevada de la Tierra. Por el momento es lo más cerca que la veremos, pero quizás en un futuro... la podremos contemplar mejor. Cientos de agujas blancas se alzan erguidas en la lejanía, majestuosas, inalcanzables.

Regresamos al parking y camino de vuelta a Shimla. Le pedimos al conductor si nos puede dejar en el centro en lugar de llevarnos al hotel. Comemos en un restaurante de la calle principal y regresamos a casita a descansar un poco. En una de las tiendas vemos al primer Papa Noel de la temporada. Nos resulta curioso ver al hombrecito rojo por aquí arriba,
Después de la siesta nos damos otro buen paseo y cotilleamos los diferentes mercadillos. Teníamos grandes esperanzas de compras pero me parece que la cosa está floja. Para el mercadillo tibetano (de ropa de marca falsificada) el pobre Jose y los de su tamaño no existen porque todo son tallas pequeñas; por lo que se queda más desilusionado que menos.

The Mall arriba, The Mall abajo. Ya somos 2 más del pueblo (no se ve mucho turista occidental). Las horas pasan rápido. Cuando cae la noche la temperatura baja bastante, tanto que nuestras sudaderas no son suficientes y vamos tiritando de frío. Al pasar por una tienda tibetana vemos unas mantas muy coloristas que nos gustan. Negociamos el precio y nos las enrrollamos al body rápidamente. Regresamos al hotel para disfrutar de nuevo de nuestra exquisita y abundante cena; así como también de la agradable charla con el camarero, que es verdaderamente una delicia de señor. Y una noche más, contemplamos en silencio el cielo estrellado que cae como un manto sobre la calmada y sosegada Shimla.