Las Huacas del Sol y de la Luna son un yacimiento arqueológico de los más importantes de la región. Son templos de la cultura mochica con una antigüedad de más de 1500 años, 700 años sobre los de Chan Chan, que veríamos después.

Está formado por dos huacas separadas 500 metros entre sí. Entre ellas estaba la ciudad.
Y fueron descubiertas no hace demasiado tiempo, unos treinta años. Se descubrieron por azar. Estaban cubiertas en su totalidad y parecían unos cerros que hasta eran utilizados para hacer caminatas

Los arqueólogos piensan que la Huaca de la Luna era el centro religioso y ceremonial y la Huaca del Sol el centro administrativo. Esta es la más grande, pero no se visita porque aún no se encuentra excavada ni investigada.


Así que el objeto de la visita es la Huaca de la Luna.
La conforman tres plataformas y tres plazas, delimitadas por grandes muros de adobe. Las construcciones están superpuestas y fueron construidas en diferentes períodos. Cada vez que llegaba un nuevo mandatario mandaba enterrar y sellar el templo anterior para comenzar de cero una nueva construcción con sus nuevas indicaciones.

Por sus diversas capas se han descubierto frisos de figuras estilizadas en todos los niveles, estando muchas de ellas bien conservadas por los niveles construidos posteriormente.

Lo más destacado de los edificios son los relieves en sus pinturas murales de colores que representas figuras zoomórficas y, sobre todo, los atributos y características de la divinidad moche Ai apaec, el dios degollador, que ya habíamos tenido el gusto de conocer en el complejo de El Brujo.

Una de las pruebas de que la huaca era centro ceremonial y religioso es el altar ceremonial del último templo construido en el que fueron descubiertos los restos de guerreros sacrificados. En su fachada se puede observar unos personajes como la deidad de las montañas con cinturones terminados en cabeza de cóndor, zorros con cabezas de trofeo, pescadores, cangrejos con cuchillos ceremoniales. Sacerdotes…. Figuras que han ido relacionando con el culto al agua, a la fertilidad agrícola y a los sacrificios realizados en ese templo.


A destacar también el que llaman mural de los mitos.

La policromía de las pinturas murales la conseguían los moches de óxido de diferentes minerales: amarillos, (la limonita), rojos (hematita), arcilla (el blanco) y el carbón (el negro).
El material de construcción era el adobe. Se ha observado en muchos de ellos la marca de la comunidad que lo fabricaba.
Desde una terraza se ven vistas bonitas de la Huaca del Sol y de los alrededores.

En el lugar también se encuentra el Museo Huacas de Moche (o Museo Santiago Uceda Castillo) que tiene salas con objetos de las excavaciones, investigaciones como la de los sacrificios que se realizaba para pedir el favor de los dioses en las épocas de sequía o de las lluvias torrenciales del fenómeno El Niño, y en otra se muestran los restos de la tumba de un sacerdote y algún entierro moche. Pero también tiene un espacio comunal, un centro de investigación y un teatro.
Nos volvimos a Trujillo. En alguno de sus barrios nos pararon para comer. Como no nos gustó el restaurante al que nos llevó la guía, era muy turístico y con precios turísticos, nos buscamos la vida muy bien en un restaurante de locales.
Después de la comida nos vamos dirección Huanchaco. Antes de llegar nos paramos para visitar Chan Chan