Hoy tocaba madrugar el tren salía teóricamente a las 4:55, en la práctica fue más de hora de retraso.
El procedimiento de la estación aquí consistió en billetes, pasaportes y scanner de maletas, pero no de mochilas de mano. Tras el buen rato de espera, llegó el tren, este ya es uno de la época soviética larguísimo, nos tocó recorrer una muy buena parte del andén, nuestro vagón era el nº 7 el que tiene cabinas privadas de dos camas. El espacio es pequeño pero cómodo, te dan una bolsa con la ropa de cama. En algo más de 6 horas estábamos en destino.
En Khiva no funciona la aplicación de taxi, por lo que tocaba preguntar precios y regatear, tras indicar cual era nuestro hotel llegamos al acuerdo de 15.000 soms por el trayecto (1,20€).
Nuestro destino era el hotel Farovon, es de corte occidental, muy nuevo y de nivel alto, el personal habla inglés sin problemas, la única pega es que está a las afueras de la ciudad por lo que para llegar a la parte antigua hay que ir en taxi, pero con los precios que se manejan por aquí el inconveniente es mínimo.
Dejamos las maletas en la habitación y decidimos comer en el propio hotel, ya que con el madrugón y el ajetreo del tren se notaba el cansancio. Tienen varios restaurantes, elegimos el Milán que es un italiano, la comida estaba muy buena; hamburguesa, ensalada de berenjenas crujientes, kebab y agua. El precio es alto, 321.000 soms (25€), acorde al tipo de hotel. El servicio fue un poco lento.

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Tras un descanso nuevo taxi y a la ciudad vieja, Itcha Kala, La primera sensación no puede ser mejor, el sol tardío da sobre las murallas que la hacen tener un precioso color dorado, atravesamos la puerta Ota Darvoza o puerta oeste y entramos en la calle central con el minarete truncado en primer plano.
Como tenemos tiempo suficiente hoy queremos simplemente pasear por la ciudad, la Itchan Kala, está restaurada de forma preciosa, para los que nos gusta la fotografía cada rincón hace que te pares, y la luz de la tarde da un color maravilloso. Para entrar en la ciudad, los tornos estaban bajados y se podía entrar libremente, las mañanas siguientes si estaban activos y controlaban la entrada.






Para cenar elegimos el Terrasa no teníamos reserva pero como era temprano tuvimos suerte y nos dieron mesa en la terraza del segundo edificio que tienen, las vistas son increíbles y la comida muy buena, ensalada de tomate, gumma, mixto, una cerveza y dos de agua, 161.000 soms (13€)
La puesta de sol desde aquí es muy bonita, mejor reservar.
Si la ciudad es bonita de día de noche no se queda atrás, ya que los edificios están muy bien iluminados, además, hay mucha menos gente y le da un encanto especial.

