Continuamos con nuestro ritual mañanero de desayuno tranquilo para iniciar el día.
Tranvía, y ferry hacia Eyüp, el viaje por el Cuerno de Oro es de lo más agradable, ambas orillas las han regenerado en los últimos años, por suerte, ya no queda ni rastro de los viejos desguaces de barcos.
Eyüp gira alrededor de la Mezquita, lugar de peregrinación para los suní par los que es el cuarto lugar más sagrado tras La Meca, Medina y la Merquita de la Roca. La tradición establece que en su interior está enterrado Abu Ayub al-Ausani amigo de Mahoma y que falleció en el primer sitio de Constantinopla en el año 674. La mezquita es la primera que se construyó por los otomanos tras la toma de la ciudad, se dice que los dos enormes plátanos que hay en el exterior e interior del patio marcaba el lugar del enterramiento y permitieron su posterior descubrimiento.
La afluencia de peregrinos es constante, en el interior junto a la tumba hay una serie de reliquias asociadas al Profeta; no hay ningún problema para entrar solo hay que vestir de forma correcta y las mujeres cubrirse el pelo.






Al salir de la mezquita subimos al café de Pier Loti, se puede llegar caminando a través del cementerio o en el funicular, esta vez elegimos este último medio por el calor, tras un buen rato de espera llegó nuestro turno de subida, el precio son 15 TL y se puede utilizar la Istambulkart. Arriba hay unas vistas preciosas del Cuerno de Oro que merecen un rato de descanso, en nuestro caso con un café turco.

De bajada nos dimos un buen paseo por el barrio, prácticamente no había turistas.
Nos sentamos a comer en Eyüp Aga, en la plaza justo enfrente de la Mezquita, la especialidad de la casa es el Börek y el Pide, pedimos uno de cada y estaban de muerte, no recuerdo el precio, pero fue muy barato. Justo al lado hay una pastelería-panadería fantástica, se llama Akmanoglu Firini y lleva vendiendo sus productos desde 1883.

De regreso utilizamos el autobús ya queríamos parar en Balat y Fener, los dos barrios antaño eran zonas muy pobres de la ciudad y un tanto degradados, tras un plan de renovación se han convertido en zonas alternativas que han recobrado vida y mezclan distintos ambientes. Las imágenes típicas son las de sus casas de colores y sus calles empinadísimas que acaban con las piernas mas deportistas.
Terminamos el día cenando algo rápido en la zona de Sultanameh, en un sitio totalmente prescindible, pero el cansancio no nos permitía seguir mucho mas.