Nos damos una duchita con el agua bien calentita, porque el bidón de agua a temperatura ambiente, y en ese momento superaba los 40º.
Nos cambiamos de ropa, llenamos una maleta de juguetes y algo de ropa, y el encargado del alojamiento nos lleva a visitar el Poblado Badian (etnia Malinke).
En el camino encontramos un pequeño "taller" que usan para filtrar la tierra en busca de oro. Aquí aparecen los primeros lugareños.

Y con los primeros niños. A una de las niñas le dimos un oso de peluche, que rápidamente se convirtió en su bebé y se lo puso a la espalda, de la misma forma que está acostumbrada a ver.


Llegando al poblado nos cruzamos con una señora, que nos mira con cara extrañada. Aquí parece que no llegan muchos turístas.

Cuando nos encontramos en el centro del poblado aparecen algunos niños. A los primeros en llegar le damos una pelota y rápidamente se ponen a jugar al fútbol.

En cuestión de minutos se multiplicaron los niños, a los que les fuimos dando muñecas, peluches, gorras...hasta que se vació la maleta.

Era hora de regresar caminando por esa carretera rojiza hasta nuestro campamento que ya tocaba cenar.