Tashkent fue en el pasado una ciudad oriental al uso, rodeada por un muro con doce puertas y torres. En el interior del recinto, las casas de ladrillos de adobe, una sola altura y rematadas por un tejado plano, formaban pequeños barrios llamados Mahalla, con calles sin pavimentar.
Al comienzo del siglo XX, en la ciudad vieja había 21.000 casas en casi 280 Mahalla. Para facilitar su gestión, varios Mahalla se agrupaban en un Daha, contando con su propia administración.
Tashkent estaba formado por cuatro Daha: Sheikhantaur en la zona este, Beshagach en el sur, Kukcha en el Oeste y Sibzar en el norte. Las cuatro confluían a los pies de la mayor colina de la ciudad, Shahristán, donde se ubicaba el mercado central. El periodo soviético y el terremoto destruyeron gran parte de esa ciudad antigua. En Tashkent hoy apenas si perviven algunas de esas casas junto al complejo religioso Khast-Imam. Se trata de un barrio humilde donde los niños aún juegan en la calle y cuyas casas están ocultas tras gruesos muros en los que ves cables y conductos de gas. Quizás en breve todas esas casas se derribarán.

Nos encaminamos al bazar Chorsu. De camino nos topamos con una mezquita construida expensas de Hafiz Kohakiy en el siglo XVI. Este personaje, que vivió y trabajó en Tashkent, fue un científico e historiador muy importante de su época.
El Bazar Chorsu en Tashken es un típico mercado oriental que cuenta con más de cien años y que siempre ha estado en la plaza principal de Eski-Juva. Las construcciones de los antiguos bazares se destruyeron y deterioraron pero la tradicional arquitectura de cúpulas bellamente decorada permanece intacta. Este era el único medio de protegerse del calor y el polvo del seco y caluroso clima de Asia. Eso no quita para que, paseando por el edificio principal, no te asquee el olor a carne sin refrigerar.

En Chorsu podemos comprar ropa, fruta y verdura (las fresas tienen una pinta impresionante), huevos, queso, carne (cordero, ternera, algo de cerdo y de caballo), especias... En el segundo piso de ese edificio grande encontramos frutos secos. También hay una zona de buenas telas y joyería (el WC es más caro, 5.000). En el exterior el WC cuesta 3.000 sums. No faltan los cajeros (cerrados si el banco está cerrado y a veces admiten solo dólares) y señores que cambian divisas.

Cerca del bazar se encuentran los choykhonas, donde se pueden comer platos recién hechos, como el plov, si la visión de las cabezas cortadas de cabra no te da asco.
Se puede llegar en metro (parada de Chorsu).
Muy cerca encontramos otro edificio interesante. La madraza Kukeldash fue construida bajo la dinastía Shaybánida por el visir Dervish Khan en 1570. Debido a su estrecha relación con el gobernante, el visir era más conocido por su apodo "Kukeldash", que significa "hermano de leche", y por ello la madrasa construida por él pasó a llamarse Kukeldash. En el siglo XVII, la madrasa se utilizó como caravasar para mercaderes ambulantes y, en los años siguientes, las dos torres que coronaban el portal de entrada se derrumbaron debido al abandono.
En el siglo XIX, la madrasa sufrió más daños cuando se utilizó como refugio de los khanes de Kokand durante disturbios civiles e invasiones enemigas. Incluso se llevaron a cabo ejecuciones públicas en Kukeldash hasta mediados del siglo XIX, ya que las mujeres sospechosas de adulterio eran cubiertas con una bolsa y arrojadas desde el alto portal de entrada a la calle adoquinada de abajo. Bajo el régimen soviético de mediados del siglo XX, la madraza Kukeldash se utilizó para exposiciones museísticas ateas, un irónico contraste con los bellos muros orientales de la antigua institución. A finales de la era soviética, la madrasa albergó el Museo de Instrumentos Nacionales de Uzbekistán.

Después de la independencia se quiso dar relieve a los monumentos que integraban la plaza Registan. Consta de un gran patio enmarcado por hujras (celdas) tradicionales de dos pisos que servían de vivienda a los estudiantes. Las zonas habitables comunicaban con aulas, una mezquita y salones abiertos, en uno de los cuales hay una inscripción que reza: "La muerte es inevitable, pero el trabajo realizado por una persona es inmortal". El portal principal de entrada tiene 20 metros de altura y fue completamente restaurado y decorado con pinturas de mayólica en tonos tradicionales de blanco, azul y ocre. Las ventanas de la madrasa están adornadas con rejas decorativas en las que se han grabado los nombres de Alá y del profeta Mahoma. Desde las dos torres situadas en el borde del portal, los almuédanos invitan a los musulmanes a la oración cinco veces al día.
Hoy vuelve a ser centro de estudios aunque es posible tener vistas al patio previo pago (es necesario cubrirse pero no descalzarse). Vale la pena la visita porque es una de las madrasas más grandes de Asia central y no es un bazar como otras. El patio está muy bien cuidado y subiendo unas escaleras estrechas se tiene una buena vista del conjunto. A derecha e izquierda de la entrada hay fotos y paneles explicativos de la historia del edificio.

Saliendo a la calle ya vemos las cúpulas de la Mezquita Juma. Es una de las más antiguas mezquitas de viernes en Tashkent y el centro del conjunto arquitectónico de Registán en la ciudad. Después de la invasión de los árabes en Asia Central, Tashkent (Chach), donde en aquel entonces se practicaba el zoroastrismo, fue arrasada hasta los cimientos. Los conquistadores árabes no podían pronunciar el nombre “Chach” (en árabe no existe la letra “ch”), por lo que la ciudad fue llamada “Al-Shash”, más tarde - “Shashkent”.
Los cimientos de la mezquita Juma se pusieron en 819 por orden del emir Yahya ibn al-Asad. Por la orden del gobernador árabe el joven emir se convirtió en el gobernante de las tierras que ahora son la provincia de Tashkent. Entre tres plazas de Tashkent - Chorsu, Eski Juva y Jadra- se destaca claramente una elevación, en la que hoy en día se encuentra la Mezquita Juma. Cuando el emir ibn Yahya Asad vio esta colina, decidió construir la capital de sus tierras en este lugar y ordenó a sus súbditos iniciar la construcción de “Madina al-Shash” - el fortín septentrional de Maverannahr. En la lengua túrquica “Madina al-Shash” suena como “Shashkent”. En el punto más alto de la colina el Emir construyó la primera mezquita de viernes de la nueva ciudad - la mezquita Juma.

La mezquita construida en el siglo IX con tiempo empezó a deteriorarse. En 1432 sobre sus cimientos se construyó la nueva mezquita de viernes por orden de Ubaidullah Khodja Ahrar Wali, descendiente del profeta Mahoma, famoso sufí, y figura pública de la época timúrida, que nació cerca de Tashkent en 1404. En el siglo XV en la mahalla (barrio) Gulbazar se erigió la mezquita de viernes con una típica cúpula y techo abovedado. Poco queda ahora de ese pasado. En el siglo XVIII, el cubo principal y las galerías abovedadas con hudjras fueron renovadas completamente por Yunus Khodja - el jaquim (alcalde) de Shaykhantaur. El terremoto de 1868 destruyó la mezquita Juma casi hasta los cimientos, por lo que dejó de funcionar alrededor de unos veinte años. El emperador ruso Alejandro III donó la mayor parte de dinero para su restauración; por eso durante algún tiempo la Mezquita de Viernes también se llamaba “la Mezquita del Zar”.
La Mezquita Juma es la tercera mezquita de viernes más grande y alta de Uzbekistán después de la mezquita de Bibi Khanum en Samarkanda y la mezquita Kalyan en Bujara. Yo no entré porque no sé si se admite la entrada a mujeres.