Con los nervios de ir a recoger a mi pareja a las 7 estaba despierto. He aprovechado para ir a comprar unos pastelitos a una panadería cercana, desayunar y me he ido para el aeropuerto. He hecho todo el tramite del alquiler de coche. Lo hemos pillado con Localiza, 220€ por 4 días, con seguro a todo riesgo. Sin el seguro sale mucho más barato, pero no me fío un pelo de lo piratas que puedan ser y de los demás coches.
A la 9:30 ha llegado Belén y la he recibido como a los reyes. Pastelitos y coche de alquiler preparado. Tras tanto tiempo sin vernos no podía ser menos. La pobre lleva una cara de reventada importante pero dice que de Madrid a Bogotá ha podido dormir bien. El Jet Lag no perdona aun así.
Tras el reencuentro primer destino en el GPS: Filandia. El primer pueblo al que vamos está a una hora y veinte. Filandia lo consideran uno de los pueblos bonitos de Colombia. Es un pueblo muy parecido a Guatapé. Pequeñito, con casas de colores y una plaza central. Hay una especie de mercadillo por ser sábado y un par de bailarines, de dudosa habilidad, sacándose un dinero al ritmo de corridos colombianos. Al igual que Guatapé se nota que está todo como recién pintado. La paz en Colombia se firmó en 2016, por lo que llevan escasos 6 años de turismo, con pandemia por el medio, y todo se está realzando ahora. Yo dudo que este pueblo fuera así de bonito hace diez años, es que le falta oler a pintura.
Hemos estado dando vueltas y hemos ido a comer a un restaurante. Esto es nuevo para mí en el viaje, entrar a un restaurante decente. En mi caso me habría apañado con algo del súper. El restaurante "Mi Tierra Querida" está decorado haciendo que cada rincón sea instagrameable. Hemos comido por 17 euros los dos una bandeja paisa, dados de queso y cervezas. Está bien.
De la comida hemos ido a un mirador en una colina que nuevamente han llenado de rincones instagrameables, abusan mucho de este recurso por lo que voy viendo en la Comuna 13, Guatapé y ahora aquí. Las vistas están bonitas, aunque el mirador rompe muchísimo paisajísticamente. Lo mejor ha sido que bajando del mirador Belén ha visto una cosa corriendo colina abajo, ¡un armadillo! Iba el pobre ligero hasta que se ha tirado a una zanja y se ha dedicado a oler para buscar comida. Como son ciegos, estábamos al lado de él; en cuanto hacías un ruido, salía corriendo. Curiosísimo el animal.
De Filandia hemos ido hasta Salento, donde hacemos noche. Es un pueblo que está a 30 minutos y tiene el mismo estilo que Filandia. A mí me ha gustado más que Filandia. Tiene una calle comercial muy grande con mucho ambiente y una plaza amplia. Se ve más ambiente que en Filandia y, sobre todo, menos coches. Hay mil tiendas con bolsos y demás cosas típicas. Se ven varios bares de gente local muy auténticos, de donde sale algún paisa con su gorro típico y una cogorza encima considerable. Aquí a Belén se le ha acabado ya la batería por el jetlag, yo creo que se movía por inercia pero no quería reconocerlo. Entre el viaje de avión y el jet lag, el primer y segundo día son duros. Aun así, hemos subido hasta un mirador con vistas bonitas al valle de Cocora.
Anocheciendo, hemos ido al alojamiento a hacer el check-in. Una casita en el campo bien bonita. "Ecorefugio Las Mirlas". La mujer que lo lleva, con un palique impresionante, nos ha contado su romance con un turista noruego. Después de la historia de amor, nos hemos duchado y hemos vuelto al pueblo a cenar. Nuevamente por 20€ los dos, un ceviche con una especie de burrito típico y pizza. Súper barato. Hemos dado una última vuelta por el pueblo y a dormir. A Belén la llevo ahora mismo para el arrastre.