Son las 13:50 y hay que hacer tiempo hasta la hora de embarque de las 14:30. La terminal del World Trade Center no tiene las comodidades de la más nueva zona del Muelle Adosado por lo que las opciones de espera son meterse en una cafetería enfrente del acceso al barco y que está petada de cruceristas, ir andando al centro comercial Maremagnum para estar al fresquito a unos 15 minutos a pie pero hace una solana de cuidado y ya no nos daría tiempo entre ir y volver o buscarse un sitio a la sombra en las inmediaciones del área de checkin, que es lo que hacemos, mientras observamos cómo van llegando sin solución de continuidad riadas de futuros compañeros de viaje.
Al extremo de un macetero, sentado a duras penas, intento conectarme a la wifi del barco para ver si puedo adelantar alguna gestión como reservar espectáculos, reservar el brunch del día de navegación o cambiar horarios de cenas. Como no hay manera y el calor y la humedad ya nos hacen mella nos proponemos el dejarnos caer por la entrada a la terminal, aunque no sea la hora, a ver si pudiéramos ya acceder al barco. En esta semana hemos hecho en la app de Virgin el checkin, subiendo foto de uno mismo (hay que quitarse las gafas porque si no te lo hacen repetir), introduciendo datos de contacto de emergencia, foto del pasaporte o DNI o tarjeta bancaria para cubrir gastos a bordo. En el día de ayer también hemos rellenado la encuesta de salud por la cual manifiestas que no padeces síntomas de ningún tipo de enfermedad ni estás embarazado. Y con todo lo anterior se ha generado la tarjeta de embarque que nos pedirán en los próximos minutos. Esto se supone que agiliza la entrada al barco y como tal lo traemos hecho ya de casa.

En la entrada a la terminal hay unas filas con los tramos horarios de 15 minutos para el acceso. Están puestos los distintivos de las 14:00 y las 14:15 y el de las 14:30, nuestro horario, todavía no consta. Como en dichas filas no hay nadie y son las 14:05 nos hacemos los locos y nos aproximamos. Nos atiende personal de Virgin y nos invitan a entrar por lo que con más de 20 minutos de antelación a lo previsto accedemos al interior al fresquito a los mostradores de registro.
En el mostrador enseñamos los pasaportes (hemos hecho la reserva con los mismos por lo que hemos preferido llevarlos por si acaso, aunque entiendo que llevando el DNI español sin más no habría habido problema o al menos sólo habría supuesto un tiempo de espera de verificación) y nos entregan y ajustan nuestra compañera de viaje durante nuestro periplo marítimo: LA PULSERA.

En Virgin Voyages, a diferencia de otras navieras, no hay una tarjeta física que te sirve para entrar y subir del barco, abrir el camarote o hacer pagos a bordo. En su lugar hay una pulsera con un chip que realiza todo lo anterior y que habitualmente el personal lleva en la muñeca de manera permanente a lo largo de toda la semana puesto que también es a prueba de agua. Ello indirectamente también te identifica como viajero de Virgin y ayuda cuando estás en tierra en alguna escala porque sabes que el que está a tu lado también viaja contigo en el crucero y, al final, entre todos nos ayudamos. Por ejemplo, en Livorno, buscando la lanzadera de regreso al barco, vimos a una pareja con pulseras que andaba desorientada y les indicamos la dirección del bus, sabiendo que iban al mismo sitio que nosotros y lo estaban buscando.
Como no podía ser de otro modo nos entra la emoción mientras subimos las escaleras que nos van a dar acceso al interior del barco. ¡Comienzan, por fin, las tan anheladas vacaciones!
La entrada al Valiant lady la hacemos por la cubierta 7 por el atrio o roundabout, como le llaman aquí. Hay miembros del equipo de animación o Happenings recibiendo al pasaje y bailando pero nosotros pasamos de largo para coger el ascensor y allegarnos al camarote para dejar las mochilas, ponernos algo cómodos y ejecutar una serie de procesos lo antes posible. A saber:
- Mirar el video obligatorio de seguridad.
- Reservar el espectáculo "It's a ship show". Es sin coste añadido pero requiere reserva al haber un aforo limitado. Como no andes ligero te quedas sin verlo porque las reservas vuelan.
- Reservar el brunch en el restaurante The Wake, el de carne, para el martes día de navegación. En el madrugón de hace 45 días no tuve esa posibilidad.
- Adelantar la hora de reserva del brunch en Ariya, el restaurante indio, para el viernes porque desayunar hacia las 11:00 como que no (nos dará el hambre mucho antes y no es plan de andar desfallecidos por las cubiertas con los ojos inyectados en sangre ávidos de carne de todo tipo).
- Adelantar la hora de reserva de la cena en Ariya porque empezar a cenar más allá de las 21:30 y acabar sobre las 23:30 no dará tiempo a hacer la digestión antes de dormir.
- Adelantar la hora de la cena del día de hoy en Gunbae, restaurante de barbacoa coreana, por motivos que se desvelarán más adelante.
Así, visualizamos el vídeo de seguridad a bordo (original y divertido, la verdad), reservamos el show para el martes día de navegación y no hay forma humana o cibernética de cambiar y reservar los restaurantes por lo que tocará pasarse después de comer por Ariya a que nos hagan presencialmente las gestiones.
Vamos camino de las 15:00 y la maquinaria va pidiendo combustible. Nos acercamos, por tanto, a The Galley, cubierta 15, el no bufé del barco porque los barcos de Virgin no ofrecen este tipo de espacio de restauración. En su lugar hay un conjunto de estaciones temáticas que te sirven lo que desees en lo que a comida se refiere. En lo tocante a la bebida hay estaciones autoservicio de las bebidas incluidas en la tarifa del crucero: refrescos de la marca Coca cola (Cola en todas sus versiones, Fanta naranja y limón y Sprite), agua, dispensador de hielo y zumos de máquina (naranja, LIMONADA, manzana y piña) en la parte fría e infusiones, leche fría animal y vegetal y café, en la parte caliente.

Además de pedir en los mostradores o servirte las bebidas existe la opción de pedir en mesa.

En cada mesa hay una carta con las bebidas de coste añadido y unos códigos QR para descargarse los menús. En un lado se puede alzar una bandera y, en ese caso, un camarero te pedirá la comanda y te la traerá a la mesa (también funciona el levantamiento de brazo y dedo de toda la vida). Si no se tiene móvil a mano hay cartas en papel en las estaciones de comida.
Como en otro episodio describiré más en profundidad la comida que se ofrece en The Galley, diré únicamente que me pedí unos tacos (aguacate con cebolla roja, pescado con cilantro y aceitunas y al pastor con cerdo marinado y piña, bastante mejorables) del Let´s Taco About it y un sándwich de pastrami con chucrut y queso suizo (una delicia) del Hot of the Press, vía camarero.

A nuestro lado se han sentado unos compatriotas y entablamos conversación. Les informo de la posibilidad de pedir en mesa y agradecen tener el dato para el resto de la semana. Parece que son de la Cofradía del Grillo porque como único sustento están dando buena cuenta de un bol gigante de ensalada. Nosotros no pertenecemos a la misma, al menos esta semana, porque como reza el dicho castellano "de lo que come el grillo, poquillo ".
Haciendo honor a esta divisa me encamino a la sección de postres. Las catorce variedades existentes son muy atractivas visualmente por lo que me veo en la obligación de solicitar una muestra de todas ellas a fin de sacrificarme por la Ciencia y hacer una cata completa (la camarera no se inmuta por lo que no debo ser un caso aislado). Los de la Cofradía, al verme aparecer con tres platazos a rebosar del pecado de la gula, se quedan ojipláticos pero alaban nuestra predisposición a llevar a cabo esta prueba de mercado.
Por supuesto, mi acompañante y yo compartimos la pitanza (porque tampoco hay que abusar) y comprobamos que la calidad es excelente pero que sólo la mitad merecerá repetir. No está mal el ratio teniendo en cuenta que normalmente los postres de cruceros acaban sabiendo todos igual. A destacar el tratamiento del chocolate en toda la propuesta culinaria a bordo. De chuparse los dedos.

Con la tripa llena y el corazón contento nos toca proseguir con la burocracia. Sailor Services o atención al cliente está en proa de la cubierta 5 y los ascensores de popa no llegan allí. A fuerza de dar vueltas y preguntar a la tripulación llegamos a su localización y a Ariya, que está enfrente al otro lado del vestíbulo de escaleras y ascensores, para gestionar cuestiones y perder el tiempo correspondiente que podríamos estar disfrutando ya con lo que ofrece el barco. Es lo que toca.
De lo que continuó sucediendo en esta jornada se seguirá relatando en la próxima y emocionante etapa.