Cuando estuvimos planificando las reservas de los restaurantes vimos que podríamos cenar en toda la oferta a bordo y que nos sobraría un día en el cual podríamos repetir (y está permitido en cruceros de más de cinco noches). Analizamos las cartas de cada restaurante, sopesamos pros y contras y descartando los que pudieran tener más componentes picantes y valorando los que tuvieran una carta más extensa de manera que un día se podrían escoger unos platos y el segundo día otros y no repetir, pues nos decantamos por el Extra Virgin.

El recinto es bastante sobrio en decoración y con una iluminación viva pero tirando a tenue. En paredes hay motivos italianos como platos, fotos o cuadros y la apariencia es de un restaurante elegante. El hilo musical es a base de canciones italianas del montón pero está tan bajito que no entorpece la conversación.
El camarero se presenta, nos trae la carta y nos solicita la bebida. Hay mucho personal pululando entre las mesas y como nos iremos dando cuenta hoy y el siguiente día muchos van como pollo sin cabeza haciendo bulto en realidad.
En el Gunbae y en el Test Kitchen no he querido ser muy explícito a la hora de describir los platos, al tratarse de gastronomía no muy habitual para el paladar de un españolito medio y dar lugar al asombro para quien vaya a ir en el futuro a estos restaurantes en esta naviera, pero para esta ocasión sí voy a ser algo más detallista. Espero, estimado lector, que no estés leyendo esto con hambre.
Las opciones que se nos ofrecen son una selección de antipasto, una tabla de embutidos, varios platos de pasta, varios principales y los postres y helados. Como la idea es diversificar para los dos días dejando la opción de repetir si el plato así lo merece escogemos de antipasto una alcachofa crujiente con alioli de alcaparra, calamares fritos con semolina y limón y albóndigas estofadas con mozzarella ahumada, tomate y panceta. Son cantidades pequeñas y se devoran en un santiamén. Las albóndigas pasan a la categoría de repetibles.
A continuación nos traen pan de foccaccia con un plato de aceite de oliva virgen y vinagre de Módena para que mojemos sopas. Probamos pero tampoco nos aporta nada nuevo siendo como somos Mediterráneos y dejamos el pan para untes de mayor enjundia.
En cuanto a pasta mi acompañante se ha pedido los Ñoquis de patata acompañados de pollo, champiñones, espinacas y salsa de mantequilla de trufa y yo me he venido arriba, porque estimo que también serán raciones pequeñas, y me he pedido Espaguetis a la Vongole con almejas, vino y pimiento rojo, Papardelle al ragú y Scarpinocc relleno de burrata, guisantes, jamón y parmesano.

Nos traen los platos de pasta y aquello es una buena cantidad de comida sobre todo para mí que me he pedido tres. No me arrepiento porque los Espaguetis a la Vongole creo que es uno de los mejores platos de pasta que he comido en mi vida. Los espaguetis estaban totalmente integrados en la salsa emulsionada de las almejas y el aceite y se notaba que no habían unido al final los ingredientes para emplatar sino que los habían estado cocinando conjuntamente desde el inicio para que todo cogiera el sabor. Una delicia para chuparse los dedos y para mojar sopas en la salsa sobrante. Destacar también el ragú de los papardelle, con un sabor muy intenso de esa salsa que nosotros llamamos boloñesa y que realmente no existe como tal denominación, y la delicadeza del relleno de estos cuasi-tortellini aunque por debajo de los otros dos.
Voy acabando la pasta y ya me empiezo a notar algo lleno, como no podía ser de otro modo. Y todavía queda el plato principal y los postres…..
De principales mi acompañante ha escogido Rape asado con polenta cremosa y peperonata y yo me he decantado por la Carrillera de cerdo estofado con setas cantarellus y espinacas. Me comenta mi acompañante que el pescado está seco por desgracia pero que va bien servido y mis carrilleras se deshacen en la boca de lo tiernas que están.
A estas alturas yo ya voy redondo del todo y esto va a haber que bajarlo de alguna forma porque a ver quién duerme esta noche hasta hacer la digestión de todo lo que me he metido en el cuerpo. Menos mal que no hemos “cenado” en It´s a ship show….. Pero el postre no se perdona.

Mi acompañante ha solicitado Pastel de chocolate al aceite de oliva con peras al vino tinto y almendra y yo he tirado por algo tradicional, el Castagnaccio con ricotta, manzana y nueces. El chocolate está delicioso, me comenta mi acompañante, y el pastel de castañas otro tanto.
Como complemento al postre está la opción del affogato, que es una combinación de helado con café expresso. A mi acompañante no le va mucho el café pero yo tengo que probarlo por lo que se acerca una camarera con un carrito de ruedas donde tiene las cafeteras de toda la vida, los helados y los complementos como nubes o chips de chocolate. Me pido helado de gianduiotto (variedad Piamontesa de chocolate) con sorbete de mango para acompañar y el helado se funde con un chorro generoso del café caliente obteniéndose un manjar que quita el sentido.
A estas alturas hay dos opciones en la parte que me toca: o me arrastro a cubierta, me cojo una tumbona, me arrojo a la misma y espero a que la digestión me saque del sopor que empieza a apoderarse de mis sentidos o bien nos levantamos y nos vamos a The Manor a la fiesta disco que hay proyectada para esta noche.

Pero antes de allegarnos a la discoteca y mover el esqueleto hoy toca por fin estrenar los 150 dólares de bar tab que tenemos de regalo con la reserva del crucero. Por simplificar digamos que el Bar Tab es un crédito prepagado para bebidas que no están incluidas en la tarifa del viaje y aunque se asocia a bebidas alcohólicas también se puede usar en cafés de especialidad, zumos naturales o batidos. El mecanismo es que uno “compra” una determinada cantidad de dólares, que conlleva un añadido de la propia naviera, y con esa cantidad “comprada” va uno pagando las bebidas y demás. También se puede abonar la bebida que se consuma y lo cargarán en la tarjeta de crédito o débito que se ha facilitado en la reserva pero el Bar Tab tiene el aliciente del regalo adicional de más dinero que te hacen si se contrata. En nuestro caso, como fue regalo, pues a gastarlo durante la semana por darnos el capricho ya que el resto del tiempo hemos tirado de Sprite, Coca Cola o la Diosa entre las Diosas, sin coste.
Ayer, en la fiesta WE FANCY, estuvimos mirando la carta de bebidas de The Manor y no nos convenció nada de lo que ofrecían por lo que decidimos no gastar por gastar. A lo largo del día de hoy nos hemos ido pasando por todos los bares a bordo y hemos hecho prospección de cartas para ver oferta y coste y, por ejemplo, para esta noche la idea es acercarnos al bar “The Loose Cannon” en la cubierta 7, junto al Social Club, para coger bebida y con ella irnos a la discoteca a consumirla. En este bar nos pillamos dos cocktails: un Siren´s Call Cooler compuesto por ron “Flor de Caña”, piña, lima, agua con gas y falerno (jarabe típico del Caribe a base de jengibre, lima y almendras) y un Powder Keg Zero compuesto por caña blanca (bebida sin alcohol estilo ron de azúcar de caña), miel, jengibre y limón, que hay que decir que estaban bastante disfrutones.
Llegamos a The Manor y la fiesta está servida. Dj Ella, nuestra musa de los platos, no culinarios, está comenzando a pinchar de seguido lo más granado de la música Disco de finales de los 70 y principios de los 80. Y no son temas del montón sino las canciones primeras espadas del movimiento Disco. Y es que acaba una y la siguiente es mejor y así sucesivamente, con unas transiciones y una elegancia que nos vuelve a reconciliar con el mundo de los dj´s de crucero tras las experiencias de Dj Cochambre y Dj Anónimo 2 en los pasados cruceros.

Hay mucho bailongo en la sala y da hasta envidia ver cómo se mueve el personal al ritmo de la música. Llega un momento en que ya hasta se improvisa una medio coreografía y media discoteca nos ponemos de acuerdo para seguirla, lo cual es una gozada. Entre tanto movimiento he de decir que me voy notando menos lleno y eso que me alegro pero no cantemos victoria todavía.
Se quedaría uno hasta el cierre para da la maldita casualidad de que mañana hay que madrugar para la escala de Livorno y tiempo que nos quedemos allí, tiempo de menos que podremos dormir. Con todo el dolor de nuestro corazón nos recogemos al camarote que mañana nos espera un intenso día de visita cultural por tierras italianas. Buenas noches.
Conclusiones que nos deja el día:
- Para optimizar el tiempo en el karaoke privado aconsejo llevar una idea de las canciones que se van a interpretar porque como te pongas a buscar en el catálogo se te puede ir la hora sin haber aprovechado la misma. Es como esa plataforma que empieza por N y acaba por X que puedes pasar más tiempo buscando que viendo.
- En camarotes con balcón es imprescindible tener en cuenta que hay que cerrar bien la puerta del mismo y ponerle el seguro para que se ponga en marcha el aire acondicionado del interior de la cabina. De igual forma, ni se os ocurra abrir la puerta del balcón y a la vez la de la cabina porque se crea una corriente de aire tal que el portazo es de impresión.
- A lo largo de todo el barco siempre hay rincones con encanto. Una buena rutina mañanera es cogerte cubierta a cubierta y pasear sin prisa porque siempre habrá algo que te llamará la atención.

- Ponerte a revisar la carta de los restaurantes es muy peligroso porque se te acaba antojando todo y muchas veces pides de más. Por eso, conviene preguntar la cantidad de las raciones e incluso pedir la opción de que traigan medias raciones y así tener la oportunidad de probar más cosas.