La siguiente etapa de mi viaje me lleva a Kashan, una población a unos 100 kilómetros de Qom. El viaje en autobús (2`60€) se me hace muy corto, ya que tengo que actualizar mi lista de contactos, que es enorme.
Para esta población tenía un único host, que me ha dejado tirado. Al no tener plan B, he recurrido a la ayuda de un grupo de Whatsapp de gente que viaja a Irán. Así he contactado con un chico persa que se ha ofrecido a reservarme un hostel baratito (él tiene su casa ocupada). Sin conocerme de nada, me ha reservado uno él mismo por teléfono, les ha avisado que llegaba y me ha dado indicaciones para moverme en taxi hasta el mismo.. todo por telegram.
En efecto, aquí que estoy ahorita, por fin conectado a Internet por wifi, actualizando el diario, descansando e intentando organizar alguna quedada para esta noche o mañana con gente local. Es que ya no se me pasa por la cabeza pasear por la ciudad solo…
La habitación-cueva en la que estoy no es especialmente caliente, aunque se agradecería un miniventilador al menos. La entrada la tienes que hacer a cuatro patas, pues no tiene un metro de altura.

Está ubicada en una antigua casa señorial y es realmente agradable. El precio, desayuno incluido, 13 euros (carillo).

Hace tanto calor que no salgo hasta las 8 pm (y entonces el teléfono me dice que hacen 36ºC). Para esa hora ya está cerrado el bazar, por lo que me muevo por la ciudad, descubriendo pequeños sitios para visitar mañana. Kashan es una ciudad muy antigua y se nota en su centro, donde está ubicado el hostel. Cuenta con casas-palacio que no esperarías que fuesen tan lujosas, viendo sus fachadas tan pobres. Aquí muchas casas parecen de adobe y hay multitud de solares derruidos… vamos, que estamos en una zona desértica y se nota.
También es una ciudad, por lo que he visto, muy religiosa. Las mujeres van en su mayoría con chador, incluso niñas. No es tehran, eso está claro.
Como en el día de hoy no he quedado con ningún local, compro fruta (muy rica en Irán) y unos heladitos que me como en la propia heladería. Encontrar una cafetería en Kashan es misión que ni Tom Cruise alcanzaría a completar. Así que cuando he visto una heladería con unas poquitas mesas me he apropiado de una. Eso sí, los helados los he elegido por el color… todos naranjas… a ver si con suerte había uno de mango. Digo todos, porque he comprado cuatro (1€). De mango no había ninguno, pero uno picaba como si fuera chile naranja el cabrón. Hostias,… un helado que pica… esto sólo puede pasar en Irán.
Me he vuelto poco a poco hacia el hostel, chateando con un par de posibles candidatos para salir mañana. El calor es insoportable por la noche (siguen haciendo 35º a la 1:30 am en que me acuesto).
El día de hoy sábado 9 de julio decido tomármelo con calma. Desayuno casi fuera de plazo (10:00) y me propongo buscar por fin algún libro de Neruda en Farsi. Voy primero a la biblioteca que tiene la mezquita, donde para mi sorpresa hay uno. Le pido al responsable que me diga dónde encontrar alguna librería en Kashan, emocionado que es uno. Para allí que me dirijo en taxi colectivo (menos de 1€) ya que estaba a unos dos kilómetros y con el calor, como que no quiero andar. En la librería me dice un chico muy amable que no les queda (ya imaginaba yo…), pero que cuentan con otra más grande y que allí sí tienen alguno.
Para allá que me dirijo en otro taxi (misma tarifa) y en efecto, tienen hasta tres libros para elegir. Opto por los clásicos 100 sonetos de amor y 20 poemas de amor y una canción desesperada, para Haniye y Farnuz respectivamente. También compro unas bolsitas de regalo chulísimas y los envuelvo (7 euros todo).
Tercer taxi para volver a la primera librería, pues quiero agradecerle al chico su dedicación con algún detallito que compré en Sevilla: ya sabéis estereotipos de España que siempre funcionan. El tío contento con que haya encontrado la librería y con el detallito me pasa su móvil por si tengo algún problema en la ciudad.
La casualidad ha hecho que esté cerca del bazar de la ciudad, no muy grande, pero al que le puedes dedicar fácil una horita. Compro fruta y algunos dulces. La idea es ir al Jardín real, a las afueras (10 km) de Kashan y comer allí como si fuera de picnic. Para ello paro un taxi (no colectivo) que me lleva por algo menos de 3 euritos.
La entrada al jardín es cara, cómo no (5€). Por ello, prefiero comer las pastas en esas “cafeterías” típicas de la zona: son carpas cubiertas, en las que colocan grandes plataformas con alfombras y almohadas, en las que la gente come, habla, bebe… En mi caso he pedido un par de tes (cada vez me gusta más) y me he comido mi propia comida mientras leía un ratito y observaba a la gente. He estado algo más de una horita, relajado, cerca del sistema de ventilación que tienen… me han cobrado 0’50 €.
Ya es hora de entrar, pues cierran a las 18:30 y han pasado de las tres de la tarde. El jardín es un espacio cuadrado, bordeado por una muralla antiquísima. Cuenta con algunas dependencias que se pueden visitar. Me ha parecido pobre en cuanto a las jardineras de flores, esperaba que tuviera más. Está atravesado por todas partes por acequias que conducen el agua, lo que lo hace más bonito. Por supuesto, hay jardines infinitamente más chulos.



Ha habido un momento en que hacía tanto calor que me ha importado un comino todo y he metido las piernas, arremangándome el pantalón, en una de las acequias, la que más cubría. Nadie me ha dicho nada y he estado así unos 30 minutos. De hecho, ni siquiera sentía el calor que hacía. Un placer. De vez en cuando se me acercaba algún local para sacarse alguna foto o charlar, aunque nada exagerado.
Una vez fuera del jardín, me he vuelto a mi sitio favorito, el de las almohadas y el te. Allí que me he sentado y en menos de cinco minutos me he visto rodeado por unas quince señoras mayores hablando todas a la vez en farsi ¡conmigo! Como si las entendiera. Me han invitado a un te que estaban tomando ellas.
En mal momento lo he aceptado. No saben decir ni hello, pero ahí que seguían con una lavia que ni el mejor orador, dale que te pego. He tenido otra mala ocurrencia, usar el google translator con voz… han visto que funcionaba para algunas frases protocolarias y han intentado que tradujera las peroratas que me río yo de las Catilinarias.
Total, que visto que no funcionaba, reclamaban la ayuda de todo el mundo que estaba en la tetería. Pero claro, el nivel de inglés no se veía incrementado por aumentar el número de personas a mi alrededor.
Siguiente solución, llamar a sus hijos, que al parecer hablan inglés. He hablado con Reza, con Alí y con otra tía que no recuerdo como se llamaba… ni uno hablaba más inglés que sus madres… claro todo esto, discutiendo con quién tenía que hablar primero, pues todas han llamado a sus hijos a la vez… ahí me ves con dos móviles en las manos y otras señoras diciendo con gestos elocuentes que coja primero el suyo…
Pero las cosas pueden ir a peor, ya que las ocurrencias de Iñaki se reproducen involuntariamente como las células cancerígenas. Les propongo hacernos una foto, cuando ya se han ido algunas de ellas. Así lo hacemos… pero es que ahora tengo que mandarles la foto por telegram!!
No me jodas… Hala, a guardar sus contactos primero, que si no aparecen en telegram, que si me falta el prefijo, que si entiendo mal algún número (tienen caracteres diferentes a los nuestros),… al final he conseguido mandarle la foto a la nuera de una de las señoras (la más feliz del mundo porque sólo se la he mandado a ella). Les he intentado decir que una vez lo tiene una, ellas se lo redistribuyan… evidentemente sin éxito. Que siga intentándolo otra vez, que vuelven a llamar a sus hijos,…
Al de más de una hora (larguísima) por fin, tienen que irse y me dejan descansar. Así duermo, como un niño, otra horita en la tetería.

Cuando salgo, veo que hay un autobús antediluviano parado y le pregunto al chófer si va a Kashan. Afirmativo. Me monto (0’15€) y llegaré a la ciudad en media horita aproximadamente. En el bus me he fijado que las mujeres se sientan atrás. Yo casualmente me he sentado adelante (estaba vacío cuando he entrado). Ha habido un momento en que iba bastante lleno y me he levantado para dejarle el sitio a una señora mayor, pero ha rehusado. Estupideces de la religión, imagino yo.
Ya en la ciudad, de vuelta, me he parado otra vez en el Bazaar, pues tenía tiempo suficiente. A las 9 pm había quedado con un jovencito de CS para tomar algo y eran aún las 8:00. Deambulando he visto una barbería, que he pasado sin pararme… hasta que pienso, qué hostias! Y por qué no? Y allí que me he arriesgado… El barbero creo que ya era viejo en la época de la revolución, así que he permanecido con los ojos cerrados todo el tiempo que ha durado el experimento. Cuando los he abierto he descubierto que me han dejado bigote!! Coño, que no me lo han afeitado!!

De camino hacia mi nuevo amigo he pasado por un obrador de pan. Aquí el pan lo hacen en un horno lleno de piedras donde van colocando continuamente masas de pan muy finas. Al sacarlo, al de unos pocos minutos, éste tiene adherido piedras que has de quitar antes de llevarte el pan. Está delicioso si lo compras recién hecho, como yo. No en la panadería, sino en el obrador (en mi caso, en el bazaar)

Amir, así se llama el chico con el que he quedado para tomar algo, es un jovencito de unos 15 años, extremadamente inteligente, así como educado. Hemos estado charlando en una cafetería (¡!), dentro de un hotel. Dios, qué bien me ha sabido el café con leche, servido además como si de un barista se tratara. Allí hemos estado algo más de una horita, hasta que le han llamado de casa para que regrese (es un crío). Ha sido un rato muy agradable, la verdad.



Durante la tarde tendría que haber ido con una pareja local a ver algún sitio por los alrededores, pero me han mandado un mensaje diciéndome que por motivos laborales les sería imposible quedar (algo natural, por otra parte). Así que he aceptado la propuesta de otra persona de CS, que necesitan a un tercer viajero para hacer un recorrido por la zona, que terminará además en Isfahan (mi siguiente destino). Así que les he dicho que me parece bien, que mañana voy con ellos a visitar algún que otro sitio próximo y terminamos en Isfahan (26€).
De vuelta al hostel, he pedido un te para hacer tiempo mientras actualizo el diario. He pedido el te pequeño (1€). Pues he sacado 9 tazas de te iraní, no sé si podré dormir después de esto.
Pues nada, definitivamente estoy hecho a prueba de te iraní… he dormido como un niño, pocas horas, pero como un enano.
Ya estamos a domingo 10 de julio (es que me pierdo con el día en que vivo, así que tengo que recordármelo. En efecto, como estaba previsto, después del desyuno en el hostel, Martin (así se hace llamar, imagino que hasta las narices de que no seamos capaces de pronunciar su nombre) me manda un mensaje para dar una vuelta juntos mientras esperamos al taxista que ha ido a los jardines con la pareja extranjera.
Le quería pagar en euros, pero como no tenía 26 euros exactos, hemos dado una vuelta por el bazar para cambiar a riales y comprar algo de fruta para el camino. Para las 9:45 ya viene el taxi que me llevará en el camino. La pareja resulta ser una pareja húngara, Adam y Lila, encantadores. Adam (tío majo) habla “argentino” y Lila (una preciosidad) también comprende castellano, así que mezclamos el inglés a ratos (ya la costumbre) con el castellano, lo cual se agradece un webo.
El taxi tiene aire acondicionado, con lo que el viaje se hace agradable. Hacemos una primera parada en una aldea antiquísima, Abyaneh, donde nos quedamos un par de horitas.


A Adam se le ocurre subir a un punto muy alto, donde ha visto a un local, para chalar con él. Evidentemente, no se nos ha separado ni un minuto en el resto del camino.


La belleza del sitio no se concentra en bellas mezquitas o templos del fuego, sino en su conjunto, en sus casas de adobe para controlar el calor, en sus edificios ruinosos, en la gente que te para y te invita a un te,…

Nos hemos retrasado un poquito porque no encontrábamos dónde nos esperaba el taxista, que no se ha enojado, como nosotros esperábamos. De allí, nos hemos dirigido a la ciudad de Natanz, donde nos esperaba una antigua mezquita (Jamee), muy sobria en su interior.



La parada de Natanz es prescindible, así que la utilizamos para almorzar antes de dirigirnos hacia Isfahan. Ya sabéis arroz y kebap de vacuno. Decidimos invitar al conductor, que aun no hablando una palabra de inglés, ha resultado ser un tipo simpático y educado.

