Dejamos el poblado atrás y en el camino nos encontramos un pozo. Durante la estación de lluvia todos tienen agua, pero cuando llega la estación seca tienen que hacer uso de los pozos más cercanos hasta que se quedan secos. Y entonces, les toca recorrer distancias más largas en busca de agua.

Aquí hay muchas personas rellenando garrafas de agua, que van atando a las bicicletas. El guía nos explica que cada garrafa pesa 20kg y que cada persona suele pedalear con una carga de 80kg durante varios km hasta llegar a su poblado.

Si la carga es muy pesada para llevarla pedaleando, entonces les toca empujar. Incluso los niños colaboran en esta dura tarea.

Nos refrescamos con el agua del pozo y nos quedamos con las ganas de rellenar las botellas para beber ahora y para el resto del camino que nos queda. El guía nos dice que les demos las botellas vacías, pues a ellos les viene bien tener más envases para transportar más agua. Fue dejar la botella en el suelo y un segundo más tarde ya venía un niño corriendo para hacerse con ella.
Continuamos nuestro sendero, y en él encontramos cada cierta distancia una piedra con forma de cubo. El guía nos explica que antes había más piedras como esta, y que servían para señalizar la frontera entre Senegal y Guinea Conakry.

Y por fín, empezamos a bajar. Ya solo queda 1 hora aproximadamente para llegar al poblado en el que nos espera un chófer con la furgoneta y agua fresquita.
