Hoy teníamos el desayuno a las 7, pero a las 6 estábamos ya de pie. Hemos dado un paseo por el río que está debajo del alojamiento. Varios pajarillos y colibríes, alguno he conseguido atraer con el Merlin.
El desayuno ha sido excepcional. Sin duda por eso tiene buena puntuación el alojamiento. Fruta, mermelada, café, yogur, aguapanela con chocolate y una tortilla con jamón y quesadillas tremenda. Así empieza uno el día mejor.
Hoy vamos de Santa Rosa hasta el Parque de los Nevados. Son dos horas en las que se atraviesa primero Pereira y luego la ciudad de Manizales. Manizales es una ciudad con una distribución rarísima. Está metida en un valle estrecho y se reparte a lo largo del valle entre las faldas y el fondo. Medio millón de habitantes nada menos. Tiene que ser incomodísima de vivir, el tráfico ya da una pista porque es horroroso.
Desde Manizales se va serpenteando por un paisaje cafetero totalmente verde. Mientras se asciende, se abandona el verde por el amarillo del páramo, donde se comienzan a ver los frailejones. Los frailejones son la especie emblemática del páramo andino, son los protagonistas indiscutibles ya que hay miles de ellos cubriendo toda la montaña, hasta ir desapareciendo según se asciende. Hemos ido subiendo, pasando por una laguna hasta llegar a la entrada del parque nacional a 4200 metros.
La entrada al parque cuesta para los extranjeros 20€ y para los locales 10€. Me parece carísima. Encima hemos llegado y hay una niebla brutal, por lo que decidimos probar suerte mañana. Nos hemos bajado para hacer un pequeño sendero al lado del centro de visitantes en el que me dijeron, en Río Blanco, que puede verse el Chivito del Páramo (Oxypogon lindenii). El chivito es un colibrí muy excepcional porque es endémico del páramo y su distribución se limita al Parque de los Nevados, es una rareza. Nos metemos por el sendero rodeados de niebla, al rato me doy cuenta de que se escucha al colibrí. Estoy buscándolo hasta que Belén señala a un lado mientras me dice "¡Mira, un pajarito!". El pajarito es el chivito. Una vez que lo ves, es imposible no verlo. Se percha en lo alto de los arbustos y con la cresta que tiene es inconfundible. Estamos un rato echándole alguna foto y buscando más. Encontramos otro más y un par de ampitas que se nos cruzan en el camino. Desde el centro de visitantes nos dicen que los días de niebla es cuando más fácil se encuentra porque el pájaro odia el sol.
De la entrada del parque bajamos hasta una zona del páramo en donde se encuentra un río de aguas termales. Las Termales El Sifón. Un río que surge en una azufrera con un olor intenso, rodeado de frailejones y con el agua prácticamente hirviendo. Según baja, el agua se enfría más y se van formando pequeñas charcas donde uno puede bañarse. Las charcas son tan pequeñas que con que hayan dos personas no caben más. Con el frío que hace y lo inaccesible del río, tampoco invita mucho al baño. Damos un paseo por el río y nos volvemos hacia donde dormimos hoy. Las Termales del Ruiz.
Si ayer las termales en las que estuvimos eran dignas del típico programa de verano "Ola, Ola", lo de hoy es una maravilla propia de "Hoteles con Encanto". Hemos llegado a las 14. El entorno es pura montaña, cubierta con niebla, el hotel y las termales humeando a su lado. Nos han recibido y, tras dejar las cosas, hemos comido como reyes. Una vez comidos, nos hemos puesto los albornoces que te dan y nos hemos ido a recorrer las termales.
Las termales son idílicas. Están enclavadas en un valle con una cascada, un río y todo cuidado al detalle. Tienen lo que llaman un jardín de colibríes con varios bebederos donde los colibríes van y vienen. En recepción te dan un botecito con forma de flor para que los colibríes te persigan. Hemos estado jugando un rato con esto. De los colibríes hemos vuelto a las piscinas. Increíblemente no hay nadie en las piscinas. Las más bonitas son tres piscinas de agua calentísima y totalmente limpia. Una maravilla. Fuera hace mucho frío, con niebla espesa, pero dentro del agua se está en la gloria. Según avanza la tarde, las nubes se han ido despejando hasta tener unas vistas preciosas con Manizales abajo del valle. Todo con sus colibríes yendo y viniendo y prácticamente solos. Una pareja de jubilados alemanes que se han bañado un rato y poco más. Hemos terminado con los dedos como uvas pasas. Hemos disfrutado como críos, pero es que encima, como también hay pájaros y es un entorno totalmente naturalizado, hemos encontrado el equilibrio perfecto entre Belén y yo.
Ya de noche, hemos aguantado un rato más entre las piscinas. El cielo ha dejado ver las estrellas y al fondo del valle la ciudad de Manizales iluminaa. Hemos salido por fin del agua con un frío que pela y echando vapor hasta por la cabeza. Nos hemos duchado y hemos cenado al lado de una estufa de leña con hilo musical acorde al ambiente. Una maravilla. Son 120€ la noche, pero merece la pena totalmente y la comida no es muy cara. Hemos cenado por 15€ cada uno con un trato excepcional. Las termales no son baratas pero merece la pena el capricho. En mi caso ha sido un regalo de Belén, bendito regalo.
Mañana nos despedimos del Eje Cafetero probando suerte otra vez con el Parque de los Nevados.