Esta es una actividad en Ushuaia que en los últimos años ha ido cogiendo renombre. Es uno de los treking más populares.
Varias empresas de turismo ofrecen esta excursión además de que hay taxistas dispuestos a llevar a la gente hasta el punto de inicio y luego recogida a la hora estipulada.
Nosotros fuimos por nuestra cuenta y nos desplazamos con nuestro coche.
Por la Ruta Nacional 3, pero en sentido contrario al que circulamos ayer, salimos de la ciudad de Ushuaia. Hay un puesto fronterizo en el que hay que detenerse, si bien a nosotros en ninguna ocasión nos pidieron documentación y nos dieron el pase rápidamente.
El aparcamiento para el inicio de esta ruta se encuentra a 18 km. de Ushuaia, (en el km. 3038 de la RN3), casi enseguida de pasar un mirador situado en la margen derecha de la carretera que se llama Mirador de Carbajales. Pese a su buena pinta dejamos la visita del mirador para otra jornada.
Había pocos coches aparcados y ninguna furgoneta de los tours.
El inicio de la senda se encuentra bien indicado, comenzando a caminar por medio de un bosque tupido y oscuro, con altos troncos musgosos y muchas raíces que hay que ir sorteando.
En los troncos y ramas de los árboles aparecen las señales de la ruta indicando la dirección. Hay dos tipos de señales, unas azules que corresponden a la ruta del Lago Esmeralda y otras blancas y amarillas que corresponden a la ruta del Glaciar Ojo de Albino. Ambas rutas coinciden en recorrido hasta la laguna.

Así que el camino esta muy bien indicado, si se te escapa alguna señal azul siempre te encontrarás otra amarilla y blanca.
El firme del sendero puede estar embarrado, dependiendo de las lluvias anteriores. Para evitar los charcos suelen poner encima ramas de los árboles o algunos tablones.
El bosque finaliza y el horizonte se despeja dando paso a un valle abierto por el que discurre un río. Este río precisamente es el que nace con el desagüe de laguna Esmeralda. Se comienzan a ver algunas montañas que rodean este valle, incluida la Sierra Alvear que alberga el glaciar Ojo de Albino. Todo ello perteneciente a la reserva del valle de Tierra Mayor.

Puentes de madera y nuevas plataformas de madera ayudan a superar una primera zona de turberas.

Una presa de castores ha dado lugar a un embalse del río con sus característicos esqueletos de los árboles muertos.


Se vuelve a entrar en zona boscosa, en esta ocasión de ejemplares de lengas y ñires. Pero antes hemos tenido varias visiones del río que ya va mostrando un precioso color turquesa (más que esmeralda) delatando su origen glaciar.


El paso por este bosque es en ascenso aunque muy bonito por los ejemplares que se van observando. Finalizada esta subida se abre de nuevo el paisaje a un nuevo valle glaciar en el que también predominan las turberas. Pero nuevas pasarelas de madera hacen fácil el paso sobre ellas y sin embarrarse.

Otra zona de bosque en subida que es corta, si bien el ascenso continúa por sendero sobre piedras que en tramos va junto al río que alegra este paraje tristón de piedras con sus pequeños saltos y su magnífico color.



La laguna no se deja ver en todo el recorrido. Su aparición es de repente, superada una última pendiente de piedras de la antigua morrena. Guarda su secreto hasta el último momento, para que te emociones con esa maravilla que se abre ante tus ojos. Su color turquesa, o esmeralda, es el complemento perfecto para todo el paisaje virgen que la rodea.

La rodeamos por su margen derecha, (por la izquierda estaba totalmente anegada y no se veía paso alguno), sorteando algunos ejemplares de bosque patagónico, hasta llegar al fondo rocoso por el que continúa la ruta hasta el glaciar Ojo de Albino.

En este punto nos sentamos sobre unas piedras para comernos el bocadillo ante aquellas vistas tan magníficas. Un picnic de lujo.
La laguna por este lado muestra otra cara. El agua está mas remansada y en ocasiones funciona como un perfecto espejo de la montaña que se alza enfrente sobre la laguna, de los troncos y de las rocas que hay en la orilla.
El esfuerzo de la subida se evapora en un santiamén.


Esta ruta se puede considerar como moderada. No es para nada difícil. Pero hay que estar algo preparado para caminar. La ruta se ha vuelto muy popular y se ve gente de todas clases, algunos sufriendo.
Lo que habíamos leído sobre la misma hablaba de terrenos totalmente anegados, con barro, resbaladizos.. Llevábamos nuestras buenas botas de montaña y bastones, que fueron suficientes. Llevábamos también polainas y unos protectores de goma e impermeables del calzado, pero no tuvimos que utilizar nada de esto. En las zonas más complicadas encontramos pasarelas de madera bastantes nuevas.
Quizá es que estuvieran puestas de hace poco tiempo y los relatos sean anteriores.
Así que en ese aspecto, que yo creía que era el más dificultoso, cero problemas.
Ignoro si en épocas de lluvias aquello estará más embarrado.
A la vuelta nos encontramos con multitud de gente subiendo y el aparcamiento estaba a tope de coches.
Madrugar es una ventaja. Aunque comenzar a las 9:30 de la mañana, tampoco es madrugar tanto.

