La visita a la ciudad de Lucca iba a depender del tiempo que tuviéramos en la misma según se diera mejor o peor llegar a ello con cada tren en liza. En este caso, teníamos a disposición la versión larga y tranquila y no tendríamos que ir corriendo a todos los lugares de interés. Para no apurar demasiado en caso de contratiempos ferroviarios a la vuelta y llegar con margen de tiempo a embarcar en el crucero habíamos pensado en coger el tren de vuelta de las 15.42 y que nos dejaría en Livorno previo trasbordo en Pisa Centrale, como a la ida, hacia las 17:00 de la tarde (el siguiente salía una hora más tarde, a las 16:42 horas, y nos pareció que no convendría apurar tanto). Por tanto, tendríamos unas cinco horas para hacer el recorrido siguiente, incluyendo la comida:
. Casa Giannini.
. Iglesia Santa María Foris Portam
. Torre Guinigui
. Plaza del Anfiteatro
. Basilica de San Frediano
. Edificios estilo Liberty
. Plaza e Iglesia de San Michele
. Plaza Napoleone
. Iglesia de Santi Giovanni e Reparata
. Catedral de San Martino
Para las necesidades fisiológicas tenemos unos baños públicos en Via Pescheria n.º 9 (1 euro).
Cuando empezamos a planificar la visita a Lucca mi acompañante me pidió que incluyéramos alguna visita relacionada con Santa Gema Galgani, dado que su familia es muy devota de esta Santa. En mi caso, he de decir que mi madre y mis tías también lo fueron y que iban con frecuencia al Santuario que hay en la calle Leizarán de Madrid pero a mí no se me pegó esta afición y tenía el tema en el olvido por lo que no tenía constancia de esta circunstancia. Efectivamente, su figura está ligada a esta ciudad ya que aquí fue donde experimentó los estigmas y pasó los últimos años de su vida. En Lucca está el Santuario, alejado del casco urbano, y la Casa Giannini, más céntrica, por lo que optamos por esta segunda para optimizar el tiempo de visita.
La Casa Giannini está ubicada en la Via del Seminario n.º 10 y abre de 09:15 a 12:00 y de 15:00 a 18:30. La visita es gratis aunque lo normal es dejar alguna aportación o donativo tras la visita.

Llamamos al telefonillo y nos abre una monja que nos invita a entrar. Sólo habla italiano aunque manifiesta que ha estado en España un par de veces por lo que ponemos voluntad ambas partes, ella hablando despacito y nosotros intentando trasponerlo al español dado que muchas palabras son parecidas pero creo que de lo mollar nos enteramos. Estamos solos por lo que la visita va a ser privada de todas, todas y, de hecho, mientras estuvimos allí nadie llamó. Se trata al fin y al cabo de una visita para verdaderos interesados en Santa Gema por lo que ningún despistado o que no tenga un mínimo interés se va a acercar.
La monja nos hace una visita por toda la casa recorriendo las diferentes estancias: el comedor donde ella comía de espaldas a una figura de Jesús Crucificado, el dormitorio, la cama donde sufrió los estigmas de Cristo, el despacho donde escribió su diario, una sala con objetos personales o un oratorio. Las explicaciones son largas y sentidas y como mi acompañante es el que está puesto en el tema pues intercambia impresiones y recibe aclaraciones. Yo, desde el respeto, escucho con atención y me empapo de los últimos momentos de la primera Santa del siglo XX.

Se sea o no creyente la verdad es que la visita ha sido reconfortante. Para el que lo sea por lo que supone visitar donde Santa Gema vivió y lo que le rodeó y para el que no lo sea por el ambiente de paz que se respira dentro de sus muros. Por eso, creo que valorará más esta visita quien tenga interés en su figura aunque si se va de oyente tampoco va a ser una pérdida de tiempo dado que en unos veinte minutos se queda el recorrido hecho.
A continuación ponemos rumbo al siguiente punto de interés.
La Iglesia de Santa María Foris Portam, a unos minutos de la Casa Giannini, se llama así porque originalmente estaba situada fuera de las murallas romanas, justo afuera de la puerta oriental que conducía a la ciudad.
Se atestigua la existencia de la iglesia ya en el siglo VIII, mucho antes de la construcción de las murallas medievales del siglo XII. La iglesia original fue reconstruida en estilo románico en el siglo XII y restaurada en el siglo XVI con modificaciones que cambiaron su aspecto. El interior conservó su planta de tres naves, pero la cubierta original de cerchas se sustituyó por bóvedas de crucería. Toda la estructura se levantó con muros de ladrillo, claramente visibles desde el exterior y contrastan marcadamente con el blanco de las piedras medievales.
En el interior se pueden encontrar lienzos de Giovan Francesco Barbieri, conocido como Guercino y de Alessandro Ardenti, además de un reloj de sol de cuarto oscuro, formada por una línea oblicua en el suelo delante del altar mayor y un agujero en la pared de manera que cuando el haz de luz que se filtra a través del agujero se encuentra con la línea del suelo, significa que el sol ha alcanzado su altura máxima, indicando así el mediodía en Lucca (una placa precisa 7 minutos y 55 segundos más tarde que la hora solar de Roma).

He de decir que la iglesia vale más por fuera que por dentro. En su interior no encuentro nada que no se haya visto antes y que destaque. Su horario de apertura es de 09:00 a 12:00 y es gratuita. Si se pasa por delante merece quedarse un rato pero venir ex profeso no es algo que volvería a hacer.
A continuación nos aproximamos a las cercanías de la Torre Guinigui.
La Torre Guinigi es una torre de 44,25 m de altura y es considerada como uno de los monumentos más representativos de la ciudad de Lucca, siendo además de de las pocas torres que se mantienen en pie en esta ciudad. La característica principal, y por lo que es más conocida, es la presencia de un jardín con algunas encinas en su parte superior. Hacia el siglo XIV, dentro del perímetro de las murallas de la ciudad de Lucca existían gran cantidad de torres y campanarios. La familia Guinigi (quienes eran dueños de buena parte de la ciudad y constituyeron una de las familias más famosas de Lucca) quisieron embellecer la torre con un jardín arbolado, convirtiéndose éste en uno de los símbolos del renacimiento, estando presente incluso en el escudo familiar. Existen diversas teorías sobre por qué se plantaron los árboles en la torre. Algunas hipótesis se refieren a que con ello se quería superar la altura laTorre delle Ore, que era la más alta de la ciudad (con 50 metros), y otras sostienen que simplemente era un signo de distinción que pudiera hacer reconocible el edificio en la distancia entre las diferentes torres urbanas.
Se puede visitar y para llegar a la terraza hay que subir 25 tramos de escaleras y 230 escalones. El coste de la entrada es de 8 euros.

Según nos vamos acercando se ve su perfil pero la maraña de calles no permite una panorámica completa aunque es curiosa la presencia de la maleza en la parte superior de la torre. No tenemos idea de subir escaleras hoy por lo que ya, de inicio, hemos descartado la visita.
A propósito, tenía que decirlo, la página web de la oficina de turismo de Lucca es la menos práctica que he visto en mucho tiempo. Sí, tiene mucha información, pero para encontrar cosas útiles para la visita como horarios, direcciones o precios de las cosas a ver tienes que andar dando vueltas y vueltas y en algunos casos ni aparecen y tienes que buscar alternativas. A veces más es menos o como diría Le petit Caporal, el vencedor de Ulm, “un buen boceto es mejor que un largo discurso”.
En este punto de la ciudad ya notamos el peso del calor y ello se acentúa porque nos topamos de hoz y coz con el turismo de masas del mes de julio. Las calles empiezan a estar abarrotadas de gente, tanto lugareña como turista, y cuesta caminar sin tener que andar cediendo el paso. Despacito, despacito, llegamos a la Plaza del Anfiteatro.
La plaza del anfiteatro se construyó sobre las ruinas del antiguo anfiteatro romano del siglo II d. C. lo que determinó su forma elíptica cerrada característica. En el siglo XIX el arquitecto Nottolini decidió recuperar la estructura urbana antigua de la ciudad por lo que la zona del anfiteatro fue despejada y se abrió la "vía del anfiteatro" de perfil elíptico y que rodea los edificios en torno a la plaza. El acceso es posible a través de cuatro puertas, pero solo una de ellas (la más baja) es similar a las originales.

Si te sitúas en el centro puedes admirar la estructura elíptica de los edificios y que conformarían el antiguo esqueleto del anfiteatro. Es curiosa de ver pero el gran número de visitantes que hay en el interior y todas las sombrillas de las terrazas de los restaurantes que se encuentran por allí afean un tanto la visión de conjunto.
En este punto empiezo a darme la razón del porqué evito en la medida de lo posible el viajar en los meses centrales del verano, optando por mayo-junio y septiembre-octubre. Si tiro de memoria en el 2017 fue la última vez que viajé de vacaciones en julio o agosto y por algo sería. Porque me empieza a agobiar todo el gentío existente, unido al calor que va en aumento según nos acercamos a las horas más pronunciadas del estío. No se está a gusto y se echa de menos pasear por un punto turístico sin que te den codazos o tengas que andar sorteando grupos cada vez más numerosos. Es la fecha que es y es lo que hay pero, pudiendo elegir, me quedo con otros meses sin duda.
Al lado de la Plaza del Anfiteatro está uno de los puntos que tengo especial interés en ver por sus mosaicos de la fachada: la Basílica de San Frediano.
La Basílica de San Frediano presenta un mosaico bizantino dorado en la fachada que representa la Ascensión de Cristo de finales del siglo XIII y que es rarísimo en el estilo románico. De hecho en la Toscana, la única otra fachada decorada de esta forma es la de San Miniato al Monte, en Florencia, que no hay que dejar de visitar si se sube a la Plaza Michelangelo a ver la perspectiva de la ciudad puesto que está muy próxima. El mosaico muestra a Cristo Redentor subiendo al cielo acompañado por dos ángeles. El estilo de la obra corresponde a la escuela de Lucca de los Berlinghieri.

Con este último punto ya hemos cubierto una buena parte de la visita a Lucca pero aún faltan cosas que ver y además tenemos que dejar un buen rato para comer. Por tanto, de lo que falta por vivir del día será contado en la próxima y pantagruélica etapa.