El autobús vip para Bushehr está lleno. Nada más sentarnos nos obsequian con una comida dulce y fruta. El viaje transcurre sin problemas, con muchas paradas en diferentes checkpoints policiales. En cinco horas estoy en Bushehr, donde me espera mi host, Vahdi,… con un ramo de flores. Esto promete…
En menos de diez minutos estoy en su casa, donde me esperan su padre y su madre (recuerda Iñaki, no tocar), con la sonrisa tan gratificante de esta gente, que hace que te sientas en tu propia casa desde el minuto número uno.
Vahdi es un joven médico de 28 años. Habla inglés muy bien (es decir, despacito y comprensible para mí), mientras que sus padres no lo haccen, por lo que me toca tenerlo de traductor para las consabidas preguntas que tanto gustan a los iraníes. Estoy a punto de inventarme una familia virtual: de hecho, mi hermana ya me ha mandado fotos de sus hijos.
El calor que hace en Bushehr simplemente es indescriptible. Lo más parecido tal vez sea una sauna turca, a tope de humedad y calor. Es la hostia. Menos mal que en la casa de Vahid el aire acondicionado está puesto todo el día. Me ha dejado su habitación para dormir, mientras que él lo hará en el suelo del salón.
A pesar de la dificultad con el idioma, la familia es encantadora. Me tratan como un príncipe. Creo que esta noche he engordado otro kilito.
Al día siguiente nos levantamos hacia las 8:00 porque hemos quedado con un experto en el museo etnográfico de la ciudad. Allí vemos alguna casa tradicional en compañía de Mohamad (el padre de Vahid) y el propio Vahid. Se está de vicio ya que está puesto el aire acondicionado a tope. Tomamos te, galletas, caramelos,… mientras me preguntan por mi viaje.
Una pena que la visita sólo dura una horita. El siguiente destino es el museo de medicina de la ciudad. En el camino, de unos 300 metros, hecho con coche, creo que he bajado el kilito del desayuno sólo de cuánto he transpirado. El museo de medicina es muy curioso. Nos atiende el director, extrañado de que haya turistas en su ciudad (yo también lo estaría). El recorrido por diferentes salas bien ventiladas es interesante, además de agradable.
El calor es tan intenso que para le medio día nos volvemos al fresco de la casita. Pero no duro mucho aquí dentro porque aprovechando a Vahid, le pido ayuda para la compra de vuelos en la web www.alibaba.ir
Chequeando los vuelos, veo la opción de volar a Esfahan para coincidir de nuevo con Neda y Alireza, aunque sólo sea una noche y desde allí volar a Tehran para seguir revisitando a mis hosts. El precio por los dos vuelos unos 75€.
La siesta del bueno de Vahid es de esas que duran más de tres horas, así que aprovecho para mirar Internet. Por fin puedo hacerlo sin censura, ya que Vahid me ha instalado un software para saltarme los controles del gobierno. Por fin puedo mirar youtube, logearme con facebook,…
A la tarde damos una vuelta visitando algunos amigos suyos. Así nos vamos a una pequeña playa donde el agua está más caliente que en un jacuzzi. La gente se baña con toda la ropa, pero como yo no tenía, le he preguntado a Vahid si me podía bañar en pelotas. Su cara ha sido suficientemente expresiva como para entender su respuesta en farsi. En definitiva, me he metido en calzocillos.
Desde allí, una horita más tarde, nos hemos ido a cenar a un restaurante tradicional iraní, donde mi host ha elegido (siempre les dejo elegir, siempre) un original kebap de cordero, otro original kebap de ternera y otro original kebap de pollo… todo ello, por supuesto, aderezado con otra ración de original arroz. Con Vahid ha sido imposible pagar nada, ni siquiera la gasolina o un mísero helado.
Por la noche, tras cenar, damos una vuelta por el paseo marítimo, bien chulo, si no fuera por el bochorno húmedo que no desaparece de esta ciudad en ningún momento.
El día siguiente, último de mi estancia con la maravillosa familia de Vahid, aprovechamos para dormir y charlar con traducción simultánea; para cambiar tomanes; incluso me lleva a visitar una central nuclear próxima a la ciudad (desde la distancia, claro, no vaya a ser que me pregunten por mi hotel).
El aeropuerto de Bushehr está dentro de la ciudad y es enano. Sólo vuela una vez por semana a Esfahan y varias veces al día a Teheran. Mi vuelo sale con un retraso de 45 minutos, ya advertido por la agencia de viajes. Me despido con una pena inmensa de este gran hombre, Vahid, de Bushehr, con un consejo personal: que no haga caso al psicólogo iraní que le “trata” su inclinación sexual con terapias como que debe casarse y se le pasará.

