Y con esto se acaba mi etancia en kerman. Ahora toca intentar descansar en el bus hacia Shiraz (8horas)
Pues no, no he dormido como esperaba. El viajecito se me ha hecho un poco largo, la verdad. Han sido 8h y 15’ (9€) en las cuales he estado reviviendo el magnífico viaje que estoy haciendo, así como planificando y replanificando mi ruta.
A las 6:15 he llegado a la Terminal de autobuses de Shiraz, perdida en la nada, como siempre. Allí me estaba esperando mi host, Masoud, en su coche. De camino a casa nos hemos parado a comprar el desayuno: el mismo que me compró Rasool en Najafabad.
Para los 6:45 ya estábamos en su casa, donde nos esperaba su madre y su padre (muertos de sueño, pobrecitos), quienes nos preparan un te y fruta fresca.
Aprovechando que es pronto, después de charlar un par de horitas nos acercamos al centro de Shiraz en coche.
Paseamos por el bazar, nunca me canso de hacerlo, donde le compro un colgante a la hija de khosro. Pasamos por la mezquita Vakil, a la que no entramos, de camino hacia los Jardines Ghavam (4€), donde se encuentra un palacio y un museo de objetos antiguos
El sitio es bonito y lo disfruto en compañía de Masoud.
Donde sí entramos es en el Templo sagrado de la ciudad, donde se encuentran las tumbas de Amir ahmad-ibn-e-musa-Al-Kazem y otro más que paso de escribir, además de un museo y una biblioteca.
Con mi pelo extraño...
Para los extranjeros tenemos una visita guiada, ¡gratuita!, espera que voy a volver a escribir esta palabra que la tenía olvidada de mi vocabulario, ¡gratuita! Por un guía de la oficina de asuntos exteriores. Es en inglés y no dura más de 15’. Merece la pena, sin lugar a dudas. El sitio es espectacular y hacen 15ºC menos que en la calle.
El recorrido matutino ya ha terminado, así que nos volvemos a casita de la ama a comer, que a la tarde nos esperan más visitas. Viva el CouchSurfing.
En efecto, a eso de las 17:30 cogemos nuevamente el coche y Masoud me lleva a una pequeña villa próxima a Shiraz, Galat, por la que nos adentramos en un pequeño bosque. El recorrido termina en una cascada, de agua heladísima, donde nos tumbamos y por fin se abre. Masoud es un tío genial, pero bastante tímido. Este momento ha sido en el que se ha sentido realmente cómodo conmigo (soy un tipo bastante sociable, la verdad). Hemos estado charlando un par de horas, hasta que se ha puesto el sol. Seguido, de vuelta al coche, nos hemos parado en un pequeño restaurante, para tomar un delicioso té con dulces en la terraza del mismo.
De vuelta a Shiraz hemos paseado por una calle muy poblada de gente joven, al parecer es la forma que tienen los chavales de flirtear en esta sociedad tan represora. Mirando a tanta mujer linda me he dado una hostia de campeonato con un bolardo que aún me duele. Cuando hemos regresado a casa ya no tenía excusa para no limpiar mi pantalón, pues se había pringado de sangre. El bueno de él ha estado 31 días conmigo, como un campeón. Ya, ya sé que es un poco cochinada, pero es que son muy cómodos y no puedo usar los cortos.
El día temina con una cenita que por primera vez no me gusta, aunque he comido el plato y charla con Masoud.
Hoy jueves es uno de los días marcados en el viaje, voy a visitar Persépolis. Pero antes hay que recuperar fuerzas. Nos hemos levantado a las 6:30 para poder desayunar Calapacheh. Sí, lo del día de la borrachera con Neda y Mariam. Pero esta vez lo he disfrutado como un niño.
El hecho de levantarnos tan pronto nos permitía acercarnos a Persépolis antes que lo hicieran los grupos de turistas. En efecto, para las 8:30 ya teníamos la entrada (5€) comprada. Masoud me ha propuesto hacer la visita con guía en inglés, para comprender mejor lo que íbamos a ver (13€). Por supuesto, le he dicho que sí.
Por no extenderme. La visita guiada, muy profesional y correcta, ha durado 1’5h. Después Masoud y yo nos hemos quedado otra horita más imaginando cómo tenía que ser esta megapolis antigua. A mí me parece una visita obligada para quien viene a Irán por primera vez, incluso si no durmieras en Shiraz.
Tras la visita nos da tiempo aún a dar una vuelta por la ciudad. Masoud propone acercarnos a un sitio con bonitas vistas, en la entrada Sur de la ciudad. Realmente las vistas, después de una ardua ascensión de unos 20’, merecen el esfuerzo. El promontorio cuenta con un mausoleo a los caídos anónimos durante la guerra de los 80’.
Volvemos a casa, donde nos esperan el hermano y cuñada de mi host, además de sus padres. Ya estaba yo echando en falta a los familiares de Masoud… Son realmente agradables y hablan inglés, así que la comida y sobremesa la disfruto nuevamente, agradecido a la cordialidad iraní.
Llega el momento de la despedida, y es que Moshen, mi siguente host, me llama al móvil diciendo que me viene a buscar a casa de Masoud. Ya estas cosas ni me llaman la atención, las doy por supuestas…
Moshen es un joven de Tehran que se ha bajado al Sur para escapar de la macrociudad, y para estar cerca de su novia de Shiraz. A diferencia de Masoud, éste es extraordinariamente abierto, dicharachero, afable,… y habla un inglés demasiado fluido para mí.
Su casa está a las afueras de la ciudad, a unos 25 minutos en coche. Me quedaré sólo una noche con él.
Ya en su casa, espaciosa y confortable: hasta tiene cagadero “normal”, qué bendición, Dios; en su casa, decía, hemos preparado una cena rápida (Por supuesto el arroz es la parte fundamental de la misma) mientras me deja poner un poco de música (Otis Reeding y Elvis Presley).
Ya son las 00:00 cuando recibe un mensaje de un inglés para pasar la noche en su casa. Al parecer le han robado y no puede quedarse en el hostel. Evidentemente Moshen, después de preguntarme qué me parece, decide ir a buscarlo. Nos lleva unos 30’ llegar donde está. En efecto, le han robado unos 750€, apenas le quedan 25€ para tres días. Está bastante nervioso, así que lo primero que hacemos es tranquilizarlo, diciendo que cuenta con nuestra ayuda para lo que se requiera.
Los del hostel no le quieren dejar marchar esta noche, obligándole a pagar las dos noches que contrató antes del robo. Puede parecer estúpido, pero es que en Irán no puedes marcharte así como así, a las 01:00 de un hostel; y menos sin pasaporte. Le cuesta entenderlo (welcome to Iran), pero le hacemos notar que le caería un marrón de la leche al buenos de Moshen si nos lo llevamos a casa sin el pasaporte, máxime cuando las cámaras lo han grabado todo. Para facilitar las cosas, procedo a cancelar la deudad de los 20 dólares del hostel para que esté tranquilo y descanse en el mismo. Mañana por la mañana recoge el pasaporte y se marcha donde quiera ir. Hemos tardado más de media hora en convencerle de que esta era la única solución al problema. Que aquí, en Irán, no puedes dejar tu hostel a la madrugada para irte a la casa de un desconocido (el CS no es legal en este país). Al final nos agradece mil veces el que hayamos ido a ayudarle, que Moshen haya hecho de intérprete y que yo le haya pagado las dos noches del albergue.
Por fin regresamos a las 2:45 a casita. El problema es que Moshen me recuerda que tenemos que levantarnos a ls 5:30 para hacer senderismo. Manda huevos….
La amenaza se ha hecho realidad. A las 5:30 me ha despertado y para las 6:00 ya estábamos en casa de Sahar, su novia (obviamente, linda).
La montaña que vamos a ascender impone desde abajo, donde hemos aparcado el coche. Llama la atención la cantidad de gente que hay… espera un poco… hostias, si es que están bajando la montaña… pero a qué hora se levanta la gente aquí?
El recorrido de ascensión no es nada incómodo, ya que a pesar de la pendiente pronunciada, el sendero sigue zig-zags que lo hacen asequible para casi todos, con paciencia. Lo ascendemos en unos 90 minutos, casi siempre en sombra (motivo por el que nos hemos levantado tan pronto: para las 9:00 ya da la solana).
Lo mejor, llegar arriba y desayunar mientras charlamos de cosas interesantes. Yo llevaba nueces y pistachos de kerman (es una tradición que siempre que voy al monte llevo algo para romper el hielo con la gente), así que se los he ofrecido a otros montañeros vecinos y al final hemos compartido desayuno: té, café recien hecho, limonada casera, higos, galletas, frutos secos, fruta diversa… Hemos estado a la sombra de un pedrusco (no hay árboles, es como un desierto) un par de horitas antes de encaminarnos por el camino de vuelta, ésta vez sí al sol intensísimo.
De regreso a casa nos hemos zampado otros ricos falude de Shiraz, ligeramente diferentes a los de Yazd o Kerman, son como fideos y están bañados en salsa de limón. Pero igual de fresquitos y ricos (igual incluso mejores).
Mientras Moshen prepara la comida, echo una cabezadita… de tres horas. Jodé, es que la necesitaba. Eso sí, cuando he abierto el ojo, Moshen seguía con la comida, así que imagino que también él habrá aprovechado bien las tres horitas.
Por supuesto, Moshen ni se ha cuestionado la opción del taxi. Lleva primero a Sahar a casita de sus padres y seguido me deja en el hostel. Por cierto, si te preguntas qué ha sido del inglés, nos ha mandado un mensaje a las 12:00 diciéndonos que se marchaba para tehran y que estaba muy agradecido a los dos.
El hostel de Shiraz, el del inglés, es una pasada de guay. Por 9€ tengo cama (no litera) en un dormintorio enorme con sólo seis camas, aire acondicionado (aún estoy flipando), Internet (si bien las aplicaciones de google no me van: motivo por el que faltan tantas fotos), restaurante baratísimo y gente acogedora. Está petado de guiris (como yo) que no dejan la lonely planet (no como yo) ni para tomar el te.
Tengo varios contactos para quedar, algunos no pueden (he venido en fechas diferentes a las previstas), pero aún así me las arreglo para ir a cenar con el chico, Mahdi,di, que conocí en Esfahan junto a Mandy, la holandesa (vaya lío de nombres).
Me lleva a un sitio tradicional donde comemos pescado rebozado, sencillo, pero diferente. Como le prometí en Esfahan le compro una camiseta de “I LOVE Iran”, que me pongo inmediatamente. He vuelto a ser el objeto de las miradas de la gente, cosa que empieza a preocuparme, porque me gusta.
De vuelta en el hostel a actualizar el blog coincido con Carlos y Marc, los chicos de la casa de Abosar en Kerman. Ya han vuelto de su periplo por el Sur: perdido en la isla, casi se deshidratan, les robaron pasta, la policía pilló al ladrón,… vamos mil historias para contar a sus nietos. El que estén ellos en el hostel me confirma la buena elección: no puede haber uno más barato a 100 km a la redonda.
Hoy sábado 23 me levanto por último día en Shiraz. Compro el billete de autobús para Bushehr, saliendo a las 15:30, así que tengo tiempo para dar una vuelta. En este caso, me viene a buscar al hostel otro chico iraní (una pena que otra chica me ha mandado un mensaje diciendo que le ha surgido algo), Behnam; así que él y yo nos hemos dirigido al Jardín Eram. Eso sí, primero ha caído otro falude junto a un batido de helado con zanahoria.
El jardín (otros 20000 tomanes, 5€ para mí; gratis para él) es precioso.
Es grande, espacioso, con flores y sus estanques correspondientes. Lo he disfrutado en su compañía. Hasta que se nos ha sentado un señor, como avanzadilla de su familia que se le ha unido al de unos 4 minutillos, extrañados imagino por nuestro spanglish (Behnam entiende un poquito de Español). Ha sido un momento un poco surrealista al principio, hasta que he decidido incluirlos en la conversación. Ellos emocionados: es una familia de Kashan (me han invitado, dándome teléfono y mail) que está de vacaciones por Shiraz. La niña menor, de 11 añitos, hacía de intérprete inglés-fasri. Ha sido curisoso y bonito a la vez.
Después de algo más de media hora, nos hemos despedido de ellos y del jardín. Moshen me llama para decirme que me quiere traer las gafas de sol que me olvidé en su casa (4€!!). Es imposible hacerle entrar en razón, así que entre él y Behnam deciden buscar un punto de encuentro, donde me despido de mi nuevo amigo y me quedo con Moshen, al menos para decirle adiós.
Anda bastante liado, le acompaño a algún recadito para charlar con él, pues estaba intrirgado con la party que tenía preparada ayer con los amigos: acabó tan pedo como yo en Esfahan.
Ya se está haciendo tarde, así que le comento para que me pille un taxi (a él no le van a timar) que me lleve al hostel (17 km de donde estoy) a por la mochila, me espere y me lleve seguido a la Terminal de bus hacia Bushehr, que está a unos 11 kilómetros del hostel. El hecho es que estoy cerca de la Terminal cuando tomo el taxi, pero tengo que hacer como una figura de boomerang según googlemaps, por la mochila. El trayecto completo dura como una hora, por el tráfico. (5€)
Llego con tiempo a la Terminal, así que en esos 45’ de espera me como algo en el restaurante de la propia Terminal: arroz, pollo en salsa, doog y pepsi (3€).
Y aquí se termina mi periplo por Shiraz
Pues no, no he dormido como esperaba. El viajecito se me ha hecho un poco largo, la verdad. Han sido 8h y 15’ (9€) en las cuales he estado reviviendo el magnífico viaje que estoy haciendo, así como planificando y replanificando mi ruta.
A las 6:15 he llegado a la Terminal de autobuses de Shiraz, perdida en la nada, como siempre. Allí me estaba esperando mi host, Masoud, en su coche. De camino a casa nos hemos parado a comprar el desayuno: el mismo que me compró Rasool en Najafabad.
Para los 6:45 ya estábamos en su casa, donde nos esperaba su madre y su padre (muertos de sueño, pobrecitos), quienes nos preparan un te y fruta fresca.
Aprovechando que es pronto, después de charlar un par de horitas nos acercamos al centro de Shiraz en coche.
Paseamos por el bazar, nunca me canso de hacerlo, donde le compro un colgante a la hija de khosro. Pasamos por la mezquita Vakil, a la que no entramos, de camino hacia los Jardines Ghavam (4€), donde se encuentra un palacio y un museo de objetos antiguos
El sitio es bonito y lo disfruto en compañía de Masoud.



Donde sí entramos es en el Templo sagrado de la ciudad, donde se encuentran las tumbas de Amir ahmad-ibn-e-musa-Al-Kazem y otro más que paso de escribir, además de un museo y una biblioteca.
Con mi pelo extraño...

Para los extranjeros tenemos una visita guiada, ¡gratuita!, espera que voy a volver a escribir esta palabra que la tenía olvidada de mi vocabulario, ¡gratuita! Por un guía de la oficina de asuntos exteriores. Es en inglés y no dura más de 15’. Merece la pena, sin lugar a dudas. El sitio es espectacular y hacen 15ºC menos que en la calle.
El recorrido matutino ya ha terminado, así que nos volvemos a casita de la ama a comer, que a la tarde nos esperan más visitas. Viva el CouchSurfing.
En efecto, a eso de las 17:30 cogemos nuevamente el coche y Masoud me lleva a una pequeña villa próxima a Shiraz, Galat, por la que nos adentramos en un pequeño bosque. El recorrido termina en una cascada, de agua heladísima, donde nos tumbamos y por fin se abre. Masoud es un tío genial, pero bastante tímido. Este momento ha sido en el que se ha sentido realmente cómodo conmigo (soy un tipo bastante sociable, la verdad). Hemos estado charlando un par de horas, hasta que se ha puesto el sol. Seguido, de vuelta al coche, nos hemos parado en un pequeño restaurante, para tomar un delicioso té con dulces en la terraza del mismo.

De vuelta a Shiraz hemos paseado por una calle muy poblada de gente joven, al parecer es la forma que tienen los chavales de flirtear en esta sociedad tan represora. Mirando a tanta mujer linda me he dado una hostia de campeonato con un bolardo que aún me duele. Cuando hemos regresado a casa ya no tenía excusa para no limpiar mi pantalón, pues se había pringado de sangre. El bueno de él ha estado 31 días conmigo, como un campeón. Ya, ya sé que es un poco cochinada, pero es que son muy cómodos y no puedo usar los cortos.
El día temina con una cenita que por primera vez no me gusta, aunque he comido el plato y charla con Masoud.
Hoy jueves es uno de los días marcados en el viaje, voy a visitar Persépolis. Pero antes hay que recuperar fuerzas. Nos hemos levantado a las 6:30 para poder desayunar Calapacheh. Sí, lo del día de la borrachera con Neda y Mariam. Pero esta vez lo he disfrutado como un niño.

El hecho de levantarnos tan pronto nos permitía acercarnos a Persépolis antes que lo hicieran los grupos de turistas. En efecto, para las 8:30 ya teníamos la entrada (5€) comprada. Masoud me ha propuesto hacer la visita con guía en inglés, para comprender mejor lo que íbamos a ver (13€). Por supuesto, le he dicho que sí.
Por no extenderme. La visita guiada, muy profesional y correcta, ha durado 1’5h. Después Masoud y yo nos hemos quedado otra horita más imaginando cómo tenía que ser esta megapolis antigua. A mí me parece una visita obligada para quien viene a Irán por primera vez, incluso si no durmieras en Shiraz.
Tras la visita nos da tiempo aún a dar una vuelta por la ciudad. Masoud propone acercarnos a un sitio con bonitas vistas, en la entrada Sur de la ciudad. Realmente las vistas, después de una ardua ascensión de unos 20’, merecen el esfuerzo. El promontorio cuenta con un mausoleo a los caídos anónimos durante la guerra de los 80’.
Volvemos a casa, donde nos esperan el hermano y cuñada de mi host, además de sus padres. Ya estaba yo echando en falta a los familiares de Masoud… Son realmente agradables y hablan inglés, así que la comida y sobremesa la disfruto nuevamente, agradecido a la cordialidad iraní.


Llega el momento de la despedida, y es que Moshen, mi siguente host, me llama al móvil diciendo que me viene a buscar a casa de Masoud. Ya estas cosas ni me llaman la atención, las doy por supuestas…
Moshen es un joven de Tehran que se ha bajado al Sur para escapar de la macrociudad, y para estar cerca de su novia de Shiraz. A diferencia de Masoud, éste es extraordinariamente abierto, dicharachero, afable,… y habla un inglés demasiado fluido para mí.
Su casa está a las afueras de la ciudad, a unos 25 minutos en coche. Me quedaré sólo una noche con él.

Ya en su casa, espaciosa y confortable: hasta tiene cagadero “normal”, qué bendición, Dios; en su casa, decía, hemos preparado una cena rápida (Por supuesto el arroz es la parte fundamental de la misma) mientras me deja poner un poco de música (Otis Reeding y Elvis Presley).
Ya son las 00:00 cuando recibe un mensaje de un inglés para pasar la noche en su casa. Al parecer le han robado y no puede quedarse en el hostel. Evidentemente Moshen, después de preguntarme qué me parece, decide ir a buscarlo. Nos lleva unos 30’ llegar donde está. En efecto, le han robado unos 750€, apenas le quedan 25€ para tres días. Está bastante nervioso, así que lo primero que hacemos es tranquilizarlo, diciendo que cuenta con nuestra ayuda para lo que se requiera.
Los del hostel no le quieren dejar marchar esta noche, obligándole a pagar las dos noches que contrató antes del robo. Puede parecer estúpido, pero es que en Irán no puedes marcharte así como así, a las 01:00 de un hostel; y menos sin pasaporte. Le cuesta entenderlo (welcome to Iran), pero le hacemos notar que le caería un marrón de la leche al buenos de Moshen si nos lo llevamos a casa sin el pasaporte, máxime cuando las cámaras lo han grabado todo. Para facilitar las cosas, procedo a cancelar la deudad de los 20 dólares del hostel para que esté tranquilo y descanse en el mismo. Mañana por la mañana recoge el pasaporte y se marcha donde quiera ir. Hemos tardado más de media hora en convencerle de que esta era la única solución al problema. Que aquí, en Irán, no puedes dejar tu hostel a la madrugada para irte a la casa de un desconocido (el CS no es legal en este país). Al final nos agradece mil veces el que hayamos ido a ayudarle, que Moshen haya hecho de intérprete y que yo le haya pagado las dos noches del albergue.
Por fin regresamos a las 2:45 a casita. El problema es que Moshen me recuerda que tenemos que levantarnos a ls 5:30 para hacer senderismo. Manda huevos….
La amenaza se ha hecho realidad. A las 5:30 me ha despertado y para las 6:00 ya estábamos en casa de Sahar, su novia (obviamente, linda).
La montaña que vamos a ascender impone desde abajo, donde hemos aparcado el coche. Llama la atención la cantidad de gente que hay… espera un poco… hostias, si es que están bajando la montaña… pero a qué hora se levanta la gente aquí?
El recorrido de ascensión no es nada incómodo, ya que a pesar de la pendiente pronunciada, el sendero sigue zig-zags que lo hacen asequible para casi todos, con paciencia. Lo ascendemos en unos 90 minutos, casi siempre en sombra (motivo por el que nos hemos levantado tan pronto: para las 9:00 ya da la solana).
Lo mejor, llegar arriba y desayunar mientras charlamos de cosas interesantes. Yo llevaba nueces y pistachos de kerman (es una tradición que siempre que voy al monte llevo algo para romper el hielo con la gente), así que se los he ofrecido a otros montañeros vecinos y al final hemos compartido desayuno: té, café recien hecho, limonada casera, higos, galletas, frutos secos, fruta diversa… Hemos estado a la sombra de un pedrusco (no hay árboles, es como un desierto) un par de horitas antes de encaminarnos por el camino de vuelta, ésta vez sí al sol intensísimo.

De regreso a casa nos hemos zampado otros ricos falude de Shiraz, ligeramente diferentes a los de Yazd o Kerman, son como fideos y están bañados en salsa de limón. Pero igual de fresquitos y ricos (igual incluso mejores).
Mientras Moshen prepara la comida, echo una cabezadita… de tres horas. Jodé, es que la necesitaba. Eso sí, cuando he abierto el ojo, Moshen seguía con la comida, así que imagino que también él habrá aprovechado bien las tres horitas.
Por supuesto, Moshen ni se ha cuestionado la opción del taxi. Lleva primero a Sahar a casita de sus padres y seguido me deja en el hostel. Por cierto, si te preguntas qué ha sido del inglés, nos ha mandado un mensaje a las 12:00 diciéndonos que se marchaba para tehran y que estaba muy agradecido a los dos.
El hostel de Shiraz, el del inglés, es una pasada de guay. Por 9€ tengo cama (no litera) en un dormintorio enorme con sólo seis camas, aire acondicionado (aún estoy flipando), Internet (si bien las aplicaciones de google no me van: motivo por el que faltan tantas fotos), restaurante baratísimo y gente acogedora. Está petado de guiris (como yo) que no dejan la lonely planet (no como yo) ni para tomar el te.
Tengo varios contactos para quedar, algunos no pueden (he venido en fechas diferentes a las previstas), pero aún así me las arreglo para ir a cenar con el chico, Mahdi,di, que conocí en Esfahan junto a Mandy, la holandesa (vaya lío de nombres).
Me lleva a un sitio tradicional donde comemos pescado rebozado, sencillo, pero diferente. Como le prometí en Esfahan le compro una camiseta de “I LOVE Iran”, que me pongo inmediatamente. He vuelto a ser el objeto de las miradas de la gente, cosa que empieza a preocuparme, porque me gusta.
De vuelta en el hostel a actualizar el blog coincido con Carlos y Marc, los chicos de la casa de Abosar en Kerman. Ya han vuelto de su periplo por el Sur: perdido en la isla, casi se deshidratan, les robaron pasta, la policía pilló al ladrón,… vamos mil historias para contar a sus nietos. El que estén ellos en el hostel me confirma la buena elección: no puede haber uno más barato a 100 km a la redonda.
Hoy sábado 23 me levanto por último día en Shiraz. Compro el billete de autobús para Bushehr, saliendo a las 15:30, así que tengo tiempo para dar una vuelta. En este caso, me viene a buscar al hostel otro chico iraní (una pena que otra chica me ha mandado un mensaje diciendo que le ha surgido algo), Behnam; así que él y yo nos hemos dirigido al Jardín Eram. Eso sí, primero ha caído otro falude junto a un batido de helado con zanahoria.
El jardín (otros 20000 tomanes, 5€ para mí; gratis para él) es precioso.
Es grande, espacioso, con flores y sus estanques correspondientes. Lo he disfrutado en su compañía. Hasta que se nos ha sentado un señor, como avanzadilla de su familia que se le ha unido al de unos 4 minutillos, extrañados imagino por nuestro spanglish (Behnam entiende un poquito de Español). Ha sido un momento un poco surrealista al principio, hasta que he decidido incluirlos en la conversación. Ellos emocionados: es una familia de Kashan (me han invitado, dándome teléfono y mail) que está de vacaciones por Shiraz. La niña menor, de 11 añitos, hacía de intérprete inglés-fasri. Ha sido curisoso y bonito a la vez.
Después de algo más de media hora, nos hemos despedido de ellos y del jardín. Moshen me llama para decirme que me quiere traer las gafas de sol que me olvidé en su casa (4€!!). Es imposible hacerle entrar en razón, así que entre él y Behnam deciden buscar un punto de encuentro, donde me despido de mi nuevo amigo y me quedo con Moshen, al menos para decirle adiós.
Anda bastante liado, le acompaño a algún recadito para charlar con él, pues estaba intrirgado con la party que tenía preparada ayer con los amigos: acabó tan pedo como yo en Esfahan.
Ya se está haciendo tarde, así que le comento para que me pille un taxi (a él no le van a timar) que me lleve al hostel (17 km de donde estoy) a por la mochila, me espere y me lleve seguido a la Terminal de bus hacia Bushehr, que está a unos 11 kilómetros del hostel. El hecho es que estoy cerca de la Terminal cuando tomo el taxi, pero tengo que hacer como una figura de boomerang según googlemaps, por la mochila. El trayecto completo dura como una hora, por el tráfico. (5€)
Llego con tiempo a la Terminal, así que en esos 45’ de espera me como algo en el restaurante de la propia Terminal: arroz, pollo en salsa, doog y pepsi (3€).
Y aquí se termina mi periplo por Shiraz

