Vahdi me había comentado que el avión para Esfahan era uno soviético (estaba acojonado), pero no ha sido para tanto. De hecho, yo creo que era un airbus pequeñito, completo, eso sí.
El vuelo ha durado una horita sólo y por 35 euros, merece la pena claramente. Había concretado la recogida con un taxista (pirata) que conocía César, del grupo de viajeros de Irán de whatasapp. A pesar del retraso del avión he tenido que esperar unos 10 minutillos, pero bien en lo demás. El precio de la carrera 35000 tomanes.
El retraso del avión ha cambiado, o mejor dicho precipitado los planes. Neda me llama que he de ir directamente al cine, donde ya ha comprado las entradas. Así que hago una escala en el hostel, donde ya me conocen como el que se va para volver en breve y por 5000 tomanes más el taxista me espera y me lleva directamente al cine. Allí está Neda, junto a Maryam y el sobrinito de ésta, Amirhusein.
Al final resulta que tenemos tiempo hasta para comprar chucherías y tomarnos un helado de azafrán con jugo de zanahoria. Las entradas al cine en Irán son en proporción al resto de artículos, unas 3-4 veces más baratas por la debilidad de la moneda. Me invitan ellas, pero pagan como 1’5€ por entrada.
Sí, estás pensando bien, la peli era en farsi sin subtítulos, y además, no era de acción. No la he llegado a entender del todo, así que Neda me hace un resumen al final… merece la pena. Se titula la hija, por si hay algún cinéfilo.
Tras la peli, Maryam se marcha con su sobri y yo me voy a cenar con Neda a su casa, donde ya conozco a su padre y a la familia de uno de sus hermanos. Esta vez toca conocer a la madre y a otro de los hermanos: Saeed.
Charlando se nos pasa el tiempo y me cojo un taxi a eso de las 2:30 hacia mi hostel. Le he vuelto a despertar al pobre portero.
Al día siguiente me encuentro con la sorpresa de que Maryam ha empezado a trabajar en el hostel ese mismo día como guía turistica. Vaya, me ha hecho ilusión. Después de saludarla decido que tengo tiempo para ir a la policía, extender el visado, quedar con Alireza, e incluso con Neda, antes de tomar el vuelo a las 15:15 para Teheran.
Qué iluso.
Resumiendo, he estado cinco horas para la extensión del visado. No he podido estar con Alireza, no he podido comoer con Neda ni despedirme de Maryam. Pero es que cuando me van a dar el visado por fin, chapan todo porque es la hora del rezo… no me jodas… media hora tardan en volver. En resumen que pierdo el vuelo, aunque al menos tengo el visado por otros 32 días.
No hay mal que con bien no venga. Después de reservar un autobús para la noche (no había más vuelos libres en el día ni el siguiente), llamo a mis amiguetes y organizamos una quedada. En el hotel invito a comer a Maryam unos Beriany que a ella le encantan y estamos de charleta hasta las 19:00.
A esa hora nos viene Alireza a buscar, aprovechamos para recoger a Neda y nos dirigimos al barrio armenio para merendar unos pasteles y unos tes. Me sigue sorprendiendo la forma que tienen de divertirse los jóvenes (no adolescentes) iraníes. Allí cae un te de azafrán (totalmente nuevo) y una tarta de queso.
Nida y Maryam no terminan de encontrarse del todo a gusto en este ambiente juvenil y nos alejamos juntos para despedirme, esta vez sí para siempre, de ellas. Me ha costado Dios y ayuda no ponerme a llorar.
Algún recuerdo de Neda y de Elnaz:

De regreso a donde seguía Alireza con sus amiguetes nos hemos ido a cenar fastfood (otra vez). Risas continuas, bromas estúpidas de hombres,… domino la situación con facilidad. Basta con apernder algunas palabrotas en persa.
Se nos hace tarde y Alireza me lleva a la Terminal. Llego a las 11:53 pm. El autobús es a las 11:55 pm. Tengo que cambiar el billete, localizando previamente la compañía. Menos mal que la puntualidad iraní juega a mi favor.
Digo adiós definitivamente, por tercera vez, a esta maravillosa gente de Esfahan en el bus VIP que me dejará en Teheran supuestamente en siete horas.
El vuelo ha durado una horita sólo y por 35 euros, merece la pena claramente. Había concretado la recogida con un taxista (pirata) que conocía César, del grupo de viajeros de Irán de whatasapp. A pesar del retraso del avión he tenido que esperar unos 10 minutillos, pero bien en lo demás. El precio de la carrera 35000 tomanes.
El retraso del avión ha cambiado, o mejor dicho precipitado los planes. Neda me llama que he de ir directamente al cine, donde ya ha comprado las entradas. Así que hago una escala en el hostel, donde ya me conocen como el que se va para volver en breve y por 5000 tomanes más el taxista me espera y me lleva directamente al cine. Allí está Neda, junto a Maryam y el sobrinito de ésta, Amirhusein.
Al final resulta que tenemos tiempo hasta para comprar chucherías y tomarnos un helado de azafrán con jugo de zanahoria. Las entradas al cine en Irán son en proporción al resto de artículos, unas 3-4 veces más baratas por la debilidad de la moneda. Me invitan ellas, pero pagan como 1’5€ por entrada.
Sí, estás pensando bien, la peli era en farsi sin subtítulos, y además, no era de acción. No la he llegado a entender del todo, así que Neda me hace un resumen al final… merece la pena. Se titula la hija, por si hay algún cinéfilo.
Tras la peli, Maryam se marcha con su sobri y yo me voy a cenar con Neda a su casa, donde ya conozco a su padre y a la familia de uno de sus hermanos. Esta vez toca conocer a la madre y a otro de los hermanos: Saeed.
Charlando se nos pasa el tiempo y me cojo un taxi a eso de las 2:30 hacia mi hostel. Le he vuelto a despertar al pobre portero.
Al día siguiente me encuentro con la sorpresa de que Maryam ha empezado a trabajar en el hostel ese mismo día como guía turistica. Vaya, me ha hecho ilusión. Después de saludarla decido que tengo tiempo para ir a la policía, extender el visado, quedar con Alireza, e incluso con Neda, antes de tomar el vuelo a las 15:15 para Teheran.
Qué iluso.
Resumiendo, he estado cinco horas para la extensión del visado. No he podido estar con Alireza, no he podido comoer con Neda ni despedirme de Maryam. Pero es que cuando me van a dar el visado por fin, chapan todo porque es la hora del rezo… no me jodas… media hora tardan en volver. En resumen que pierdo el vuelo, aunque al menos tengo el visado por otros 32 días.
No hay mal que con bien no venga. Después de reservar un autobús para la noche (no había más vuelos libres en el día ni el siguiente), llamo a mis amiguetes y organizamos una quedada. En el hotel invito a comer a Maryam unos Beriany que a ella le encantan y estamos de charleta hasta las 19:00.
A esa hora nos viene Alireza a buscar, aprovechamos para recoger a Neda y nos dirigimos al barrio armenio para merendar unos pasteles y unos tes. Me sigue sorprendiendo la forma que tienen de divertirse los jóvenes (no adolescentes) iraníes. Allí cae un te de azafrán (totalmente nuevo) y una tarta de queso.
Nida y Maryam no terminan de encontrarse del todo a gusto en este ambiente juvenil y nos alejamos juntos para despedirme, esta vez sí para siempre, de ellas. Me ha costado Dios y ayuda no ponerme a llorar.
Algún recuerdo de Neda y de Elnaz:
De regreso a donde seguía Alireza con sus amiguetes nos hemos ido a cenar fastfood (otra vez). Risas continuas, bromas estúpidas de hombres,… domino la situación con facilidad. Basta con apernder algunas palabrotas en persa.
Se nos hace tarde y Alireza me lleva a la Terminal. Llego a las 11:53 pm. El autobús es a las 11:55 pm. Tengo que cambiar el billete, localizando previamente la compañía. Menos mal que la puntualidad iraní juega a mi favor.
Digo adiós definitivamente, por tercera vez, a esta maravillosa gente de Esfahan en el bus VIP que me dejará en Teheran supuestamente en siete horas.

