Cada uno ha pasado la noche como mejor ha podido, dormir a casi 4.800 metros de altitud no es fácil, la falta de oxígeno y el frío impiden conciliar el sueño,¿ pero quién se queja cuando estás donde quieres estar?.
Desayunamos y a las 07:45, estamos todos montados en el Jeep, dispuestos a seguir disfrutando del camino que como punto culminante del trayecto nos llevará hasta el Salar. Primero abandonamos la Reserva Nacional Eduardo Avaroa, enseñamos los tickets de entrada y llegamos al desierto de Siloli, con curiosas formaciones que se deben a la erosión producida por el viento, la más famosa de todas ellas, es el árbol de piedra.

Habitantes del lugar.

El árbol de piedra.

Desierto de piedras y arena


El sitio no está mal, pero después de lo visto ayer, no es algo que te asombre, sin embargo, siempre hay lugares donde parar y tirar fotos.


Transitamos ahora por el cañón del Inca, donde podemos ver a nuestras primeras vizcachas de todo el viaje, que están calentándose al sol.


Es el turno de las lagunas altiplánicas, que se alimentan principalmente del deshielo de las montañas y al ser tan ricas en diferentes minerales, cada una de ellas tiene un color diferente, es muy común encontrar flamencos en casi todas. Vimos las lagunas Honda, Chiarcota, Hedionda y Cañapa.




Paramos a comer en un sitio habilitado para ello, al lado de la laguna hedionda, que a pesar de su nombre, no la encontramos especialmente desagradable, y fue la que más nos gustó y en la que había muchísimos flamencos. Dispusimos de un buen rato, para pasear a su alrededor


Después de comer, continuamos hasta llegar al mirador del volcán Ollagüe, con sus casis 6.000 metros, entre la frontera de Bolivia y Chile y del que se aprecian las fumarolas.

Y continuamos hasta llegar al salar de Chiguana, atravesado por la vía férrea.


Hacemos una parada Atulcha, que es un pueblo dedicado a la plantación de quinua y al pastoreo de llamas, típica parada en la tienda del pueblo, donde puedes tomarte una cerveza o comprar algo típico.
Para finalmente llegar a nuestro hostal de sal, bastante mejor que el de la primera noche, las habitaciones son dobles con baño propio. El sitio está chulo.

Y cenando con nuestros compañeros, hablando de los planes que tenemos cada uno para continuar nuestro viaje, dimos buena cuenta de la sopa de quinua, pollo frito y fruta, esta vez el que quiso pudo cenar con vino. A dormir que mañana toca el plato estrella del viaje, con el consiguiente madrugón para ver amanecer desde dentro del salar, a las cinco tenemos que estar todos preparados, ya desayunaremos más tarde.
Seguramente, hoy es el día más flojo del Tour, pero es que cualquier cosa que esté entre la reserva andina Eduardo Avaroa y el Salar de Uyuni, tiene todas la de perder.