En el pueblo de Yanque pasaríamos una noche.
El alojamiento que teníamos era el Miskiwasi B&B. Una casita convertida en un alojamiento acogedor y coqueto, regentado por un matrimonio super amable. Con un descanso de calidad y el mejor desayuno de todo el viaje.
Con el dueño habíamos intercambiado mensajes para que nos organizara el transporte para visitar la Fortaleza Chimpa que se encuentra en otro pueblo. Nos tenía reservado un taxi para las 9:00 porque nos había comentado que los colectivos para Yanque o Chivay salían de Cabanoconde a las 8:00.
A las menos diez ya estábamos nosotros en la plaza pero el colectivo ya se había marchado.
Nosotros antes de este viaje nunca habíamos tenido la oportunidad de desplazarnos con colectivos, así que desconocíamos su funcionamiento.
El colectivo no tenía la hora fija de las 8, si no que suele partir cuando se llena.
Enseguida apareció otra furgoneta que decía que saldría enseguida. Pero hasta que no se llenó no salimos de Cabanoconde.
Así que tuvimos que llamar al alojamiento para que avisara al taxista.
Pasadas las 11 de la mañana fue cuando comenzamos a subir hacia la fortaleza.
La Fortaleza Chimpa se encuentra en las afueras del pueblo de Madrigal. Este pueblo se alza en la margen derecha del río Colca.
La margen derecha del río Colca es una zona menos turística y la carretera que comunica las localidades no siempre es asfaltada.
Para llegar a Madrigal hay que pasar por los pueblos de Ichupampa y de Lari (con una iglesia muy bonita) y no toda es de asfalto. Aunque hay indicios de obras que pretenden aliviar este tema.
Desde Madrigal hay que recorrer otros dos kilómetros hasta la zona de estacionamiento en la que hay una caseta de control que estaba cerrada. Ignoro si suele estar abierta en otros períodos de mayor afluencia de visitantes. Si bien la zona parecía algo descuidada.
La Fortaleza de Chimpa es un complejo arqueológico que se encuentra declarado como Patrimonio Cultural de la Nación. Es un magnífico ejemplo de edificaciones Collaguas: una instalación militar estratégicamente ubicada y construida en piedra.
Hay una fuerte y empinada subida, de unas dos horas. Desde el lecho de un riachuelo hasta la cima de una montaña, unos 500 m. de desnivel y caminando a una altitud superior a los 3.000 metros. Si bien hay unos cuantos descansaderos que hay que aprovechar para recuperar la respiración y admirar el entorno. Pero no era precisamente la mejor hora para subir, el sol ya era implacable. Afortunadamente soplaba una ligera brisa que hacía la subida más llevadera
Por el camino nos vamos encontrando muestras de la típica vegetación andina de la zona. Una especie de cuevas con restos de enterramientos y vasijas, trazas de pinturas rupestres que casi no se notan y la que llaman piedra ventana. Es esta una grieta natural de forma triangular que hacen las rocas y que sirve de estupendo mirador del valle y sus terrazas y andenes.
Hasta que parece que ya has alcanzado tu objetivo. Te encuentras con una piedra en forma de sillón, “la silla del mandatario” en la que hay que sentarse para descansar y la foto. Alrededor hay unas piedras con figura de andenes pequeños, son las lito maquetas.
Pero aún no hemos llegado.
Hay que seguir subiendo algo más y ya aparece la fortaleza en su conjunto. Se ve con todas sus piedras ordenadas, fruto de la rehabilitación efectuada para su apertura al público.
Para entrar al recinto se pasa un túnel estrecho y de baja altura. Da paso a la explanada de la fortaleza en la cima de la montaña. El complejo se encuentra rodeado por una muralla robusta.
Desde esta cima se pueden ver los pueblos de Madrigal, Lari, Ichupampa, en el valle por dónde hemos venido. Enfrente se encuentra el pueblo de Pinchollo. Constituía un conjunto arquitectónico con fines estratégicos y ceremoniales. Desde el mismo se controlaba gran extensión de terreno a la redonda.
En un extremo de la fortaleza se alza un pequeño promontorio rocoso en el que se ha labrado una escalera en la piedra que da acceso al mejor mirador de todo el Cañón del Colca.
Una vista única de ambos lados del cañón y el río a bastante profundidad. Al fondo se podría alcanzar a ver el mirador del Cóndor, Cabanoconde, Tapay….. Las cumbres de varios nevados.
El mirador tiene palos de madera como protección, pero allí sopla el viento con fuerza.
No era hora de ver ningún cóndor. Pero dicen que es posible verlos desde allí.
Dado que al pueblo llegaríamos algo tarde, seguramente ya no encontraríamos dónde comer. Pero el taxista llamó a nuestro hotel, que también prepara comidas, y a nuestra llegada nos esperaba una rica comida, hecha de forma casera y con esmero.
El pueblo de Yanque es también muy tranquilo. Tiene algunas más opciones de restauración y comercios que el pueblo de Cabanoconde. Pero nada que ver con el bullicio de su vecino Chivay.
Las tardes de octubre en Perú son cortas. Ya lo he mencionado. Y no da para hacer mucho.
Le dedicamos algunos paseos al pueblo.
Tiene una bonita plaza que no vimos muy animada en ningún momento.
Había leído que la plaza se llena por las mañanas de mujeres y niños vestidos con los trajes tradicionales de los Collaguas y que suelen hacer algunos bailes “wititi”, bailes tradicionales y ancestrales de esta etnia y de los Cabanas también.
Los bailes “Wititi” de los cabanas y collaguas de las poblaciones del Colca están considerados como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad
Pero al día siguiente sí que la visitamos por la mañana y no vimos esos movimientos. Quizá es que estén suspensos provisionalmente hasta que el turismo se recupere.
Hay también un museo en un lateral de la plaza que pensábamos visitar. Se encuentra cerrado desde la pandemia y aún no lo habían abierto por falta de personal. Eso nos dijeron.
En el extremo opuesto de la plaza y ocupando todo el lateral se alza la iglesia de la Concepción. Toda de blanco por estar construida en piedra de sillar.
Tiene una puerta de entrada que da a la plaza y que es considerada como principal por el mismo motivo. Pero también tiene otra portada entre las dos torres campanario. Ambas se encuentran decoradas con alto relieves de vegetales y hojas, de influencia mestiza labrados en sillar. Algunos piensan que son las más hermosas del Valle.
Su interior lo vimos al día siguiente por la mañana, que estaba abierta, y el mismo se encuentra bastante decorado con varios altares, el principal y algunos laterales.
El templo ha tenido que ser reconstruido por motivo de terremotos y actualmente se encuentra en parte apuntalado por el mismo motivo.
No es solo esta iglesia. Las iglesias de los pueblos de Ichupampa y Lari también las vimos apuntaladas y con andamios por los daños sufridos en el último terremoto.
Nos acercamos por el camino que va al complejo arqueológico de Uyo Uyo para contemplar el río Colca y la bella estampa que va formando a su paso. El atardecer llegó y comenzamos a volver al pueblo sin haber llegado hasta el puente.
En esta vuelta nos alcanzó un parroquiano que había estado trabajando un tiempo en España y estuvimos charlando.
Nos recomendó los baños termales de Chacapi, de los que ya teníamos noticia. Los del pueblo utilizan otros baños termales de forma gratuita, en unas pozas más rústicas.
CIUDADELA DE UYO UYO
El pueblo de Yanque es el único del Valle del Colca cuyo término se ubica en ambas márgenes del río Colca.
En este, nuestro último día en Yanque, nos recogerían a media mañana. La furgoneta del servicio turístico con treking recogía a los viajeros en Cabanoconde y luego tenía un recorrido visitando algunos miradores. Después hacía una parada para que los mismos disfrutaran de las aguas termales de Chacapi. Tras todo ese itinerario es que nos recogían a nosotros que, como ya comenté, solo teníamos contratada la movilidad.
Teníamos algo más de tres horas para visitar la ciudadela de Uyo Uyo, visible a lo lejos desde algunos puntos del pueblo.
Desde la Plaza sale un calle ( Mismi, creo) que tiene una señal indicando la dirección hacia esta ciudadela.
Es la misma calle por la que paseamos el día anterior. Cuando ya no hay casas el camino vecinal continúa en alto. Ya se puede ver el río Colca serpenteando. Hay que bajar al mismo y cruzar a la otra margen para tomar la dirección de la ciudadela.
Pero antes, hay unas buenas vistas del río. Es el mirador de Ocolle. Pero no solo del río, también de lo que ellos llaman el “Anfiteatro”. Un conjunto de terrazas que rodean el río Colca, en ambas márgenes. Una andenería pre-inca de forma circular que, se cree, sirvió a los antiguos Collaguas para experimentar y controlar el proceso de los cultivos, combinando los pisos y microclimas. Controlando la altura de los andenes, el sistema hidráulico, y la forma de los andenes siguiendo el contorno de la ladera semicircular.
Hay una bajada hacia el río y el mismo se cruza por un puente metálico llamado Sifón.
Al margen del puente hay un letrero indicando “Tumbas Shininea” y el símbolo de sitio arqueológico.
Hay que adentrarse en el puente que cruza un estrecho cañón del río y fijarse en sus paredes. En las perpendiculares paredes de este cañón aparecen una serie de huecos que pudieran confundirse con lo que llaman “colcas” pero son pircas circulares en posición casi vertical al río. Eran tumbas porque se han encontrado restos óseos de humanos y de ofrendas. Tumbas colgantes construidas en piedra y barro.
Terminando de cruzar este puente el camino vecinal se incorpora a la carretera que viene de Coporaque. Desde aquí solo hay que seguir las indicaciones para el lugar arqueológico.
Los paisajes que rodean esta carretera son disfrutones pese a que predomina el color parduzco de la temporada seca. Aunque no faltan los toques de verde en algunos andenes con cultivos. Predominan las andenerías collaguas en las márgenes del río Colca.
El complejo arqueológico de Uyo Uyo se eleva en la margen derecha del río Colca.
En la parte baja se encuentran las estructuras del centro de visitantes en las que pidieron que nos registráramos. Solo había un autocar de un colegio de niños de Arequipa visitando el lugar.
Hay que hacer una fuerte subida que no es muy larga y que tiene varios descansos con paneles informativos.
Esta ciudadela es donde vivían los antiguos Collaguas. El antiguo Yanque.
En su andadura se pueden apreciar los restos de lo que parece que habría sido una importante ciudadela. En el recorrido se ven muchas estructuras habitacionales (sin techumbre) de los sectores I y II, agrícolas en el sector III, un cementerio en el sector IV.
Queda como testimonio y ejemplo de un poblado rural pre-incaico. Así lo estaba explicando el profesor a sus alumnos que visitaban el complejo arqueológico. Estuvimos charlando un poco y el profesor nos ponía como ejemplo para demostrarles que aquella visita era muy interesante. Aunque los jóvenes alumnos no parecían estar muy de acuerdo. Casi todos con el móvil en la mano.
Esta reconocido como patrimonio cultural de la Nación.
La vuelta al pueblo es por el mismo camino que habíamos caminado a la ida.
El pueblo de Yanque tiene otro puente que cruza el río Colca. Tuvimos oportunidad de cruzarlo cuando el taxista nos llevaba el día anterior a visitar la Fortaleza Chimpa.
Es el llamado Puente Cervantes. De mucha más antigüedad que el Puente Sifón. Sus bases son collaguas pero su estupendo arco es de la época colonial.
Muy cerca se localizan los baños termales de Chacapi. Donde se encontraban los viajeros que serían nuestros acompañantes en la vuelta a Arequipa.
Nos dio tiempo mientras llegaban de recoger nuestro equipaje, despedirnos en el hotel, de ver la iglesia, que es en esta ocasión cuando la vimos abierta, y de estar un rato sentados en los bancos de la Plaza.
El tour paraba en el pueblo de Chivay para el almuerzo. En el mismo comedor que se había desayunado en la ida. Por no complicarnos la vida buscando otro lugar en el pueblo aceptamos comer allí también con el resto del personal. Y para nuestro asombro la comida estaba bastante buena y abundante.
Los alumnos del colegio también estaban comiendo allí, nos reconocieron y hasta nos saludaron.