Después de tanta playa, hoy rutilla y playa. Como dije el otro día, las rutas en Curazao hay que hacerlas al amanecer, así que madrugón.
Hemos llegado a las 6:30 a la parte norte del parque de Christoffel para hacer la subida a la montaña más alta de Curazao, el monte Christoffel, con solo 372 metros de altura. La subida es muy expuesta al sol y no permiten subir pasadas las 10 de la mañana por el calor. Las 6:30 y ya hace calor asi que imagina al medio día.
Hemos empezado a andar algo antes de las 7, tras pagar el permiso de 15€ por persona. Empezando a esta hora, toda la subida se hace en sombra, pero aún así acabas chorreando. Es una subida chula, se ven los pájaros típicos de Curazao y el bosque enorme de cactus. Es sencilla, aunque hay puntos donde es necesario usar las manos. Algún que otro guiri hemos adelantado echando el higadillo, pero no es nada complicado. En menos de una hora estábamos en la cima. Vistas de 360 grados a toda la isla y bastante viento, en donde varios aguiluchos caracaras aprovechaban para planear. En la misma cima se pueden ver colibríes, chingolos y cotorras incluso. Fotos de rigor y vuelta por el mismo camino, ya bajo un sol de demonio. Del parque nacional nos hemos ido al punto más al norte de la isla a ver una zona de acantilados. El principal atractivo son unos bufaderos por donde sale el agua cada vez que rompe el mar. La zona de acantilados está al lado de las playas y merece la pena el desvío.
De los acantilados hemos pasado por playa Piskado, donde los pescadores tiran las sobras de pescados y se juntan varias tortugas. Coincidía un grupo de crucero y estaba la playa llenísima de gente así que hemos ido a una playita que había al lado, playa Kalki, una playa sin más. Muy estrecha y petada de sombrillas. Hemos hecho algo de snorkel mediocre y nos hemos subido a una plataforma que hay en medio del agua con tumbonas. La plataforma está bastante alta, no tiene escalera y hay que subir a pulso. Lo bueno de que la media de edad de la playa sean 70 años es que nadie puede subir a la plataforma, por lo que, después de dar un espectáculo poco digno para subir, hemos estado tomando el sol en las tumbonas en medio del agua como reyes.
A las 13 hemos ido al alojamiento a comernos unos macarrones con chorizo colombiano que sobró ayer. Hemos recogido las mochilas porque hoy cambiamos de alojamiento y nos hemos despedido de George. Una despedida bastante sentida viniendo de un alemán, nos ha dado un abrazo el hombre incluso. Empezamos el alojamiento con mal pie, por la crisis de las cucarachas, pero al final ha sido un éxitazo, hemos estado muy a gusto.
A la tarde hemos ido a una playa que se llama Port Mari. A mí es la que más me ha gustado. Es alargada y fuera de la zona del restaurante no hay apenas gente, hemos pillado incluso sombrilla. El agua está perfecta para el baño y el snorkel es el mejor que he visto en la isla, con bastante coral en buena condición. Al meterte al agua se nota que tienen a los peces cebados porque te rodean en un momento pececillos buscándote las manos. Hemos pasado la tarde ahí, según avanzaba la gente se iba y a última hora estábamos cuatro monos en la playa.
Atardeciendo, hemos ido al alojamiento cerca del aeropuerto. El alojamiento se encuentra en un barrio que me ha recordado mucho a Belice, con población totalmente negra y casas humildes de colores. Buen contraste con la zona de urbanizaciones pijas donde hemos estado estos días. En el alojamiento nos ha recibido un hombre súper entrañable que nos ha estado contando su vida sin prisa alguna, da gusto hablar con gente con tanta vida. Ha estado viviendo en Holanda, en Jamaica, en Venezuela. 4 hijos en Holanda, otros dos en Colombia, mujer venezolana... Una película.
Después de la charla hemos ido a cenar unas buenas pizzas y a dormir.