Después de desayunar, hemos dejado las cosas que no nos hacían falta en el alojamiento y nos hemos ido para el parque del Tayrona. El parque tiene dos entradas; la idea es entrar por la de Calabazo y salir mañana por la de Zaino.
La ruta hoy son 8 kilómetros, pero realmente se hace mucho menos porque en la entrada del parque hay un servicio de motos que te recorta casi la mitad del sendero. No coger las motos es absurdo porque, por 5€, te quitas una subida por pista sin interés alguno que, en caso de hacerla andando, te llevaría dos horas, con motos pasando a cada rato y un calor asfixiante. No hay por donde cogerlo.
Al entrar al parque te hacen pagar por todos lados: que si entrada al parque, mantenimiento, moto, seguro obligatorio... Es un abuso en toda regla, lo del seguro obligatorio es que es un chiste. Yo ya me echaba unas risas con la mujer que me estaba sacando las perras según me iba pidiendo más y mas dinero a la vez que nos marcaba con pulseras cual ganado. Tras pagar por todos lados, nos subimos a las motos y nos dejan en la entrada del parque, pasado un pueblo indígena que vende artesanías, adelantado a varios grupos que iban penando en la subida. La moto si que es dinero bien invertido y no el timo del seguro
Aquí os dejo el enlace a la ruta de Wikiloc. TRACK DE LA RUTA
Tan tranquilos, hemos empezado a andar unos 5 kilómetros de llaneo y cuesta abajo bien cómodos. La ruta la hemos hecho sin prisa, con la suerte de poder ver monos aulladores encima nuestro en plena exaltación de aullidos e incluso titis carablanca. Se va bajando por bosque tropical seco y llega finalmente a Playa Brava. El paseo merece la pena.
En Playa Brava hay un camping y unas cabañas que están idílicas, las cabañas se pueden alquilar por booking, el único alojamiento que aparece en playa brava. Nada más llegar, nos dice la chica que estamos de suerte porque el mar está tranquilo y nos podemos bañar sin problema. Normalmente no se puede uno meter al agua, de ahí el nombre, y la gente se va a una cascada cercana. Nos enseñan nuestra cabaña y, nada más verla, sabemos que a la cascada no vamos ni de broma. Está perfecta la cabaña, con sus tumbonas frente al mar. Hemos llegado a las 11:30 y hemos echado todo el día en la playa.
El camping está lleno de gente que se queda en hamacas, es semana santa y el parque esta full. La playa es tan grande que, en la zona de las cabañas, no llega la gente y cad cabaña tiene una zona de tumbona y sombrilla exclusiva, estamos como reyes. Belén contentísima porque no contaba hoy con playa y al final se nos ha quedado un día de playa perfecto.
Atardeciendo, nos hemos duchado y, después de cenar, ya de noche total, nos hemos ido a bichear a la explanada del camping. Un campo de césped enorme. A los pocos minutos, hemos visto a lo lejos algo moverse; nos hemos acercado corriendo para encontrarnos con un puercoespín. Al principio me creía que era un mono, pero de noche total me parecía rarísimo. Iba andando decidido a la playa; con nuestra luz se mosqueaba y se ponía de pie al tiempo que se erizaba. Si no le pones la luz, no se da cuenta de que estás porque es medio ciego. Un encuentro como este y justo no llevo la cámara; al menos con el móvil he podido tirar una testimonial. Chulísimo el animal. Hemos seguido buscando y unos ojitos han delatado un chotacabras; estaba el tío debajo de una farolilla aprovechando los bichos que se veían atraídos a la luz para brincar y cazar alguno. Este fotografiarlo con el móvil ya ha sido imposible. El resto han sido sapos por todas partes, murciélagos y una cucaracha en la cabaña.
Mañana, al amanecer, empezamos la ruta para afrontar la única subida antes de que caiga el sol.