Voy a hacer un pequeño paréntesis en el relato del diario para recuperarnos de todas la emociones vividas hasta la fecha con el fin de hablar un poco de nuestra “casa” durante esta semana: el crucero Voyager of the seas.
El Voyager of the seas pertenece a la clase Voyager de la naviera Royal Caribbean Internacional e inauguró esta clase de barcos allá por el año 1999. Desde entonces se le han hecho algunas adaptaciones siendo la más importante en el 2019 con el añadido de nuevos camarotes, la instalación de los toboganes de agua y la reubicación del gimnasio y spa.
El barco tiene una longitud total de 311 metros, una manga de flotación (ancho) de 36,8 metros y una altura de 63 metros. Puede albergar a 3.602 pasajeros en ocupación doble y a 4.000 como máximo. Recuerdo que en esta semana íbamos 3.200 por lo que el crucero no iba al 100 % y se estaba relativamente cómodo. Su aspecto es aún marinero, muy lejos de los “mamotretos” en que se han convertido los últimos barcos que se están poniendo en servicio y que parecen más bloques de pisos que buques destinados a la navegación marítima.
El Voyager tiene 15 cubiertas y alberga diferentes espacios tanto a proa como a popa del barco.

En la cubierta 3, por ejemplo, se encuentra el acceso inferior al teatro, la pista de hielo y la entrada inferior al comedor principal. En el teatro, llegando un cuarto de hora antes del comienzo del espectáculo, se encuentra sitio en las primeras filas sin problema y, puestos a elegir, mejor la cubierta 3 dado que se ve mejor el escenario y lo que allí ocurre, sobre todo en shows visuales.

En la cubierta 11, por ejemplo, está la zona de piscinas y el bufé. En la zona de adultos, el Solarium, las hamacas tienen una espuma mullida que las hace más cómodas y de las que carecen las tumbonas del resto del barco.

Todas las cubiertas se unen con ascensores panorámicos y escaleras, todo muy dorado y diáfano.

El barco no sólo es un hotel flotante sino que en el mismo se desarrollan todo tipo de actividades para que los pasajeros ocupen su ocio como deseen:
- Concursos y juegos: En esta semana estaban programados por ejemplo “adivina la canción”, “la mayoría decide”, “banderas del mundo”, “amor y matrimonio” , logos famosos o “la pareja perfecta”.
- Música en directo: En esta semana actuaban por los espacios del barco: Tropical Pleasures Duo (música caribeña en la piscina), Pulso Show Band (música de todos los estilos), La Estación Trío (música latina), Juan Nevani (piano), la Orquesta Voyager of the Seas (música de todo tipo) o nuestro “querido” Dj Bocambres (música de baile dicen).
- Fiestas temáticas: musicales por décadas, latina, toga o británica.
- Actividades deportivas: ping pong, tiro con arco, baloncesto, fútbol, escalada, simulador de surf, minigolf, voleibol o shuffleboard.

- Proyección de películas: la última de Indiana Jones, Mamma mia o Bajo el Sol de la Toscana, por ejemplo.
- Actividades alternativas: karaoke, laser tag, casino, gimnasio o servicio de spa.
Lo que he echado de menos este año son las clases de baile aunque como tampoco nos ha sobrado tiempo dudo que hubiéramos podido ir a ellas.
El barco ofrece servicio de restauración las 24 horas del día con el bufé y el restaurante funcionando en sus horarios propios y el café promenade para tentempiés. Para beber, fuera de las bebidas con coste, máquinas y dispensadores de agua, té frío y aguas de sabores en el bufé, el café promenade y en los bares de las piscinas (en estos 2 últimos sitios la oferta era más limitada pero sin sed no estabas en ningún momento y sin pagar un euro si no querías). A nivel general comida satisfactoria pero si tuviera que recordar algún plato con el que quedarme no creo que el conjunto superara los dedos de las manos. Sin hambre no te quedas, sin duda.
El tamaño del barco es medio, dentro de la actual flota de la naviera. Todo es fácilmente caminable y no se echan de menos los largos pasillos y recorridos de los barcos de la clase Oasis, los barcos más grandes con permiso de la clase Icon.
En los rellanos de los ascensores hay pantallas táctiles con información de todo tipo y buscador de camarotes y zonas comunes. Muy útil para ubicarte, para saber lo que se cuece en cada momento y para comprobar la temperatura exterior, por ejemplo.

Como colofón diría que el barco no me ha decepcionado. Pese a sus años yo no le he notado fallos o mal mantenimiento en el barco en sí, zonas comunes o camarote y ofrece tal cantidad de cosas que hacer que no te aburres en ningún momento. De hecho, queríamos haber ido algún día al karaoke o a algún concurso y no hemos sacado hueco para asistir.
Y sin más dilación, continúa el viaje en la siguiente y trepidante etapa.