Amanece un nuevo día y hoy toca travesía por lo que resta de la costa griega, continuando por la albanesa hasta llegar a la zona de los Balcanes y la antigua Yugoslavia.

Subimos a desayunar a una hora prudencial, ni muy pronto porque tampoco es plan de madrugar demasiado, ni muy tarde para no coincidir con todo el pasaje que ha trasnochado. Damos buena cuenta de lo que nos apetece y hoy le doy fuerte al salmón, entre otras cosas saladas.

Mientras desayunamos y conversamos mi acompañante me señala que, dándole vueltas al tema, si uno empieza a sumar todo lo que ofrece el barco le empiezan a salir los números del crucero: las actuaciones en el teatro de cada noche ya serían un buen pico en un teatro cualquiera de Madrid, las partidas del láser tag si te vas a un recinto especializado también tienen un coste considerable, la comida durante todo el día que supone un casi todo incluido, etc. Me manifiesta que cada vez le gusta más esta experiencia de viaje y que, a futuro, ya está con la idea de volver a repetir.
Cumplimentado el desayuno pensamos qué hacer esta mañana y todo dependerá de cómo esté la climatología. Como el día no invita a tirarse en una tumbona subimos a la cubierta de la zona deportiva a echar unas canastas o lo que se tercie pero al poco de estar allí se levanta un auténtico vendaval acompañado de lluvia y los tripulantes nos invitan a despejar la zona por mor de la seguridad de todos.
Como afuera no se puede estar lo que hacemos es aprovechar para hacer fotos del interior del barco por lo que vamos cubierta a cubierta bajando por las escaleras. Comenzamos por la capilla, en la cubierta más alta, sitio curioso donde los haya porque es el paradigma de lo aséptico para englobar todos los cultos y sensibilidades. Desde allí vamos bajando y nos vamos asomando de vez en cuando para ver cómo evoluciona la climatología exterior.

Se han suspendido todas las actividades exteriores y nos vamos a quedar sin “disfrutar” del concurso “El hombre más sexy del mundo” o “La competición internacional de lanzamientos a plancha en la piscina”. La gente deambula por el barco buscando un sitio donde estar tranquilo y hasta la biblioteca, desierta habitualmente, está totalmente ocupada.

Vemos en la zona de las piscinas los efectos de la tormenta sobre todo en los efectos personales de todos aquellos “madrugadores” que se han levantado pronto para acaparar una hamaca para todo el día dejando allí libros, bolsos, toallas y demás. Efectivamente, libros empapados tirados por el suelo, toallas, alguna mochila aislada volcada junto a su tumbona aparecen desperdigados por toda la cubierta. A ver qué cara ponen sus dueños cuando regresen en algún momento a por ellos. Justicia poética….
Llega la hora de acercarnos una vez al Studio B (no, tampoco vamos hoy a echar una enésima partida al laser tag) y asistir al espectáculo de patinaje sobre hielo denominado “Ice Odyssey”.

Este evento se presenta de la siguiente forma:
Durante siglos, místicos y adivinos han usado las cartas del tarot para predecir el futuro, revelar profecías ocultas y conocer el pasado distante. Ve a nuestros patinadores sobre hielo y sorpréndete con ellos mientras dan vida a la magia, el misterio y la rica historia de las cartas durante este inolvidable espectáculo de patinaje sobre hielo. Desde trajes deslumbrantes hasta acrobacias impresionantes y coreografías fascinantes, este es un espectáculo sensacional que no querrás perderte.
Entramos al recinto y buscamos la zona de asientos que está frente por frente a la salida de los patinadores dado que, en mi opinión, tiene una mejor perspectiva que si te sientas en los laterales. Mientras aguardamos al comienzo nos deleitamos con la música que está poniendo para amenizar la espera. ¡Tiene bemoles que la música pregrabada que están poniendo esté a años luz de la música que pincha nuestro Dj innombrable todas las noches…! La pista de hielo ya está acondicionada y echo de menos la información que aparecía en los paneles en otros barcos de la naviera donde se reflejaba el elenco de los patinadores y sus logros, la inmensa mayoría participantes en Juegos Olímpicos y hasta con títulos deportivos.
Comienza el espectáculo y se suceden las escenas y acrobacias en un tono elegante a la par que emocionante. Se suceden los cambios de vestuario, la introducción de elementos ajenos al escenario y la variedad de puestas en escena. En general, por calificarlo, de un nivel alto dentro de la media de la naviera. Como es una cosa que no se suele ver en tierra la verdad que es muy aconsejable el no perdérselo.

Acabada la función nos vamos al bufé porque, sin comerlo ni beberlo, ya empieza a haber algo de apetito en nuestros cuerpos humanos. Lo que pasó en el resto de la tarde se lo contaremos, agradecido lector, en la siguiente y vibrante etapa.