Cabanoconde es un pueblo tranquilo la mayor parte del día. Sus habitantes se dedican mayoritariamente a la agricultura y lo complementan algunos con el sector turístico. Casi todos los tours organizados dan la vuelta en la Cruz del Cóndor. Y es precisamente en este mirador cuando realmente comienza el verdadero Cañón del Colca.
Cabanoconde se distingue por ser el punto de partida de varias rutas hacia el fondo del cañón. El turismo que recibe está relacionado principalmente con estas rutas.
Nosotros nos alojábamos en la Casa de Santiago, al final de la calle Grau, perpendicular a la Plaza Principal.
No era un mal alojamiento. La habitación era amplia y tenía unas vistas excelentes a los campos de cultivo del pueblo y a las montañas que se alzan por encima del cañón. Pero le faltaba el toque especial y el esmero que puede dar la atención directa de sus dueños. Estaban un par de chicas jóvenes muy atentas, no podemos negarlo, pero para cualquier tema tenían que consultarlo vía teléfono con la dueña, que vive en Arequipa. La limpieza dejaba algo que desear y la información de las caminatas que ofrecen en su página no es muy exacta que digamos.
Comenzando porque indican que te dan una mapa para localizar los miradores y un mapa con todos los treking del Colca. No te dan ningún mapa. En su página hay un pequeño esquema de cómo llegar al mirador de Achachihua. Pero tampoco son cuestiones de mayor importancia, aunque sí que tendrían que actualizar la información que es anterior a la pandemia. Esa es una asignatura pendiente de este y otros establecimientos. No son los únicos.
Con las explicaciones que nos dio la chica y la de un vecino del pueblo nos encaminamos al MIRADOR DE ACHACHIHUA.
Por una calle paralela a la Plaza Principal, creo que era la calle Bolivar, hay que caminar en dirección opuesta a la que se ha llegado al pueblo. Hacia un nuevo polideportivo que el pueblo tiene al finalizar las viviendas de esta zona. Luego veríamos el que fue el antiguo campo de futbol en un estado lamentable.
Nos vamos cruzando con las escenas cotidianas de un pueblo tranquilo y sus habitantes. Nos sorprende ver que la mayoría de las mujeres de mediana edad para arriba van vestidas con sus trajes típicos cabanas. Porque Cabanaconde, como su nombre indica, era un asentamiento de los cabanas y aún lo siguen siendo y continúan con sus tradiciones.
Trajes típicos muy coloristas y que necesitan un tiempo de confección y bordado. Y, sobre todo, lo que no faltan son los sombreros cabanas. Me encantaron por sus bordados finos y colorido. Hay una tienda de estas prendas en el mismo pueblo.

Dejando atrás el pueblo la senda se dirige hacia una pequeña plaza de toros. Bordeándola por su derecha el camino sigue junto a una acequia hasta llegar al mirador.

Desde este mirador hasta Huambo es el Colca en su punto más profundo.
Es uno de los miradores de más amplio campo de visión del cañón. Las vistas alcanzan hasta el Oasis, varios pueblos colgando en las empinadas laderas montañosas y muchos senderos zigzagueantes que los comunican entre sí.


Es este un mirador muy tranquilo. No había nadie. Salvo la chica que nos pidió el boleto turístico y con la que estuvimos charlando un rato.
Hay como una plataforma cuadrada con techo de paja desde la que las vistas son redondas. Aunque también se pueden contemplar desde unas grandes piedras de al lado del mirador que ayudan en las fotografías.

Y las vistas se amplían hasta una cascada lejana, creo que la chica comentó que sería la cascada de Huaruro, y las cumbres montañosas de los volcanes Ampato, Sabankaya y Hualca Hualca. El penacho de humo que casi siempre se alza del volcán Sabankaya se había tomado un descanso.

A la izquierda del mirador se puede ver muy cercano el camino que lleva al pueblo de Llahuar y continúa a Fure. Otro de los treks de más de un día que se puede realizar desde este pueblo. Pensamos en seguirlo un rato porque tiene que tener unas vistas envidiables del cañón.
Cercanas al mirador hay restos de una atalaya pre-inca que llaman la Trinchera. Una muralla de bloques de piedra de cierta longitud que rodeaba una posible zona militar de aquella época. Su lugar estratégico cerca del filo del cañón en su zona más profunda podría ser un añadido a su puesta en valor si se restaurara. Hay mucha piedra suelta y otras muchas que han sido retiradas por los del pueblo para sus corrales habiéndose perdido gran parte de los habitáculos del complejo arqueológico.

Los campos que rodean la zona están amarillentos y no se ven indicios de cultivos como en otras zonas del pueblo. Pudiera ser que es la época seca y en la acequia que por allí circula tampoco es que lleve mucha agua.
Altitud: 3.320 m.
MIRADOR DE SAN MIGUEL
Llegamos caminando por el borde de la carretera. La misma por la que llegamos esta mañana en la furgoneta. A la salida del pueblo, dejando atrás el cementerio. No hay otro camino habilitado para llegar a este mirador. Eso nos dijeron los vecinos a los que preguntamos.

La carretera se encuentra flanqueada por terrenos cultivados que deben ser propiedad privada de los habitantes del pueblo. La chacra en dónde siembran su maíz. Pues este era el cultivo mayoritario. Un maíz que recién lo acababan de sembrar. Son andenerías de la época pre-inca.


Pero no importa caminar con estas bonitas y plácidas vistas. La circulación en esta carretera es mínima. Vistas preciosas de los andenes, de las acequias que los irrigan, del chapoteo del agua que llega a estas acequias..
Unos treinta minutos desde el pueblo.



En la parte baja de la colina donde se ubica este mirador estaban de obras construyendo un gran pabellón cuya finalidad no estaba indicada.
Hay varios rastros de huella para subir hasta lo alto del promontorio donde se abre un amplio balcón hacia el gran cañón del Colca.
Este es el punto de partida del trek que se dirige hacia San Juan de Chuccho y con posible final el Oasis de Sangalle. Aunque el pueblo de San Juan no es visible desde este mirador. Si son visibles los pueblos de Malata y Cosñirhua. Así como los zigzagueantes caminos y sendas marcadas en las laderas de las montañas.

El mirador no está acotado ni tiene una caseta mirador. Se puede caminar por el filo del cañón con varios puntos de vista que tienen similares visiones.

Por todo el mirador se aprecia el tipo de vegetación que caracteriza esta zona como bastante árida, cactus, pitas y alguna otra, acostumbrada a soportar las grandes oscilaciones térmicas, el azote del viento y el largo período de la estación seca.

De espaldas al cañón se obtienen otras vistas de los altos picos de los nevados que se alzan por esta zona. Los ya mencionados Sabancaya, Hualca Hualca y Ampato.
Precisamente por hallarse en esta zona el nevado Ampato es que han edificado no hace mucho tiempo en la parte media del promontorio de este mirador el Museo Juanita.
El museo es de entrada libre, con el boleto turístico.
Recibe este nombre por la momia de la niña que fue ofrendada en el cráter del volcán Ampato a mediados del siglo XV y cuyo cuerpo sufrió un proceso de momificación natural por congelamiento.
Este podría ser el sitio más lógico para que la momia se expusiera, pero no existen en este apartado lugar los medios necesarios para proseguir con su mantenimiento. Así que la misma se encuentra bien resguardada en el Museo de Santuarios Andinos en Arequipa. Como ya he mencionado en las visitas de esta ciudad.


El museo está revestido en piedra, con forma de medio cono envolvente.
En sus salas se exponen paneles con información y objetos de la naturaleza de la zona, festividades, tipo de alimentación, cerámica, el modo de vida de los antiguos habitantes del Colca y unas amplias vitrinas con fotos del hallazgo de la momia Juanita.

Para llegar a la entrada del museo han habilitado una pequeña avenida con paneles dobles de piedra representando a algunos pueblos del Colca y alguna característica del mismo tallada como figura sobre la piedra: Yanque, Chivay, Lari, Madrigal …..
Altitud 3450 m.

En el pueblo no hay una gran oferta de restauración. En los comercios de la Plaza Principal se venden algún tipo de alimentos como fruta, bebidas y puede que algún bocadillo. En horas tempranas de la mañana.
Cuando volvimos de la visita de los miradores era algo tarde para comer. Ya no vendían bocadillos y el par de restaurantes (¿???) de la plaza estaban cerrados. En la misma calle Grau hay una vivienda que se anuncia como alojamiento y comidas. Allí conseguimos que una señora nos preparara un par de platos con lo poco que le quedaba. Como estaba sola, se tomó su tiempo y eran ya las cuatro de la tarde cuando comenzamos a comer. Pero valió la pena la espera pues estaba todo riquísimo.
Los días de octubre son cortos y la luz del día no tarda en perderse. El frío aumenta y las calles tranquilas de este pueblo casi que quedan desiertas.
No hay mucho que hacer para llenar las horas de la tarde. No hay bares ni cafeterías. En el hotel te pueden servir alguna infusión o jugo, no mucho. En las habitaciones no hay televisión. Así que casi todo es relajación.
En la Plaza Central se alza como una especie de monolito con la figura de un cóndor. Adornando el centro de la misma.

La iglesia de San Pedro de Alcántara, al lado de la plaza central, abre sus puertas para misa de 7 de la tarde y se puede ver el interior de la misma.

Esta iglesia es de las últimas edificadas en los pueblos del Colca. Su portada principal tiene un aire neoclásico y es bastante sobria. Consta de dos cuerpos enmarcados por columnas dobles. En el primer cuerpo destaca un arco de medio punto y en el segundo una hornacina con la imagen del patrón del templo. A los lados dos torres de planta cuadrada con pináculos.
Tiene adosado un pequeño atrio que hace las funciones de salón parroquial.
El interior es muy similar al de las otras iglesias del valle. Contiene una imagen de un Cristo crucificado y la coronación de la Virgen del siglo XVIII y una colección de lienzos de la escuela Cusqueña.
