El siguiente punto de interés es el Museo Arzobispal, dentro del mismo edificio donde se halla la Capilla de San Andrés, anteriormente descrita.
En el Museo Arzobispal se encuentran obras de la época cristiana temprana como el ambón de mármol de la época del obispo Agnello (557-570) decorado con figuras de animales en 36 recuadros. Destaca la cátedra del obispo Maximiano, obra maestra del arte bizantino: una silla episcopal con 26 paneles de marfil que representan pasajes de la vida de Jesús y de José el Hebreo junto con tallas de San Juan Bautista y los cuatro evangelistas.

El museo, cuya entrada también viene incluida en el combinado, es de tamaño medio con muchas representaciones artísticas en forma de esculturas y mosaicos, pasando por capiteles. La visita es amena y no se hace pesada. Además en su interior hay aseos por lo que también es un buen punto para calmar ciertas urgencias. Por allí están de obras, son como las 12:00, y los operarios hablan entre ellos, dejan los bártulos y mencionan el "pranzo". ¡Pues sí que comen aquí pronto en Italia….! "Mangiare per vivere e non vivere per mangiare", que dicen por estos lares. A nosotros todavía nos queda un rato pero tampoco es que hayamos hecho apetito.
Visitado el museo damos la vuelta a la manzana y nos acercamos a la Catedral de Rávena, cuya entrada es gratuita. Se supone que el horario de apertura es de 7:00 a 12:00 y de 14:30 a 18:30 pero son más de las 12:00 y aquello está abierto y con gente en su interior sin prisa alguna por salir.
La Catedral Metropolitana de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo fue reconstruida por completo entre 1734 y 1745 en el lugar en el que, al final del siglo IV, el obispo Urso había construido la iglesia catedral de la ciudad (basílica Ursiana), cuyo piso original se encuentra hoy en día a 3 metros de profundidad en comparación con el nivel de la calle. La iglesia presenta tres naves y la cúpula, de casi 50 metros y pintada al fresco, descansa sobre un alto cilindro salpicado por ocho grandes ventanales. El campanario circular que se ubica al lado de la Catedral data del siglo X.

Tras el empacho de mosaico que llevamos esto supone un alto en el camino dado que hablamos de un emplazamiento más “moderno” y donde predomina el arte barroco. Paseamos por allí y vamos variando en apreciaciones artísticas: “de gustibus et colon bus non est disputandum”, que dice la expresión latina.
Salimos de la Catedral y continuamos la ruta hasta la zona donde se encuentran las 2 últimas visitas relacionadas con el mosaico: El mausoleo de Galla Placidia y la Basílica de San Vitale.
De camino nos encontramos a gente conocida: ¡si son nuestros compañeros de mesa de cena en el crucero! Efectivamente, puesto que ello continúan viaje en el barco, la naviera les ha facilitado transporte gratuito a la ciudad ida y vuelta y han aprovechado para dar un paseo por la ciudad. Nos contamos lo que hemos visto en la mañana, nos volvemos a despedir y a desearnos lo mejor y seguimos. Comentamos acerca de las casualidades que nos depara nuestra existencia porque de haber usado unos u otros otras calles o haber torcido en un lugar u otro no nos hubiéramos encontrado. Azares de la vida….
Llegamos al Mausoleo de Galla Placidia.
El Mausoleo de Galla Placidia contiene los mosaicos más antiguos de Rávena, dedicados a la victoria de la vida sobre la muerte. En el año 402 el emperador Honorio trasladó la capital del Imperio Romano de Occidente de Milán a Rávena y quiso dedicar este Mausoleo a su hermana Gala Placidia, ejecutándose su construcción entre el 425 y 430. El exterior es de ladrillo y en el interior, decorado con mosaicos de arriba a abajo, se simula un cielo totalmente estrellado.

El edificio también es de pequeñas dimensiones y tiene hora fijada de entrada. Nosotros llegamos como unos 25 minutos más tarde de la hora en cuestión pero no nos ponen pega alguna. Tampoco hay mucha gente y se agradece porque tampoco hay mucho sitio para desenvolverse. No hay mucha luz para preservar la decoración y, además, se nos previene de que no se pueden hacer fotos con flash, lo cual crea un atmósfera indescriptible con el cielo azul oscuro y las estrellas infinitas. Aquí se pasaría uno un buen rato pero se supone que la visita debe durar 5 minutos y no es cuestión de estirar el chicle en demasía aunque también es cierto que nadie estaba controlando los tiempos de estancia en el lugar.
Para entrar al mausoleo hay un control de entradas inicial exterior dado que comparte espacio con la Basílica de San Vitale. Es decir, cuando entras por el primer acceso ya te obliga a ver las 2 cosas. Por tanto, nos encaminamos a rematar la visita. En éstas me llaman del trabajo para solucionar otro entuerto y me tiro otro rato en el jardín sacando castañas del fuego. Una vez medio solucionado y como no quiero que me fastidien la experiencia de San Vitale apago el móvil y espero que me dejen disfrutar de los últimos coletazos de mis vacaciones.

La Basílica de San Vitale se considera uno de los más grandes ejemplos del arte paleocristiano en Italia, resultado de la inserción de módulos de construcción bizantinos en formas espaciales típicas de la arquitectura romana. Exteriormente se presenta como una planta octogonal y se destaca sobre dos cuerpos prismáticos de ladrillo, uno más alto y otro más bajo. En su interior se pueden admirar tanto los ricos mosaicos que decoran el ábside como los frescos de la cúpula, entre los más bellos e importantes de Ravena. La basílica se inició en 526, cuando la ciudad estaba bajo el dominio de los godos, en la época del arzobispo Ecclesio. Fue consagrada por el obispo Maximiano en 547 y dedicada a San Vitale, mártir de los primeros siglos del cristianismo.
Esta basílica guarda el retrato de la corte imperial bizantina y del Emperador Justiniano y la Emperatriz Teodora con sus séquitos. La majestuosa decoración mosaical, que cubre el presbiterio de la iglesia, revela la compleja unión entre religión y poder político. Además de mosaicos, el interior se enriquece con preciosas decoraciones de estuco en los arcos y en los capiteles (decorados a perforación), que están iluminados en la penumbra. El suelo, en cambio, está enriquecido por mosaicos de elementos vegetales, animales y simbólicos.
Entramos a la Basílica y parece que hemos acertado porque hemos dejado lo mejor para el final, sin desmerecer lo anterior. La mirada no deja de moverse ante todo lo que nos ofrece este espacio y a este paso vamos a tener tortícolis de tanto alzar la cabeza y luxación mandibular de tanto instante boquiabierto. Es una maravilla el contemplar tanta belleza y toda esta mañana justifica de por sí acercarse a esta ciudad. Me hacía gracia, preparando el viaje, leer a más de uno que Rávena no tenía nada que ver y que era totalmente prescindible si te pillaba por la zona. Siento estar en desacuerdo y recomiendo encarecidamente acercarse a visitar esta joya de la costa adriática italiana.

A lo tonto hace más de 3 horas que hemos iniciado el periplo de visitas por Rávena por lo que avanzamos hasta el último punto de interés marcado en el itinerario, la Plaza del Pueblo.
La Piazza Popolo data de finales del siglo XIII y en ella se concentran algunos de los edificios más importantes de Ravena como el Palazzo Comunale, el Palazzo dei Rasponi del Sale o el Palazzo ex sede de la Banca Nazionale del Lavoro. La plaza también cuenta con un reloj público y dos columnas erigidas en 1483 de estilo veneciano y que muestran las estatuas de San Vitale y San Apollinare, patrón de la ciudad. La estatua de San Vitale sustituyó a otra del león de San Marcos veneciano cuando la ciudad cambió de manos: de la Serenísima al Papado.

La plaza tiene un encanto indudable y es paso de turistas y lugareños, lo que le da una vida considerable. Es un buen broche de oro a la visita de lo más granado de la ciudad de Rávena.
Lo que aconteció el resto de día se contará en la siguiente etapa.