Recopilación de algunas de las rutas de senderismo que mi marido y yo hemos hecho por toda España a lo largo de un montón de años. Las hay de todo tipo, longitud y duración; y, casi siempre, asequibles para todas las personas acostumbradas a caminar por el campo. Autor:Artemisa23Fecha creación:⭐ Puntos: 4.9 (19 Votos)
Por ser bastante numerosas, a las rutas de senderismo por la Comunidad de Madrid les he dedicado un diario propio. Dejo los enlaces a dicho diario y sus etapas.
En uno de nuestros últimos viajes a Asturias hicimos, por fin, una excursión a la que teníamos muchas ganas: la subida a la base del mítico Pico Urriellu, también conocido como el Naranjo de Bulnes, el más emblemático de los Picos de Europa. Nos alojamos en Poncebos, en un hotel de dos estrellas llamado “Arcea Mirador de Cabrales”. Es un establecimiento acorde con su categoría, que, sobre todo, tiene la ventaja de estar justamente en la entrada del Desfiladero del Cares, lo cual resulta muy conveniente para realizar la más famosa ruta senderista asturiana, que igualmente emprendimos por segunda vez durante esa estancia en Asturias. Pero esta etapa se refiere a la ruta hacia la base del Pico Urriellu.
Bonito paisaje en Poncebos:
Pese a estar en pleno mes de julio, no nos hizo un tiempo especialmente veraniego, pero nos respetó la lluvia con lo cual pudimos hacer las caminatas que teníamos previstas. Nos levantamos temprano, desayunamos y cogimos el coche para dirigirnos hacia el pueblecito de Sotres, punto de referencia para el inicio de nuestra ruta. Sin embargo, nosotros elegimos la versión corta de la caminata, y en vez de comenzar en el mismo pueblo, decidimos hacerlo en los llamados Invernales de Texo. Para ello, antes de llegar a Sotres, tras una cerrada curva a la izquierda, se toma una pista que surge a la derecha, dirigiéndose en bajada hacia Aliva y el valle del río Duje. Se sigue esta pista hasta unas cabañas, donde se pueden dejar los vehículos. Desde aquí el camino es necesariamente a pie.
Lucía un tenue sol que alegraba el inicio de la caminata, pero que no nos dejaba muy tranquilos de cara al resto de la jornada, ya que veíamos un montón de nubes sobre los picos hacia donde nos dirigíamos. En los pastizales, había caballos que incluso se dejaron acariciar.
Enseguida alcanzamos el Collado de Pandébano, al que se llega siguiendo el sendero o acortando por las marcas que dejan el paso de las vacas. Al fondo, el panorama seguía incierto, pues cuando estuvimos en esta zona en una ocasión anterior, la vista del Pico Urriellu era ya impresionante y ahora no se apreciaba gran cosa entre las nubes. No sabíamos que nos encontraríamos arriba.
Continuamos en ascenso hasta la majada de La Tenerosa, donde se inicia el camino artificial que llega hasta Vega Urriellu. Atravesamos la Cuesta Sierra, sobre el monte La Varera, y llegamos al Collado Vallejo, tradicional gran mirador de la zona. Hasta este punto, el camino resulta muy llevadero y los paisajes son preciosos, si bien en esta ocasión las vistas desde el Collado Vallejo no eran tan espectaculares como deberían a causa de las nubes bajas, que nos impidieron, por ejemplo, divisar el mismo Pico. Sin embargo, se apreciaba una parte de la Vega, antiguo valle glaciar esculpido en épocas prehistóricas., y también se divisaba, a lo lejos, el valle y los senderos que conducen a Bulnes.
Después de un descanso, disfrutando del panorama, seguimos la senda, ahora en suave bajada durante un rato. Superamos un espolón rocoso y, al fin, entre nubes bailarinas surgió el boceto de la silueta que tanto deseábamos contemplar: el Pico Urriellu. La mole acechaba sobrecogedora en medio de la niebla.
Entonces empezamos la ascensión más dura de todo el recorrido, un trayecto en zig-zag que se hace realmente largo e, incluso, penoso porque parece no acabarse nunca. Sin embargo, poco a poco iba a haciéndose más visible la mole del coloso, lo que sin duda animó nuestras piernas y nuestro ánimo.
Llegamos a la base en el momento preciso. En la parte derecha, había tantas nubes que apenas se veía la vega, pero a la izquierda, despejó lo suficiente para permitirnos disfrutar del pico en todo su esplendor. Aquel fue un momento especial: por fin habíamos hecho realidad la caminata que llevábamos tanto tiempo planeando y que hasta entonces no habíamos podido realizar por unas u otras razones. Y no pudimos por menos que recordar un conocido poema anónimo: “No me llames naranjo, que naranjas no puedo dar. Llámame Pico Urriellu que es mi nombre natural”.
Fuimos a comer al Refugio. Llevábamos bocatas, pero tampoco nos vino nada mal el cuenco de caldo que nos ofrecieron. Cuando volvimos al exterior, apenas nos dio tiempo de divisar a un par de escaladores colgados de la pared, intentando coronar sus 550 metros: en un par de minutos, los que tardé en intentar enfocarlos con la cámara, el pico desapareció entre las nubes para no volver a aparecer. Al menos habíamos tenido la suerte de verlo durante un rato.
Emprendimos el descenso entre un mar de nubes, que convertía las rocas en figuras fantasmagóricas. Por fin, divisamos el sol, abajo, en Pandébano, donde el tiempo era mucho mejor. Mirando hacia atrás, sólo veíamos sombras y nubes, en un paisaje no por ello menos espectacular.
En total, tardamos cinco horas y cuarenta y cinco minutos, contando con media hora para la comida y paradas para fotos. La distancia recorrida entre ida y vuelta está en torno a los 14 Km, según he leído en algunas guías. Con buen tiempo, es un recorrido bastante asequible para quien esté acostumbrado a caminar por el campo, sin especiales dificultades técnicas, pero con un tramo final de subida bastante duro hasta la zona del Refugio. No obstante, en invierno el asunto será diferente y habrá que tener mucha precaución en ciertas zonas con la nieve y el hielo.
Ya de vuelta desde Sotres a Poncebos, nos encontramos con este paraje mágico asturiano, de los que aparecen en las postales
Esta ruta era una de las que teníamos marcadas como prioritarias para hacer en cuanto se presentase la ocasión propicia. Y es que pese a que llevo muchos años pasando periodos de vacaciones en la provincia de Alicante, no fue hasta hace unos cuantos meses que supe de su existencia. Su apelativo me llamó la atención, así que me puse a investigar y descubrí que es porque cuenta con más de 6.000 escalones (sí, seis mil) excavados en la montaña en tiempos de los moriscos para facilitar los recorridos de los lugareños por la sierra. Pese a nuestro desconocimiento inicial, está considerada una de las rutas clásicas que todo senderista que se precie debe acometer alguna vez, como pueden ser la del Cares o las del valle de Ordesa, en los Pirineos.
Se recomienda hacer esta ruta a finales de marzo, cuando los cerezos están en flor, como aliciente que realza la belleza del paisaje. En cualquier caso, no se aconseja realizarla en época de lluvias abundantes (nunca si hay amenaza de “gota fría”) ni tampoco en pleno verano, ya que puede resultar agobiante por el sol y el calor. Como este año la Semana Santa caía a primeros de abril, cuadraba perfectamente con la època recomendada y sólo nos faltaba que el tiempo acompañase, lo cual, felizmente, sucedió. El resultado fue una excursión realmente espectacular que paso a relatar a ver si animo a unos cuantos foreros a seguir nuestro ejemplo,
Los datos principales de la ruta son los siguientes:
- Ubicación: La Vall de Laguar, en la comarca de la Marina Alta de Alicante. A 25,4 Km. de Denia y a 101 de Alicante.
- Ruta circular de 14,5 Km, alternando tramos de subidas y bajadas, con un desnivel acumulado de 727 metros. El punto de salida y llegada es la población de Fleix, que junto a Campell y Benimaurell componen el municipio de La Vall de Laguar.
- Dificultad: media, más que nada por la duración de la ruta y por los tramos de subida, ya que el sendero está bien marcado y conservado, sin ninguna dificultad técnica que mencionar. Por cierto, vimos familias con niños (desde luego acostumbrados a caminar por el monte) a partir de ocho años haciendo esta ruta. El cartel informativo pone como duración 4 horas y 5 minutos, pero supongo que será de “tiempo en movimiento” porque hay que parar a comer y, por supuesto, para hacer fotos (muchas) y contemplar el paisaje. Así que entre 5 y 5 horas y 30 minutos creo que es una estimación adecuada para los senderistas de tipo medio. En el panel se aprecia perfectamente el perfil de diente de sierra de la ruta, un típico “rompepiernas”, si bien al final no nos resultó tan terrible como parece a primera vista porque hay varios tramos llanos tanto en las subidas como en las bajadas.
- La ruta coincide con el PR-CV147, denominada también Camí de les Jovades, el Barranc de l’infern o, más recientemente rebautizada como La Catedral del Senderismo.
- Hay varias fuentes a lo largo del camino, aunque conviene llevar agua por si acaso. Por supuesto, como en toda ruta de este tipo hay que llevar botas de montaña (ligeras), gorra y protección solar. Hay algunas zonas de piedras sueltas y gravilla, pero no son peligrosas.
La noche anterior nos habíamos alojado en la población de Castell de Castells, a unos 20 Km. de Fleix. Dejamos el coche en un aparcamiento, a la izquierda de la carretera que conduce a Benimaurell, frente al cartel informativo del PR.
Los cerezos estaban en flor, con lo que el entorno lucía espléndido. Seguimos unos metros por la carretera, divisando Benimaurell encaramado en todo lo alto, y tomamos un camino asfaltado a la derecha, que conduce a un antiguo lavadero, junto a la Font Grossa, donde apetece refrescarse. A unos metros, encontramos ya el inicio del sendero, que sale por la derecha, empezando con los primeros tramos de escalones en bajada. A quien le apetezca puede ir contándolos, aunque no fue ese nuestro caso: preferimos fiarnos de los que lo han hecho con anterioridad y aseguran que son más de seis mil… ¡no me extrañaría! Se trata de escalones irregulares (no en plan escalera de casa), algunos rotos o muy desgastados, pero tampoco muy altos, y no tan incómodos como me imaginaba (todavía recuerdo los de la ruta del Pico Arrieiro en Madeira, ni punto de comparación para los que la conozcan). La verdad es que los llevamos bastante bien. Inmediatamente, vimos el camino que serpentea por el fondo del primer barranco al que nos encaminábamos. El paisaje era muy bonito, sobre todo estando tan verde y florido, con las abundantes lluvias caídas en la zona apenas una semana antes.
En poco más de un cuarto de hora alcanzamos un túnel en la roca (Forat de la Juvea), desde donde se contemplan unas vistas panorámicas espectaculares, con el pedregal blanco que recibe el agua de una cascada que solo cae en época de lluvias abundantes y que a esas alturas apenas había dejado algunas pequeñas lagunillas aisladas. Aún así, el lugar es impresionante, sobre todo al vislumbrar el sendero de escalones que avanza en zig-zag por ambos lados de la montaña.
Alternando zonas de bajada con otras de subida suave y también de sendero de tierra llano, llegamos al cauce seco y pedregoso del río Girona, cuyas aguas no se ven porque, al parecer, se filtran en el subsuelo. Aquí completamos la primera parte del recorrido señalada en el cartel informativo del PR (punto 1 a 2), aproximadamente 2 Km, que hicimos en unos 50 minutos, a paso reposado porque no había prisa y se agradecía parar a disfrutar del panorama y hacer fotos.
Tras cruzar las piedras blancas del cauce seco del río Girona, iniciamos la primera gran subida hasta Les Juvees D’Enmig. Los escalones trepan aquí en zig-zag, y el sol empezó a acrecentar la sensación de calor, pero no resultaba agobiante porque corría algo de aire. La verdad es que no lo llevábamos mal y menos aún cuando nos deteníamos a contemplar el paisaje, impresionante por lo agreste e idílico por lo insospechadamente verde, matizado además por flores de los más variados colores y un cielo intensamente azul.
Llegamos a unas casitas, con un pozo de agua, que sale accionando una palanca (el Pou Juvea). En este punto, el entorno parecía de otra ubicación: cielo azul, vegetación exuberante, cerezos en flor…
Poco después llegamos al punto 3 de la ruta: un pequeño núcleo de casas: Les Juvees D’Enmig. Llevábamos unas dos horas de marcha cuando nos encontramos con un cartel indicador de la ruta hacia el Barranc de l’infern, donde puede realizarse actividades de aventura y barranquismo en la época apropiada.
Acometimos la bajada por un sendero estrecho, con escalones a veces poco marcados, que nos iba dejando unas vistas espectaculares al fondo de barranco y a la Sierra Carrasca. El descenso se tornó un poquito largo porque ya teníamos ganas de comer, aunque por el camino nos encontramos con otra fuente, la Font de Reinós, sobre cuyos pilones algunos afortunados se habían sentado a disfrutar de su almuerzo. Paramos a tomar nuestros bocatas una vez terminado el descenso, en el lecho pedregoso del río Girona, entre dos inmensas moles rocosas que abren la boca del barranco del infierno. Es un lugar impresionante y muy apropiado para almorzar, con abundantes sombras y, aproximadamente, a mitad de la ruta.
Después de la comida, continuamos el camino, sabiendo que nos aguardaba una buena subida, tomando el sendero, que sale de las piedras blancas del río seco a la izquierda. Es increíble la altura que se gana en poco tiempo: los escalones trazan unas revueltas bruscas que salvan un gran desnivel rápidamente. Quizás sea la subida más exigente de toda la ruta, pero el esfuerzo queda compensado con las extraordinarias vistas del barranco, que se iba abriendo ante nuestros ojos conforme ganábamos altura, y de todo el trayecto que habíamos recorrido en bajada desde Les Juvees D’Enming. A medio camino nos encontramos con una casa en ruinas y un pozo, todavía con agua.
Otro tramo de subida y alcanzamos un nuevo núcleo de casas, llamado Juvee de Dalt, desde donde podíamos ver al fondo un nuevo barranco al que teníamos que dirigirnos, el barranco Racons (en el panel informativo figura como barranco del tuerto), y unas vistas espectaculares de toda la sierra en torno a La Vall de Laguar. La bajada es pronunciada pero no incómoda ya que junto con escalones muy empinados hay tramos bastante llanos, a modo de descansillos, que hacen el trayecto muy llevadero. A lo lejos, desde abajo, divisamos la picuda punta a la que, supuestamente, teníamos que dirigirnos a través de la serpenteante subida final, según adivinábamos por las figuras de senderistas que se distinguían como motas de colores en el horizonte rocoso. Un poco antes de iniciar esta última subida, apareció, a la izquierda, una increíble vista entre la montaña: una silueta costera, casas en una llanura y el mar.
Ante nosotros acechaba el último tramo de escalones que nos conduciría al punto más alto de la ruta, que prometía nuevas vistas espectaculares. El sol empezaba a mostrarse como el peor enemigo de la ruta, mucho más que los escalones y el cansancio acumulado durante una jornada anormalmente calurosa para primeros de abril. Como en tramos anteriores, ganamos altura rápidamente y, casi sin esperarlo, nos encontramos a nuestros pies con toda la ruta que habíamos traído desde Juvee de Dalt y el barranco de Racons, con sus serpenteantes caminos a modo de finos costurones en la montaña. Varias revueltas más arriba, llegamos a un mirador natural que nos ofreció una panorámica de lo ya recorrido por una parte y de la zona costera de Denia por la otra.
Ya solamente quedaba un pequeño tramo de subida final y, con nuevas vistas costeras, moteadas por las flores de cerezos y otros árboles, alcanzamos la población de Benimaurell, donde no nos resistimos a tomar un bien ganado refresco en un bar, convenientemente situado junto a la carretera.
Un camino en descenso entre campos de labor, cerezos y frutales, conduce hasta Fleix (también se pueden hacer estos dos últimos kilómetros por la carretera), sin que falten en todo el trayecto las preciosas vistas de la costa alicantina, con Denia y el Montgó hacia el este, y Benimaurell, que se queda encaramda en alto, con un marco de flores de cerezos, detrás de nosotros. A nuestra derecha, se adivina otro sendero en zig-zag que lleva también al barranco del infierno.
En resumen, una excursión extraordinaria. No sé si fue por el buen tiempo que tuvimos, el paisaje inusitadamente verde y salpicado de flores de frutales y plantas o el trazado de la ruta, que aún siendo sinuoso y duro no llegó ni mucho menos a hacerse agotador, lo cierto es que pasamos un día estupendo con esta ruta, que recomiendo a todos los que les gusta el senderismo (mejor en primavera y, en todo caso, evitando los días más calurosos del verano).
Gracias a ti, Lecrín. La ruta es muy agradecida, tanto por el entorno como por los colores del agua. En los alrededores hay sitios preciosos también. Creo que te gustará.
Mira qué guapos y mozalbetes estaban Deuda saldada gracias a los carretes. Una excursión chula, la costa con demasiadas edificaciones ya en aquel entonces.
Gracias por compartir Te mando 5***** y 5 abrazos.
Gracias, Salodari. El exceso de edificación es un mal casi inevitable en la costa levantina y que en muchos caso hay que obviar, pues incluso así los paisajes merecen mucho la pena; y todavía hay algún lugar que se salva. Hemos hecho tres rutas últimamente en Alicante que nos han gustado mucho. A ver si las subo en los próximos días. Un abrazo.
Madre mía Artemisa23, pues casi que la hicimos en la misma fecha, yo también la hice con mi hermana a finales de los 80 principio de los 90, ya por entonces empecé a seguirte los talones, jajajajajaja. Qué recuerdos!!!, yo también tengo fotos vintage, apenas 3 o 4 que se ven mal o regular. Quiero volver hacerla aunque me costará lo mío por la rodilla operada pero voy descansando por el camino y listo, no quiero que pase de este año porque ya me va costando hacer rutas tan altas o cierta dificultad, ya necesito rutas de imserso, jajajajajaja.
Hola, LANENA69. Sí, es una constante entre nosotras, jajaja. Acabo de ver tu etapa de Osuna, la hemos publicado casi al tiempo, jajaja. Pues si tú necesitas ya al imserso, no te quiero contar yo, jajaja.
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Edito la referencia comercial, por coincidir (sólo coincidir ¿Eh?) con una manida táctica publicitaria, mil veces vista aquí y otras tantas barrida. Aparte, si quieres extranjero ¿Por qué preguntas en un hilo de rutas por España?
Saludos. También de la escoba
Nos gustaría hacer un trekking de 4-5 días en Mayo.
Hemos hecho unos cuantos por Pirineos (Alta Ruta, Senda Camille, etc)... Esta vez igual nos gustaría más hacer algo por alguan zona "poblada", que pueblos de paso etc.. para juntar un poco gastronomía etc...
(no el Camino de Santiago, ni el del Norte ni nada)...
Alguna ruta circular de +/- 100 kms,
En Picos de Europa se puede hacer una ruta circular de 4 días por caminos bastante cómodos y durmiendo en pueblos, alrededor del Macizo Central. Pasas por 3 provincias y comunidades autónomas, por lo que vas a tener gastronomía variada. Hay que chequear el tiempo unos días antes, pues en mayo todavía pueden caer nevadas tardías. Mejor sería a finales de mayo.
Poncebos - Sotres (por Bulnes)
Sotres - Espinama (por Áliva)
Espinama - Posada de Valdeón (por Collado Remoña)
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