Llegamos a Santo Stefano como a las 14:45 y vemos que en ese preciso momento han abierto las puertas para que entren los visitantes. Como se ha aglomerado bastante gente en el exterior damos margen para que vayan pasando y entrando al recinto y mientras tanto recorremos los alrededores.

La Basílica de Santo Stefano es conocida como la de las 7 iglesias aunque en realidad hablaríamos de 7 espacios comunicados entre sí dentro del propio complejo: cuatro iglesias –la iglesia del Crucifijo, la basílica del Santo Sepulcro, la basílica de los protomártires San Vidal y San Agrícola y la iglesia de la Trinidad o del Martyrium, dos patios –el claustro y el patio de Poncio Pilatos– y un museo. El obispo Petronio, después San Petronio, realizó un viaje a Tierra Santa en el siglo V y a su regreso a Bolonia quiso replicar aquello que había visitado en Jerusalén y de ahí la variedad de recintos que se edificaron.
Vamos por partes:
1 - La iglesia del Crucifijo es la entrada a la Basilica y la primera que se visita. Se fundó en el siglo VIII y destaca por el altar elevado del siglo XVII y el crucifijo que lo corona de 1380. En las paredes hay frescos de los siglos XV y XVI y en uno de ellos se representa el martirio de San Esteban.
2 - La Basílica de los protomártires San Vidal y San Agrícola es del siglo IV y se puede contemplar aún el suelo romano original de la iglesia.
3 - La Basílica del Santo Sepulcro es una réplica del sepulcro de Jesús en Jerusalén. Tiene forma octogonal, referencia al Templo de Salomón, y está cubierta con una cúpula de doce lados. Dentro del Sepulcro propiamente estaban las reliquias de San Petronio (que fueron trasladadas a la Basílica del mismo nombre) y, debajo, se encuentra el manantial bendecido con agua del río Jordán.

4 - La iglesia de la Trinidad o del Martyrium tiene en su interior un grupo escultórico en madera del siglo XIII que representa la adoración de los Reyes Magos a tamaño real. Se considera el belén más antiguo del mundo con figuras exentas.
5 - El patio de Poncio Pilatos es una réplica del lugar en que fue condenado Jesucristo por Poncio Pilatos. Es de la primera mitad del siglo VIII.
6 - El claustro tiene dos plantas –la inferior prerrománica y la superior románica, siglo XII–. En uno de los capiteles del claustro que muestra a un hombre con la cabeza girada 180º podría haberse inspirado Dante para sus castigos en el Purgatorio de su Divina Comedia.
7 - El museo de San Esteban contiene el tesoro de la iglesia, así como cuadros, frescos, relicarios o la secuencia de las obras del edificio a lo largo de la historia.
El museo abre de 9:30 a 12:30 y de 14:30 a 19:00 y la entrada es gratuita. Más información en www.santostefanobologna.it
Sin duda esta visita ha sido la que más nos ha sorprendido porque en un mismo sitio se reúnen varios estilos y múltiples expresiones artísticas de arquitectura, pintura y escultura. Como cada recinto tiene su propia idiosincrasia es como si uno visitara una cosa diferente pasando de puerta en puerta. Si tuviera que destacar alguna cosa ésta sería la Basílica del Santo Sepulcro porque su iluminación en penumbra y contemplando lo que significa te hace volar mentalmente a otras tierras y otros tiempos. Puestos a ver iglesias en Bolonia, ésta no debe saltarse.
La visita de Santo Stefano nos lleva más tiempo de lo que llevaba calculado y empieza a sobrevolar la sensación de que ya vamos escasos de tiempo para poder abarcar lo que resta de itinerario. A ello hay que sumarle que esta mañana he vuelto a consultar si aún seguía programada la huelga del personal de tierra en el aeropuerto de Bolonia y la misma persiste por lo que, para curarnos en salud, deberíamos ir para allá quizá incluso antes de lo previsto para no llevarnos alguna sorpresa. Como si hubiera acudido al Oráculo de la Sibilla… Pero dejemos eso para más adelante….
Continuamos camino hasta la Plaza Cavour donde se encuentra la estatua en homenaje al cantante italiano Lucio Dalla, nacido aquí en Bolonia y al que podemos recordar, por ejemplo, por el tema “Caruso”, que popularizó el también grande, en todos los sentidos, Luciano Pavarotti. Precisamente en la escultura, junto a un clarinete, hay un cuaderno-partitura con parte de la letra de dicha canción. Me siento en el banco junto a la estatua, tiro de youtube, pongo la canción y cierro los ojos. “Essere al settimo cielo”, que se dice por aquí. Otro de esos momentos que se lleva uno de este viaje….

Continuamos camino y en algunos escaparates se muestra lo que es otro emblema de esta ciudad, la mortadela.
La mortadella es un embutido elaborado, en su mayoría, con carne de cerdo finamente picada (cerca de un 60 % de magro) originario de esta ciudad. Se condimenta con especias, tradicionalmente con pimienta en grano, aunque hay variantes que contienen pistacho, bayas de mirto, nuez moscada molida, coriandro, ajo, pimiento o aceitunas. Parece que el nombre deriva de la palabra latina “mortarium”, que era el mortero utilizado en la antigüedad para picar las especias y el cerdo.

Puestos a decir alguna anécdota acerca de la mortadela, cuenta la cantante Ana Belén que en un concierto le tiraron al escenario desde el público, además de flores y demás que se le suele arrojar a cualquier artista como tributo a su puesta en escena, un bocadillo de mortadela, el cual recogió y dio un mordisco a continuación.
Hablando de Ana Belén no me resisto, enlazándolo con el inicio del viaje para cerrar el círculo, a sacar a colación su tema versionado "Agapimú". Agapimú (en realidad, “agapi mou”), quiere decir “amor mío” en griego, y en este idioma estaba escrita la canción original que la italiana Mia Martini grabó en 1974 para su disco "È proprio come vivere".
En el crucero ponían mortadela en la sección de tapas y fiambre por lo que durante la semana pudimos dar buena cuenta de la misma. Mi idea es pasar por un supermercado y comprar alguna variedad local a la que volvamos a la estación para recoger las maletas y tomar un taxi hasta el aeropuerto por lo que no nos paramos.
Llegamos al siguiente punto de interés, la Plaza Galvani.
Piazza Galvani está ubicada frente al pórtico que conduce al Palazzo dell'Archiginnasio, del que hablaremos luego. En el centro de la plaza hay una estatua de mármol que representa a Luigi Galvani, un famoso científico boloñés conocido principalmente por haber fundado la ingeniería electroquímica que estudia las baterías eléctricas además de descubrir el impulso nervioso. Célebre es su experimento por el que, aplicando una pequeña corriente eléctrica a la médula espinal de una rana muerta, se producían grandes contracciones musculares en los miembros de la misma.

La plaza es coqueta y animada y, además, es el punto de entrada al siguiente punto de interés, el Archiginnasio de Bolonia.
El Palazzo dell’Archiginnasio, del siglo XV, fue en tiempos la sede principal de la Universidad de Bolonia, la más antigua de Europa. Actualmente es sede de la Biblioteca Comunal. Atravesando el pórtico se llega a un claustro y en sus muros se encuentran los siete mil escudos de armas e inscripciones talladas en piedra que prueban el paso de sus alumnos por la institución. En el nivel superior están las salas de estudio, las aulas magnas y el Teatro Anatómico. El horario es de 10:00 a 18:00. El claustro y escaleras es de libre acceso pero la parte superior es de pago. Más información en www.archiginnasio.it/lang/en.

El recinto es un auténtico “horror vacui”: hay multitud de escudos adornando muros y techos y el conjunto es de una gran elegancia. Se podría uno pasar aquí minutos y minutos identificando nombres y procedencias pero vemos lo esencial y proseguimos camino.
Llegados a este punto nos paramos a analizar la situación. Aún nos quedaría pasarnos por la Iglesia de San Domenico y hacer compras pero se nos ha echado el tiempo encima, teniendo en cuenta que la vuelta a la estación nos va a llevar una media hora más. Entre que ya estamos cansados de caminar todo el día con la mochila a cuestas y que no nos interesa demorar nuestra llegada al aeropuerto por lo que pudiera pasar por el tema de la huelga, decidimos por unanimidad finalizar nuestra visita a la ciudad y regresar. Se queda por tanto en el tintero San Domenico para una futura e indeterminada vuelta a la capital Emiliana pero daré unas pinceladas de lo que nos podemos encontrar allí.
La Basílica de San Domenico fue fundada por los frailes dominicos para albergar los restos de San Domenico de Guzmán, fundador de la orden y quien llegó a Bolonia alrededor del año 1200. Destaca en su interior el arca de San Domenico, con esculturas de Miguel Ángel Buonarroti, Nicola Pisano y Alfonso Lombardi y el coro renacentista de madera, obra de Fra’ Damiano da Bergamo. Fue considerado por sus contemporáneos como la octava maravilla del mundo. Su horario es de 8:30-12:00 y de 15:30-18:00 y la entrada es gratuita.
Por tanto finalizamos el recorrido turístico y volvemos sobre nuestros pasos. Lo que sucedió a continuación será objeto de detalle en la siguiente y electrizante etapa.