Emprendemos camino de nuevo. Hoy tenemos un objetivo: conocer a un camionero. Carl nos dijo que los camiones en Canadá (como los de EEUU) son enormes y recorren grandísimas distancias. Nos dijo también que los camioneros acostumbran a dormir en los vehículos, que muchas veces son suyos, y que van solos o acompañados de sus perros. Ah, y lo mejor, que son "muy solteros".
Con la curiosidad de que sea eso de "muy solteros" (y no solteros a secas) y con la promesa de que nos dejarían ver la parte de atrás del camión si se lo pedimos (y no especifica para qué), paramos en un área de servicio.
Después de beberme un batido de chocolate, vamos al aparcamiento, donde había varios de esos enormes camiones.

Hicimos una foto y ... allí venía... el camionero "muy soltero" (era tan joven que por poco tenía carnet). Nadie se atrevió a pedirle que nos enseñara nada.
Poco después vino otro, con más pinta de motero de Harley Davidson... Tampoco. Nos estábamos quedando sin opciones. Hasta que llegó un tercero. Y el señor amablemente abrió la puerta delantera para enseñarnos un volante y demás que brillaba más que el oro. Limpísimo lo llevaba el hombre. Se lo dijimos y se quedó todo orgulloso. Nadie quiso pedirle que nos mostrara su rincón para dormir.
El Parque Nacional la Mauricie está situado en las montañas Laurentides, en la provincia de Quebec. El parque contiene 150 lagos y numerosos estanques. ¿A que hice bien en mencionar el agua en el título del diario?.
La vida silvestre en el parque incluye alces, osos negros, castores y nutrias y también un pequeño número de tortugas de madera. La tortuga de madera es aquélla que no pudimos ver en St. Felicien. El galápago de bosque (Glyptemys insculpta) o tortuga de madera es una especie de tortuga de la familia Emydidae endémica de Norteamérica. Pasa gran parte de su tiempo en las inmediaciones del agua, y prefiere los arroyos claros con fondos arenosos y poco profundos. Como indica su nombre también se puede encontrar a este galápago en los bosques aunque raramente se aleja mucho del agua (por eso le viene bien vivir en Canadá, con tantos ríos y lagos).
El parque está muy próximo a la ciudad de Trois-Rivières y a medio camino entre Quebec y Montreal.
Nos alojamos en el Hotel Lac a l’Eau Claire, al que llegamos muy temprano (dicen que para poder aprovechar las actividades que nos incluyen). El hotel consta de un edificio principal, varios pabellones (nosotros estamos en uno) y varias casitas. Está en el término municipal de Saint-Alexis-des-Monts aunque al final de una carretera (de hecho, el propietario del resort tuvo que ampliar él mismo la carretera para llegar a su complejo hotelero). De hecho, está a 12 km de Saint-Alexis, entre el Lago de Eau Claire y el lago Bienvenue (más pequeño, junto a los pabellones 1 y 2).

Ofrece alquiler de kayaks, pedales y canoas (para nosotros, gratis) y hay caminos para practicar senderismo. Se puede ir en bicicleta pero las de los hombres no tienen frenos (se frena echando el pedal hacia atrás) y no permiten ir por los senderos.
Para hacer alguna de las actividades que requieran un aparato tienes que ir al pabellón dedicado a ello, dar el número de habitación y te dan un chaleco salvavidas y lo que necesites (un remo, las llaves de los pedales...). Nos subimos en unos pedales pero el viento era fuerte y era imposible dar la vuelta a la isla; te llevaba hacia donde quería. Javi subió luego en el kayak.

Hay, como dije, una red de senderos. Nosotros hicimos el amarillo que lleva a unas cascadas (una hora ida y vuelta). No vimos más animales que alguna ardilla y unas ranitas enanas. Eso sí, nos acribillaron los mosquitos.


El centro de bienestar del complejo incluye un gimnasio, un baño turco y una gran piscina cubierta. Está en otro pabellón y no hace falta llevarse toalla (se cogen allí, como en todos los otros hoteles).

También hay una playa en el Lago de Eau Claire.
Antes de hacer las actividades nos dijeron que pasáramos a comer. El hotel no permite que lleves comida y la consumas al borde del lago porque dicen que atrae a animales. Así que nos quedamos a comer en el restaurante. Ya empezamos mal cuando nos juntaron a todos en las mismas mesas (aunque era comida libre y cada uno se pagaba lo suyo). Luego se saltaron la carta del restaurante y nos trajeron un menú ya montado, no barato, en que había un primero (que solo algunos cogieron): sopa de brócoli. Los segundos platos eran tres a elegir: pizza de trucha ahumada (bastante pequeña), penne a la carbonara o a la bolognesa (que nosotros cogimos aunque resultaron ser espaguettis) y panini con jamón, queso y cebolla caramelizada (al final era un bocadillo caliente). Cogimos los dos últimos segundos para compartir y era bueno aunque no lo prometido. Sí cogimos el postre, pastel de arándanos.

Para las cenas ya nos lo incluía. Nos dieron una crema de espárragos de primero. De segundo se podía escoger trucha en hojaldre, pierna de conejo (que resultó ser muslo de pato ¿?) o raviolis de calabaza con salsa pesto y verduras salteadas (que es lo que yo cogí... muy buenos). De postre había un baba al ron con fresas.
He nombrado dos veces la trucha. Y eso es porque en esos lagos es muy abundante. De hecho el hotel ofrece paquetes de pesca y tiene una sala de eviscerización (para limpiar el pescado).

A la mañana siguiente, el desayuno era estilo buffet (con un smoothie de plátano, coco y avena muy bueno).
Los primeros pobladores de la zona de Saint Alexis des Mont eran originarios de Saint-Paulin y establecieron la comunidad a orillas del río Du Loup, al noroeste de Saint-Paulin, alrededor de 1865. El 30 de octubre de ese año, Alexis Lefebvre Boulanger (1812-1885), pionero y agricultor, donó el terreno en el que se construyó la capilla del pueblo en 1867 y la iglesia en 1884. Saint-Alexis lleva su nombre. Hay más de 600 lagos, 400 con nombre y otros 200 lagos menores sin nombre.
La población está a orillas del Lago Saint Alexis, donde también vemos (desde el bus) la Iglesia presbiteriana del mismo nombre. En el interior del agua hay una figurita de su símbolo, una trucha.